Raquel Lara, secretaria de la JOC
Secretaria de la JOC

El grito de los pobres es el grito de la Madre Tierra


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Bajo el título ‘Salvar nuestra casa común y el futuro de la vida sobre la tierra’, ha tenido lugar la Conferencia Internacional para celebrar el tercer aniversario de la encíclica ‘Laudato Si’’, en la Ciudad del Vaticano los días 5 y 6 de julio. Nuestra compañera María Isabel Herrera, presidenta de La JOC de España, ha participado en este encuentro mundial en representación de la CIJOC (Coordinadora Internacional de la JOC) junto con otros muchos movimientos populares, grupos tanto de la sociedad civil como de Iglesia; políticos, científicos, economistas, así como representantes de pueblos indígenas que han mostrado la realidad más cruda que sufre el planeta Tierra.

Es una alegría y un signo de esperanza que, desde el Vaticano, se abran estos espacios donde personas de diferentes parte del mundo, conscientes del sufriendo y las consecuencias del deterioro de nuestro planeta nos sintamos una única familia que caminamos con un mismo objetivo; sensibilizar y ponernos en acción para cuidar el tesoro que Dios Padre-Madre nos ha entregado para desarrollar la vida con dignidad.

Las palabras proféticas del papa Francisco continúan resonando en nuestros oídos: “¿Qué tipo de mundo deseamos transmitir a aquellos que vendrán después de nosotros, a los niños que están creciendo?” (Laudato si’ n. 160).

Ver-Juzgar-Actuar

Esta conferencia ha sido promovida por el cardenal Turkson desde el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral en su preocupación por el estado en que se encuentra nuestra casa común. El encuentro se ha estado desarrollado según el método ‘Ver-Juzgar-Actuar’, en la misma línea con la que se enfocó la encíclica “Laudato sí”. El diálogo ha estado marcado por “el grito de la tierra y el grito de los pobres”, víctimas inocentes de un sistema capitalista patriarcal que excluye y mata, víctima de una cultura que descarta, deshumaniza y crea mucho sufrimiento.

El acto de inauguración comenzó con una oración dinamizada por niños quienes a través de una frase cantada: “mente, corazón y manos”, iban situando e introduciendo a los asistentes en la dinámica de la conferencia. Las y los niños, con su alegría, pusieron rostro a las generaciones venideras conmoviendo a los allí presentes, pues: “está en nuestras manos el futuro de nuestras vidas, pero mucho más responsables somos de la herencia que dejamos tras nuestro paso por la Tierra”.

“¿Dónde estamos?”

Analizando la crisis medioambiental así como la degradación ecológica que está afectando a las personas más empobrecidas, te conmueve el escuchar y descubrir situaciones de injusticia tan lejanas a nuestra rutina diaria, a la misma vez que interpela lo cercanas que son si caemos en la cuenta de las causas que las provocan. Sin duda, contemplar cómo el ser humano se está autodestruyendo es algo que para las mentes y los corazones de muchas personas no tiene lógica ni comprensión alguna.

“¿A dónde deseamos ir?”

Dialogando y discerniendo sobre cómo abordar la crisis de nuestra casa común, con quién y cómo podemos afrontar nuestra vida, soluciones prácticas y transformaciones que requieren primero cambiar nuestro corazón y hacer más presente la Madre Tierra en la salvación de Jesús… ¡Se nos abrieron los ojos!

Descubrir que no somos el centro del universo, que no podemos vivir en esta casa común con sentido de propiedad, primando el beneficio de unos pocos a costa del sufrimiento y miseria de la mayoría del planeta. Nos sentimos llamados a tratar la naturaleza como un sacramento, como un don que se nos ha entregado, un regalo puesto en nuestras manos para ser cuidado. Esto requiere por nuestra parte una capacidad de mirar al otro, de cuestionarnos qué estamos haciendo en el trozo de mundo que nos ha tocado vivir, plantearnos qué hábitos y estilo de vida tenemos y a costa de qué y quienes mantenemos nuestro nivel de bienestar y consumo.

“¿Cómo inspirar un movimiento masivo para el cuidado de nuestra casa común?”

Es urgente tomar conciencia de la necesidad de “civilizar” al hombre y a la mujer en su relación con la naturaleza y los animales; que cada persona está llamada a transparentar a Dios en el mundo, la necesidad de caminar hacia una mística de ojos abiertos para discernir la llamada de Dios a ser responsables de la casa común.

Como Iglesia, tenemos una responsabilidad, una llamada urgente a la que como cristianos en el mundo debemos de dar respuesta radical. La Madre Tierra está enferma y necesita de cristianos y cristianas sin miedo a interpelar a quienes ostentan el poder y provocan sufrimiento al ser humano y al planeta. Y sobre todo, a ser agentes transformadores, personas que generan un estilo de vida alternativo desde una mirada colectiva y sostenible.

Podemos convertir la Tierra en un desierto

El papa Francisco quiso formar parte de las reflexiones junto a las personas que participaban en el encuentro compartiendo con todos unas palabras llenas de esperanza que invitaban a ser personas protagonistas en el compromiso por nuestra casa común. “Cada persona es un ser sagrado, con capacidad de intervenir y de revertir este proceso de muerte hacia un horizonte de convivencia, respeto y cuidado de todos los seres que habitamos la Madre Tierra”. Todo un gesto fraternal para acoger, valorar y reforzar los deseos, esperanzas, oraciones y compromisos compartidos durante toda la conferencia.

Además, Francisco instó a los gobiernos de todo el mundo a cumplir sus compromisos para frenar el cambio climático, pues de continuar “el creciente consumismo” podemos “convertir la Tierra en un desierto, en una enorme pila de escombros y basura” y frente a ello, es urgente una “acción coordinada e integral”.

Sin duda alguna, el encuentro ha supuesto un revulsivo para los asistentes. Una vez que escuchas la llamada de Dios a través del Evangelio y del grito de las personas más empobrecidas, no quedas indiferente, es más te transforma, ensanchando el corazón y siendo testimonio de Jesucristo Resucitado que nos quiere, que ama a la naturaleza y nos desea vida en abundancia, vida con dignidad.