Decálogo para vacaciones

(Antonio Gil Moreno– Sacerdote y periodista) Llega el descanso para muchas personas, se abren con más fuerza los períodos vacacionales, y todos procuramos buscar y encontrar ese “lugar tranquilo”, al que Jesús invitaba a sus discípulos en el Evangelio: “Venid vosotros conmigo a un lugar tranquilo y descansad un poco…”. El descanso es necesario, no sólo para recuperar fuerzas perdidas, sino para ensanchar horizontes, enriquecer criterios, iluminar caminos.

Necesitamos alejarnos un poco de la realidad cotidiana y buscar otras realidades. Necesitamos también, y de qué forma, un poco de silencio para la reflexión pausada, para prolongar nuestra oración, para ordenar un poco y situar en su lugar preciso tantos afanes desbocados, tantos ajetreos, tantas tareas. Y, sobre todo, necesitamos nuevos encuentros: con Dios, con nosotros mismos, con el prójimo. Encuentros que nos enriquezcan, que limpien nuestras pupilas, que aviven nuestra escucha, que consoliden nuestra convivencia. Las vacaciones no pueden ser ni consistir sólo en un viaje programado, sino que han de quedar abiertas a lo imprevisto, a la sorpresa, a esos dones tan casuales como enriquecedores, que ni siquiera pudimos soñar o imaginar. Para la gente más sencilla, para los creyentes de a pie, hemos confeccionado con prisa este Decálogo para vacaciones, con el equipaje que creemos más esencial en nuestra cartera de viaje.

1. Saluda el nuevo día con un ofrecimiento de obras, que te haga emprender la jornada con ilusión y optimismo. Ofrecer y ofrecernos es una actitud que nos invita a caminar, a no quedarnos parados o soñolientos.

2. Busca enseguida un hueco para la oración, a ser posible, ante el Sagrario de cualquier iglesia recoleta. Una oración que lleve el sello de “encuentro con el Señor”, escuchando el rumor de sus palabras, la cercanía de su presencia, las emociones que, a buen seguro, alentarán en el alma. Orar, decía Juan Pablo II, es sentirse en los brazos de Dios. En tiempo de descanso, la oración puede resultarnos más diáfana, intensa y, desde luego, más desinteresada.

3. Dedica unas horas a un trabajo que comporte servicio y entrega a los demás. Descansar no es alejarnos del prójimo, olvidándonos incluso de los más cercanos. Todo lo contrario: hay que buscarles más, atenderles mejor, escucharles, comprenderles, amarles. Son muchos los que dedican sus vacaciones a la fraternidad, en zonas deprimidas o con gentes necesitadas. Conozco a médicos que cogen su instrumental y se marchan a aldeas perdidas de África para atender y entender las entrañas de la humanidad.

4. No te olvides de esos libros que tienes pendientes de leer: ensayos, biografías, novelas, historia… Toma buena nota de lo que lees, de lo que descubres, de lo que te ha impresionado más, de lo que te gustaría incorporar a tu vida. La lectura del verano puede refrescar, no sólo ideas, sino sentimientos.

5. Pasea plácidamente por los paisajes que más te gusten: playas, veredas, descampados… Contempla y saborea la naturaleza. Necesitamos ese contacto vivo con una naturaleza que nos descubre la grandeza de la creación y que nos invita a saborearla y a gozarla.

6. Mira el firmamento a distintas horas del día y de la noche… A veces, pasa mucho tiempo sin que hayamos visto una estrella o la belleza incomparable de la luna llena, o la salida del sol en el horizonte… No se puede caminar siempre con la vista baja, sino que hay que elevar la mirada a las alturas, porque son las alturas las que nos permiten volar y soñar.

7. Disfruta más de la familia, porque el descanso ofrece nuevas oportunidades para conocernos todos mejor, para saber lo que necesitamos y hasta lo que nos sobra en ocasiones. En vacaciones, la familia ha de descansar, ciertamente, pero, sobre todo, ha de bucear en sus más hermosos latidos, que serán siempre los latidos del amor, de la entrega, del compromiso, de la generosidad.

8. Descubre nuevas amistades –el verdadero amigo siempre es un gran tesoro–, que nos ilusionen, nos hagan reír y pensar, nos acompañen, nos entusiasmen. Tomaremos nota del teléfono, del e-mail, pero lo mejor será llevarnos como recuerdo tantos ofrecimientos espontáneos para hacernos crecer y confiar, admirar y esperar.

9. Siembra gestos hermosos, obras de caridad, ayudas anónimas, no sólo con un donativo, sino también con una palabra amable, con una sonrisa, con una orientación para emprender rutas nuevas.

10. Vuelve mejor de todos los descansos, más sereno, más dispuesto a caminar, más alegre, más generoso. Porque el descanso no es cruzarse de brazos, sino abrirlos de par en par a Dios, a su obra creada, a nuestros hermanos…

agilmoreno@vidanueva.es

Em el nº 2.718 de Vida Nueva.

Actualizado
30/07/2010
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