Para mi nieta en su confirmación


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Difícil tarea para una abuela teóloga escribirle a una nieta con motivo de su confirmación. Y hacerlo a voz en cuello, desde un blog, y no al oído, en un correo que solo tú puedas leer. Si lo hago es para compartir estas líneas sobre el sacramento de la confirmación con otras nietas y otros nietos de otras abuelas y otros abuelos.

Te escribo con profunda y sincera emoción, y las palabras se me atropellan en el deseo de decirte todo lo que te quiero decir:que estoy segura de la seriedad con que tomas la decisión de prepararte para celebrar y vivir el sacramento de la confirmación: que no lo haces porque sí o porque todo el mundo lo hace sino porque eres consciente del paso que quieres dar y te atreves a darlo.

Pero también que tu abuela teóloga se siente muy feliz de poder decirte una palabra en esta etapa del camino de la fe que comenzó cuando tus papás quisieron bautizarte en la fe que  ellos recibieron de sus familias.Decidieron que tú fueras admitida en la familia de los hijos de Dios: en la Iglesia. Ellos, que te habían dado la vida, quisieron que también tuvieras la vida de Dios. Y como eras muy chiquita, ellos pidieron la fe para ti y adquirieron el compromiso de educarte en la fe.

El padre que te bautizó, como representante de la comunidad, pidió a tus papás y padrinos que en nombre tuyo expresaran su fe en Dios Padre, en Jesucristo y en el Espíritu Santo, y que renunciaran al mal. Después derramó agua sobre tu cabeza y te consagró a Cristo, poniendo el óleo en tu frente. Y entregó a tus padrinos la luz que simboliza la fe. La luz que es Cristo. La luz que tú debes irradiar al mundo.

A lo mejor te has preguntado: ¿para qué sirve el bautismo? Por el bautismo naciste a la vida de Dios. Fuiste consagrada al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. El agua sobre tu cabeza significa la vida de Dios y el nuevo nacimiento en el Espíritu Santo, es decir, en el amor de Dios, para vivir de una manera nueva y diferente, siendo capaz de servir a las demás personas y de respetarles, de actuar en la verdad y la justicia, de ser solidaria acercándote a quien te necesita y sintiendo como propio el dolor ajeno.

La otra pregunta que a lo mejor te has hecho es ¿por qué me bautizaron? Tu bautismo, que no fue decisión tuya, es una invitación de Dios a su amistad. Una invitación a través de circunstancias históricas, a través de tu familia, a través de diversos acontecimientos de tu historia personal. Y espera una respuesta tuya.

Esa respuesta a la invitación de Dios la has venido dando a lo largo de estos años y vas a darla en forma personal en la celebración de la confirmación, cuando comienzas a caminar por cuenta propia en el camino de la fe: reconociéndote hija del Padre y hermana de todos los seres humanos, experimentando la unión con Jesús –que es unión con tus hermanos y con Dios– y descubriendo la acción del Espíritu Santo en tu vida.

La confirmación es el sacramento de la responsabilidad de bautizados y bautizadas en la vida de la Iglesia y la celebración es el reconocimiento que la Iglesia da a su decisión de participar activamente en la misión que Cristo le confió. Por eso el obispo, que es quien preside esta ceremonia como representante de la Iglesia y cuando no puede asistir envía a un sacerdote como delegado suyo, va a imponer las manos sobre tu cabeza y te va a consagrar con la unción del óleo, gestos, ambos, que significan “enviar para realizar una misión”. Y esa misión que la Iglesia te confía y para la cual te envía es anunciar el evangelio, la buena noticia del amor de Dios en el mundo.

Déjame decirte que la imposición de manos y la unción significan que vas a recibir la fuerza del Espíritu Santo para que puedas anunciar el evangelio con tu vida, y que la Iglesia te toma en cuenta de una nueva manera, confiándote una responsabilidad que quieres asumir conscientemente. Los apóstoles empleaban este gesto de imposición de manos cuando enviaban a sus colaboradores. Y en el Antiguo Testamento también se utilizaba el mismo signo para consagrar a un individuo para una misión, porque significa la comunicación de la fuerza del Espíritu. Los reyes por ejemplo, eran ungidos: se derramaba aceite sobre sus cabezas y quedaban llenos del Espíritu Santo.

Déjame decirte, también, que por la confirmación el Espíritu de Dios que recibiste en el bautismo viene sobre ti como vino sobre los apóstoles y María el día de Pentecostés. Y que así como por esta comunicación del Espíritu la primera comunidad cristiana quedó transformada y se puso en movimiento para anunciar el evangelio, tú también vas a poder hacerlo. La celebración de la confirmación es el Pentecostés de cada cristiano. Tu propio Pentecostés, por el que vas a ser capaz de ser testigo del amor de Dios con tu comprensión, con tu generosidad, con tu capacidad de servicio, con tu preocupación por las demás personas, con tu honestidad.

¿Se me olvidan los dones del Espíritu Santo? Son siete: inteligencia, sabiduría, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Pero también tu temperamento artístico, tu vocación de servicio, tu poder de convicción, tu facilidad para las matemáticas, tu habilidad manual, los recursos que te permiten seguir una carrera universitaria y hacerte profesional son dones que has recibido de la vida y que los cristianos interpretamos como un regalo de Dios, como dones del Espíritu Santo y reciben el nombre de carismas.

Y no son exclusivamente para provecho personal sino para poder servir a las demás personas, que también lo vas a proclamar en la celebración de la confirmación: que quieres servir a las personas con los dones que Dios te ha dado.

Finalmente déjame resumir que por el sacramento de la confirmación bautizadas y bautizados asumimos y ejercemos nuestra responsabilidad de creyentes, responsabilidad que consiste en comprometernos a ser testigos del amor de Dios con nuestra comprensión, con nuestra honestidad, con nuestra capacidad de servicio, con nuestra solidaridad expresada en nuestra preocupación por quienes nos necesitan, con el respeto por cada persona que pasa a nuestro lado, con el trato justo y la actitud tolerante hacia los y las demás.

Al fin y al cabo, en eso consiste nuestra opción de creyentes. En vivir en el amor, el respeto, la solidaridad, la justicia, la verdad. Es lo que tus papás te han enseñado y que será la carta de navegación para tu vida.

Confío en que tu vida podrá responder a esta opción, y que la entregarás a manos llenas en el servicio a tu familia actual y futura, a tu país, a quienes te busquen en el ejercicio de tu profesión, a los que esperan tu amistad y tu solidaridad.

Quiero que sepas todo lo que te quiere tu abuela. Que admiro tu responsabilidad. Que siempre apoyaré tus decisiones inteligentemente pensadas y valientemente asumidas. Que sé que eres una persona maravillosa y lograrás llegar muy lejos.

Y quiero que sepas que diariamente pido a Dios bendiciones para ti y para que contando con su amor puedas convertir en realidad el futuro que estás comenzando a construir.

Son mis deseos para el futuro que comienzas a escribir–o, mejor, a dibujar– en las muchas páginas que permanecen todavía en blanco y que vas a llenar con el amor que vas a dar y a recibir, el servicio que podrás prestar a las demás personas, los triunfos que vas a cosechar y los sinsabores que quisiera poderte evitar pero que son parte de la vida.

Siento emoción, hoy, cuando más que todos los días le pido a Dios que te lleve de su mano y te inspire a hacer el bien a las personas con las que vas a encontrarte por la vida. Rezo y rezaré todos los días para que la vida te sonría y tú puedas sonreír a tu familia, a las amigas y los amigos, a quienes son y van a acompañarte en el camino de la vida.

Te quiere mucho, tu abuela teóloga.