¿Hay motivos para expresar la fidelidad al papa Francisco en los tiempos que corren?


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El despechado

El fuego amigo no es una novedad ni en los pasillos de la Curia Romana ni en tantas otras instituciones eclesiales o seculares. Aplicado al papa Francisco tampoco parece ser el fruto de una concatenación de casualidades en las últimas semanas, tras pasar el ‘ferragosto’ romano. En este sentido, las últimas noticias sobre el “testimonio” a modo de testamento en vida del jubilado Viganò lejos de estar vistas para sentencia –como animaba al Papa al invitar a que cada uno sacase sus propias consecuencias– siguen animando a odiadores y opinadores más o menos avezados.

Por eso se hace pertinente volver sobre esta historia de cuervos y cloacas que el columnista de The New York Times Ross Douthat ha llegado a llamar “guerra civil católica”. Un panfleto adornado por una serie de hechos verídicos que ha generado algunos movimientos en algunos episcopados del mundo mostrando un gesto de adhesión y fidelidad al papa Francisco. Gesto que contrasta con el de quienes, desde la militancia más ortodoxa y tradicional ensalzan la valentía de denuncia del exnuncio que a todas luces reúne los requisitos de cualquier “carrerista” de manual –incluso con herencias millonarias de por medio–.

Cuando a Paolo Sorrentino le encargaron que hiciera una serie sobre el Padre Pío –personaje icónico entre los cineastas italianos– y él prefirió hacer con ‘The Young Pope’, un drama sobre las intrigas curiales, nunca podría imaginarse hasta donde llegaría la realidad en casos como el de Carlo Maria Viganò y todas las voces que desde un tipo de prensa o desde determinados sectores eclesiales. Quizá por eso la serie también afronta de pasada el papel de una visión más tradicionalista de presentar la fe católica.

El encuentro

Hace una semana, además de la publicación del citado panfleto, también terminaba la visita del papa Francisco a Irlanda. Este domingo, en su homilía en la procatedral de Dublín, el arzobispo Diarmuid Martin, hizo repaso de lo que el Encuentro Mundial de las Familias (EMF) y la visita papal han dejado. El señaló que espera que la presencia de Francisco “sea una oportunidad para la Iglesia en Irlanda sea más auténticamente la Iglesia de Jesús en una cultura que es diferente”. Eso sí, siendo conscientes de las responsabilidades de los propios católicos irlandeses.

Y siguiendo el evangelio del día (Mc 7,1-23) sobre la hipocresía de los fariseos y escribas más preocupados por los rituales externos de purificación que por la pureza de corazón, el arzobispo Martin señalaba que el mensaje de “Jesús no es siempre fácil de entender” y por eso algunas personas usan la religión “en función de su agenda personal”. Esto se traduce en determinadas “formas de cristianismo” como el “fundamentalismo que usa ideas religiosas para defender una agenda personas que está muy lejos de la auténtica visión cristiana”.

Más allá de arrojar balones fueras y ejemplificar con casos como el de Viganò, el primado irlandés encontraba en el evangelio del día el “desafío” para la Iglesia en Irlanda: “discernir dónde están los elementos esenciales de la vida cristianas y cómo nuestras instituciones, en su día a día, dan testimonio de lo esencial”. Tanto es así, que el prelado invitó a cada parroquia a reflexionar sobre los retos y compartir las propuestas en torno a la fiesta de san Lorenzo O’Toolle (14 de noviembre), patrono de la diócesis.

Y un toque de esperanza. El arzobispo se queda con un momento del EMF, el encuentro del papa con parejas jóvenes que están a punto de casarse. “Fue una señal única de futuro de fe, de bondad y de amor”, una expresión única de “la Iglesia del futuro” en un país que busca reconciliarse con la tradición cristiana del pasado.

Las víctimas

En el trasfondo del “testimonio” y del EMF han estado las víctimas de los abusos. Es esclarecedor como se van manifestando frente a la instrumentalización de Viganò y los medios religiosos hipercríticos con Bergoglio. Como cuando el chileno Juan Carlos Cruz que escribía en sus redes sociales que “personas como Viganò se aprovechan para meter su agenda retrógrada y dañar al Papa”.

Volviendo a Irlanda, este sábado The Irish Times ha relatado el encuentro de Francisco con un grupo de víctimas en Dublín. Una cita organizada de forma discreta y rápida, a la que el papa acudió solo con un sacerdote gibraltareño como traductor, sin medidas extremas de seguridad ni nadie que revisase los móviles de los asistentes. Con las sillas en círculo y el Papa sentado como uno más. Una de las víctimas esperaba encontrar un centenar de víctimas y una bendición rápida de Francisco y otro –por si acaso– se había preparado un cronometrado discurso de apenas un minuto. Sin embargo, estuvieron hora y media y todos pudieron hablar. De los bebés arrebatados a madres solteras y cuidados en instituciones católicas –algo sobre lo que el Papa tomó buena nota como se pudo constatar en el acto penitencial de la misa final–; del abuso físico vivido y del abuso de poder al impedírseles hacer justicia… algo que Francisco describió con la imagen de Jesús llamando a la Iglesia desde dentro, “para salir de esta Iglesia que está llena de corrupción e inmundicia”.

Hasta los mas críticos entre los asistentes a la “tensa pero civilizada reunión” –dos de ellos habían pedido abiertamente en las semanas previas que el Papa no visitase Irlanda y uno de ellos ha escrito el libro ‘La Iglesia en Irlanda debe morir’–, constataron que encontraron en Francisco una persona cansada pero con una gran fortaleza. “Tiene una relación profunda con Jesús de Nazaret. Si no, no tiene sentido”, afirma el sacerdote y víctima de abusos sexuales cuando era niño Joe McDonald.

El encuentro terminó con una oración del Papa, algunos se acercaron a él para que bendijese algunos rosarios. “Me sorprendió su compromiso, su interés enérgico y sostenido, su evidente deseo de entender lo que había pasado, su reiterada búsqueda de aclaraciones... [Nota: sobre matices muy locales, como las lavanderías Magdalena y otras instituciones] Encontré en el papa Francisco un hombre que conoce a Jesús”, concluyó McDonald.

¿De quién fiarse, de Viganò o de las víctimas?