Fernando Vidal, sociólogo, bloguero A su imagen
Instituto de la Familia de la Universidad Pontificia de Comillas

El Via Crucis, de David Mach


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El cuarto centenario de la King James Bible fue celebrado en Escocia con la celebración de una exposición concebida por el escultor David Mach y que recibió el nombre de ‘Precious Light’. Mediante 70 obras el artista hace una relectura de algunos de los principales pasajes bíblicos. La crucifixión es uno de ellos. Mach hace una singular plasmación del momento. Lleva a imagen el conjunto del Via Crucis o Camino de la Cruz, es decir, la secuencia que va desde la condena de Cristo (1ª) y la carga de la cruz (2ª) hasta que es sepultado (14ª).

Una reforma de Juan Pablo II estableció diferentes contenidos para las estaciones y las extendió a 15. El Via Crucis consta, por tanto de 15 estaciones, donde las imágenes son presentadas bajo la insignia de una cruz. La composición de Mach presenta quince grandes cruces también, pero la representación está muy alejada de las visiones tradicionales. En primer lugar, porque presenta todas las acciones o estaciones juntas y componiendo una única escena. Segundo, porque el uso impropio que se hace de la señal de la cruz forma parte de las penalidades.

Via Crucis David Mach

El escenario es la Catedral de San Pablo en Londres. En el cielo azul sobrevuelan varias palomas blancas resplandecientes, símbolos de la paz y el Espíritu Santo, mientras otras muchas están siendo liberadas para que emprendan vuelo. En la explanada hay una concentración de cientos de personas que participan en un masivo acto religioso. En primer plano y atrayendo la mirada de todos hay dos escenas rituales. La que está a la izquierda (del espectador) es la tomatina que se celebra en Buñol (región de Valencia, España), donde toneladas de tomates se arrojan entre los participantes y se forman ríos de tomate licuado. Es una fiesta criticada por muchos por el despilfarro de comida con un fin puramente lúdico bastante banal. Al lado de ese espacio de tomatina hay otra escena formalmente similar: es la celebración hindú de primavera. En ambas masas líquidas de color se hunden cruces y retozan personas.

Alrededor de esa doble mancha de color roja-naranja –sublimación de la sangre– están todas las cruces. Comenzando por la izquierda (del espectador) nos encontramos una cadena de cruces. La primera cruz se corresponde con la estación en la que Cristo carga con su cruz. Es un sujeto embarrado y de cuerpo castigado al que no se le ve el rostro. Está a punto de entrar en la zona de tomatina donde unos sujetos caídos recuerdan la primera estación de caída.

Mach no refleja literalmente la secuencia de estaciones pero nos encontramos referencias a ellas. Sobre un zócalo alzan una cruz a la que se abraza una mujer. En primer plano, un tejano enseña una cruz con una tradicional figura de Cristo en una mano y en la otra mano una muñeca clavada en otra cruz más ancha, bajo la cual hay un cartel antiabortista. La expresión del tejano puede estar representando para el artista el fanatismo o quizás el paroxismo. Es posible que Mach crea ver en este tipo de creyentes un perfil similar al de quienes condenaron al propio Cristo dentro del judaísmo oficial.

“El Via Crucis tuvo una dimensión de fiesta”

En la mancha de la fiesta primaveral hindú hay varias cruces caídas, que de nuevo pueden acercarse a figurar las caídas de la cruz. A su lado, un hombre –quizás Simón de Cirene– carga con una cruz. Más atrás, otros se montan encima de una gran cruz blanca mientras otros tratan de descargarle el peso a quien la lleva. De una cruz desnuda cuelga una cuerda con la que van a levantar el cuerpo de Cristo al crucero para su ejecución. A la derecha del collage tres cruces en lo alto tienen tres cristos: pueden representar las tres cruces del Gólgota. Bajo esas tres cruces del Gólgota varias mujeres ríen.

Sobre el conjunto de la concentración vuelan confetis, lobos y papeles de colores como si se tratara de una fiesta. Hay expresiones de fanatismo y otras de éxtasis lúdico, algunos participantes parecen manifestantes políticos y otros sufrientes como quien abraza la cruz de las cuerdas. En su conjunto es un ambiente febril casi dionisíaco. Parece expresar que el Via Crucis tuvo una dimensión de fiesta y escarnio para muchos –quizás para los más que presenciaron ese calvario–.

En la composición no hay movimiento armónico sino que es estéticamente confuso y desagradable, una narrativa de la confusión, satírico y rozando el paroxismo y el patetismo. Es un Via Crucis en el que el escarnio tiene un papel principal, pero también el propio abuso de la cruz como signo forma parte del abuso contra la memoria de aquel Cristo. Es un collage incómodo, repleto de personajes como es característico de Mach. La muerte de Cristo es contemplada como un momento de máximo dolor, sacrificio o una injusticia, pero sobre todo Mach piensa que lamentablemente fue una brutal fiesta de ejecución pública impulsada por gente religiosa tan judía como Jesús.