José Beltrán, director de Vida Nueva y bloguero Notas al pie
Director de Vida Nueva

Complicidad fraternal


Compartir

SÁBADO 16. La parroquia de San Antonio María Claret tiene una tribuna lateral que permite ver el altar desde un plano prácticamente cenital. Con la perspectiva del Espíritu. El ángulo justo para ver cómo, al arrodillarse el nuevo arzobispo Bocos para recibir la mitra, el cardenal Sebastián humaniza la liturgia. Acaricia la mano de su compañero claretiano como signo de complicidad fraternal, de padre que refuerza, de amistad que tranquiliza. 

DOMINGO 17. Me da por enredarme en chismes mitrales. No sé para qué me meto. El caso es que si a uno le crean cardenal con 80 años y el Papa se empeña en que se ordene obispo, al susodicho prelado le asignan una diócesis irreal, por lo que la Conferencia Episcopal no tiene por qué invitarle a su Plenaria. Salvo invitación directa del presidente o que se someta a votación por parte de la Asamblea. Y yo que pensaba que lo complicado era conseguir una silla en la carrera oficial de Sevilla…

LUNES 18. Su vecina le saludaba de pasada. El contacto justo. Y mirada de sospecha. Hasta que su marido murió. Vladimir buscó el segundo plano en el tanatorio. Tampoco allí se rompió el hielo. Pero llegó el momento de portar el féretro para el último adiós. Faltaban hombros. Vladimir prestó el suyo. Desde entonces, esa vecina que miraba de lejos al migrante ya no teme contagiarse con su cercanía. Es más, ejerce de abuela con sus hijos, con los vasos de leche y las galletas que conlleva. El muro de diferencia cae. Y Vladimir fundamenta con su experiencia ante Osoro, Carmena y Garrido la urgencia de un pacto por los migrantes.

MARTES 19. Valencia. Un delegado de Migraciones no puede ser políticamente correcto. La realidad en la que se mueve no se lo perdonaría. Le preocupa el día después del Aquarius. El que viven los miles de migrantes que llegan en patera y se les apea en la primera estación de autobús que toca. “Es sangrante la situación que viven los migrantes en nuestro país. Como el Estado no tiene donde tenerlos, los deja en la calle. No hay dispositivo para la primera acogida”, expresa Olbier, que lleva una semana sin apenas pegar ojo. Hace unos días, con un grupo de voluntarios se ponía el mono de obra para habilitar un espacio de acogida para los migrantes del Aquarius, por si acaso. Hoy se prepara una reunión de la Generalitat a la que llega con los deberes hechos: plazas más que suficientes para que ese día después también tenga dignidad.