El porqué de la Revolución de los Paraguas

En Hong Kong una sociedad dinámica choca con un sistema político paralizado por Pekín

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SERGIO ARTUTO CHAVIRA ÁLVAREZ (MG, VICARIO PARROQUIAL DE LA ANUNCIACIÓN, EN TSUEN WAN, HONG KONG) | En octubre de 1997, cuando llegué desde México a la Región Administrativa Especial de Hong Kong, nunca imaginé que viviría lo que presenciamos ahora. Por los medios, conocía de los disturbios que se dieron aquí en 1967, provocados por el enfrentamiento entre la policía colonial inglesa y los agitadores procomunistas en plena Revolución Cultural. Más adelante, el mundo vio las manifestaciones masivas en las que una buena parte de la población participó para mostrar su repudio al Gobierno de Pekín por la masacre de la Plaza de Tiananmen, el 4 de junio de 1989.

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participé en la manifestación por la democracia del 1 de julio de 2003, en contra del Gobierno chino, por la tentativa de implementar en Hong Kong el artículo 23 de la legislación de seguridad nacional (contraria a “la traición, la sedición, la secesión y la subversión”) de la Ley Básica (pequeña Constitución que rige la vida política de la antigua colonia británica desde el 1 de julio de 1997, según el Acuerdo firmado por Londres y Pekín en diciembre de 1984). Fue una marcha en la que tomamos parte medio millón de personas. Ya entonces, se reclamaba sufragio universal para 2007-2008 y se expresaba la inconformidad con Tung Chee-hwa, el jefe del Ejecutivo en turno.

Ahora, ante la que se conoce como la Revolución de los Paraguas, constato que se debe al descontento de la población local por la manera tan persistente en que el Gobierno de Pekín trata por todos los medios de interferir en el quehacer diario del territorio. Aunque el Acuerdo de 1984 consignaba que China gobernaría Hong Kong bajo el principio de “un país, dos sistemas”, y que, en teoría, la región tendría “un alto grado de autonomía” (exceptuando cuestiones internacionales y de defensa), amén de estipular que “la gente de Hong Kong regiría Hong Kong”, eso no se cumple en muchas ocasiones. Como tampoco se respeta del Acuerdo en diversos momentos la parte que recoge que Hong Kong tiene su propio sistema legal y que los derechos de libre asociación y de libre expresión quedan protegidos. Esto es así, pero demasiadas veces se aprecia la interferencia china.

El hecho de que los hongkoneses no puedan elegir a su jefe de Ejecutivo directamente, mediante el sistema de un voto por persona, es causa de gran malestar; al contrario, este debe rendir cuentas al Gobierno de Pekín, quien lo nombra y elige mediante un Comité Nominador, compuesto por 1.200 delegados. La Ley Básica estipula la implementación de la democracia en Hong Kong de una manera gradual y de acuerdo con las circunstancias del momento. Tan ambigua como pueda sonar esta aseveración, así es el cuerpo del Acuerdo.

Después de la masiva manifestación de 2003, Pekín se movió para retomar el control sobre el ritmo y el contenido de las reformas democráticas. En 2004, el Comité Nacional Permanente del Congreso del Pueblo (NPC) declaró que no habría elecciones en 2007-2008 e inició un largo período de consulta que, como se vio más adelante, tenía como objetivo rebajar las expectativas, descartar opciones e imponer condiciones adicionales a las reformas. En 2007, el NPC determinó que la fecha más temprana para el voto universal sería 2017. Queda cada vez más claro que las reformas no pueden afectar al poder sustantivo de nombramiento del jefe del Ejecutivo por las autoridades centrales, mientras la sociedad local percibe cómo los compadreos, la incompetencia y la falta de visión han ido en aumento.

Durante ese mismo lapso, ha surgido una nueva generación de activistas sociales, llenos de vitalidad, que han traído a la mesa de negociaciones un muy vasto y complejo paquete de cuestiones que requieren la atención y solución a corto y medio plazo. Así las cosas, Hong Kong se encuentra atrapado entre una sociedad que avanza constantemente y un sistema político estancado en el tiempo, debido a la obstinación de Pekín por conservar sus mecanismos de influencia.

Desde la gestación del movimiento de ocupación del distrito financiero central de la ciudad, que ha culminado en la Revolución de los Paraguas, la Iglesia católica en Hong Kong manifiesta su posición:

No alentaremos ni impediremos la participación libre de los feligreses; en caso de necesidad, se auxiliará a los que requieran ayuda.

Algunos obispos y miembros del clero local, eso sí, han participado de manera diversa en las manifestaciones y actos públicos llevados a cabo en las calles. En definitiva, se trata de invitar al diálogo de las partes involucradas, al tiempo que solicita a las autoridades civiles restringir el uso de la fuerza policial, escuchar las voces disidentes locales y tomar nota de la opinión pública mundial.

En el nº 2.912 de Vida Nueva

 

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Actualizado
10/10/2014
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