Isabel Corpas, teóloga
Doctora en teología

Tiene la palabra mi nieto periodista


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Una frase desatinada y destemplada pero, lamentablemente, muy diciente fue noticia esta semana en Colombia. Una frase que no podía pasar desapercibida a una mirada de mujer.

La frase en cuestión se le soltó al concejal de Santa Rosa de Cabal, Ramón Cardona, y, según él mismo aclaró, se trata de un dicho popular que yo nunca había oído. Un vergonzoso dicho popular.
Como es vergonzosa la frase del concejal Cardona: “las leyes, como las mujeres, son para violarlas”.

Expresa el sentir de una sociedad dividida entre un sexo fuerte y uno mal llamado “sexo débil”; entre dominadores y mujeres dominadas, sumisas, sometidas a la voluntad de quienes creen que pueden ejercer sobre ellas su poder de machos; entre los que asumen que nacieron para ser servidos y las que consideran que su destino –porque así las educaron– es servirles a ellos, atenderlos, cuidarlos.

Entre chiste y chanza, la frase expresa el sentir y el hacer de una sociedad injusta y violenta además de inmoral.

Por aquí iba cuando encontré que mi nieto periodista Fernando Posada Ángel, 25, comentaba la frase en su blog semanal de eltiempo.com y quiero cederle la palabra porque denuncia, mejor que yo, la indignación frente a la violencia, la intolerancia o las injusticias que “de pensamiento, palabra, obra y omisión”, como confesamos en el “Yo pecador”, patrocina nuestra cultura machista.

Mi nieto escribió así en su blog: “Horroriza profundamente que en estos tiempos asuntos como el abuso sexual sigan siendo utilizados como objeto de burla”. Hace notar que muchos “refranes y dichos populares colombianos –yo corrijo con mucho respeto: de este y de todos los países– reproducen y fomentan formas de violencia” y que “a través de sencillas frases repetidas a lo largo de generaciones, algunos de los más escandalosos patrones de intolerancia han logrado mantenerse dentro de la mentalidad colombiana”.

Y vuelvo a corregir con mucho respeto: de aquí y de cualquier otra parte. Además de referirse a dichos y refranes propios de la cultura machista, se refiere a los que fortalecen otras anomalías sociales como son el clasismo y el racismo, con sus consecuencias de rechazo y segregación.

Concluye mi nieto su blog con una invitación que yo hago mía: “La derogación de los malos hábitos del lenguaje, que ha interiorizado actos de violencia a través de la tradición oral, será un paso fundamental para la formación de una sociedad incluyente. Que el inaceptable episodio del concejal Cardona sea la ocasión para que cada colombiano –agrego: y cada colombiana– revise los discursos de odio que de manera inconsciente son repetidos a diario”.

Estimula saber, en medio del pesimismo en que nos hundimos, que hay una nueva generación que cuestiona las prácticas inveteradas de una sociedad injusta porque cree y quiere una sociedad tolerante, construida en justicia y equidad. Una generación capaz de respetar las leyes y respetar a las demás personas. ¡Gracias, Fernando, por pensar como piensas y por expresarlo en tu blog!