Después de los hechos


Compartir

La información inmediata tiene sus riesgos, que son los propios de todo apresuramiento. Cuando se informa de afán se atiende más a los datos de los sentidos que a la elaboración del pensamiento que, como nos pasa a los viejos, siempre se toma su tiempo.

Los sentidos informan con rapidez, responden a la curiosidad y pasan velozmente de un tema a otro. Por eso son unas fuentes de conocimientos incompletos y superficiales. Después de esos datos de los sentidos, debe venir la acción del entendimiento, que plantea porqués, para qués, dóndes, cuándos que son preguntas que se les escapan a los sentidos.

Toda esta farragosa introducción ha sido escrita para explicarles:

  • por qué leerán en el futuro esta columna con el nombre de ‘Postdata’.
  • por qué desconfío de la información instantánea, esa que crea la necesidad de actualizaciones hora por hora en los medios de comunicación.

Las postdatas eran esos agregados que se les escribían a las cartas después de la firma del autor. Contenían el registro de algo que se había olvidado en el texto de la carta; o el recurso para contar hechos de último momento. Había veces en que la postdata tenía mayor interés que el texto de la carta.

Tomo ese nombre con otra intención: la de señalar que, después de las noticias, conviene darse tiempo para pensarlas y ahondar en ellas. Las preguntas clásicas  de la pirámide invertida, esa forma clásica de la noticia que enseñan las universidades,  no siempre se responden en su totalidad, y por esa razón la comprensión de las noticias suele ser incompleta.

Sentarse a pensarlas es una oportunidad que uno se da para comprenderlas e interpretarlas, como un primer paso para participar y comprometerse en el cambio de la historia. Columnas como esta, se escriben bajo diversos propósitos, el mío será el de reflexionar sobre lo que pasa y se conoce como noticia.

Podría ser, y esta es la segunda explicación, una columna vibrante de actualidad, que se adelantara a los hechos y que aportara, cada vez, una nueva noticia de acuerdo con la dinámica que impera en lo digital y con la exigencia de los ciberlectores. Pero no será así.

Lo nuevo será el pensamiento sobre hechos o datos ya conocidos, aunque sé que esto me deja en contravía con el mandato de lo actual y nuevo.

Comenzar y terminar

Ese mandato está produciendo el atolondramiento del que está al acecho de lo nuevo que acaba de suceder, o que aún no ha terminado de suceder; y parte de la idea de que los hechos se dan en ese momento determinado en que comienzan y terminan.La historia demuestra lo contrario: los hechos no terminan de suceder, se prolongan a lo largo del tiempo para desespero de los que, visto un hecho esperan pasar al siguiente, olvidado el primero.

Cuando esta duración de los hechos no se tiene en cuenta, la conciencia de la historia se vuelve superficial y ligera y sucede como con los que comen de prisa: que no disfrutan del sabor, ni digieren los alimentos.

Los hechos de la historia, esos que los periodistas llamamos noticias, pueden ser alimento del espíritu si los saboreamos (el verbo saborear está emparentado con el sustantivo sabiduría) y los digerimos. Para que uno haga digestión de los hechos y vaya más allá de su visión superficial y ligera, es conveniente la postdata. Es la pretensiosa ambición de esta columna.