Scola denuncia su “marginación” por ser presentado como “el adversario de Bergoglio”

  • En un libro-entrevista, el emérito de Milán asegura que “nunca” creyó tener posibilidades de ser pontífice
  • “No estoy entre quienes han cambiado la cruz pectoral sustituyéndola por una de lata para imitar al papa”

El arzobispo emérito de Milán, Angelo Scola

No he creído nunca en la posibilidad de llegar a ser papa, así que no sufrí por ese motivo. Debo admitir, no obstante, que por lo que escribieron los diarios, sufrí una cierta marginación. Después del cónclave, se me consideró el adversario que había perdido el desafío con Bergoglio, el cardenal nostálgico de los papas precedentes, el hombre del pasado. Y esto, obviamente, no me gustó”.

Con la tranquilidad que le da llevar ya más de un año como arzobispo emérito de Milán, el purpurado Angelo Scola echa la vista atrás para hacer balance de su trayectoria eclesiástica en el libro-entrevista Ho scomesso sulla libertà (He apostado a la libertad), en el que responde a las preguntas de Luigi Geninazzi, periodista de ‘Avvenire’, el diario propiedad de la Conferencia Episcopal Italia (CEI).

Adelanto editorial

En el volumen, que llegará a las librerías italianas el 23 de agosto y cuyo contenido fue adelantado hoy, 20 de agosto, por el ‘Corriere della Sera’, el cardenal Scola califica de “noticias falsas” las informaciones que, antes del cónclave celebrado en marzo de 2013, señalaban que tenía muchas posibilidades de convertirse en el sucesor de Joseph Ratzinger. “A diferencia del de 2005, en el que de inmediato surgió un nombre, el de Ratzinger, que precisamente luego sería elegido, el cónclave de 2013 se inició sin candidato”, asegura el arzobispo emérito de Milán.

Recuerda que, antes de dejar la capital lombarda para viajar a Roma, le dijo a sus colaboradores: “La renuncia de Benedicto XVI es un hecho inédito en la historia de la Iglesia de los últimos siglos y anuncia un nuevo papa igualmente inédito. Estad tranquilos, que no seré yo”.

Pese a su insistencia por borrarse de la lista de ‘papables’, su nombre estaba en todas las quinielas. Y no oólo en las de la prensa. Cuando llegó la ‘fumata blanca’ el 13 de marzo de 2013, la CEI se apresuró a enviar un comunicado festejando que los cardenales hubieran elegido a Scola como nuevo papa. “Fue un problema de corta y pega”, se excusó entonces el responsable de comunicación del Episcopado italiano.

Fiel a su estilo

En su conversación con el periodista de ‘Avvenire’, el arzobispo emérito de Milán le deja un recado a quienes se han apresurado a copiarle el estilo a Bergoglio. “Yo no estoy entre quienes han cambiado la cruz pectoral sustituyéndola por una de lata para imitar al Papa. He seguido con la que tenía. Y he continuado presidiendo las ceremonias solemnes vistiendo casullas valiosísimas conservadas en el Museo del Duomo, como requiere la tradición”.

Scola también habla en el libro de su camino de formación en Comunión y Liberación, que le ha supuesto tener un “doble pecado original”, e incluso critica al presbítero español Julián Carrón, actual líder de este movimiento fundado por el sacerdote italiano Luigi Giussani. Califica de “un poco torpe” la carta que Carrón envió a Benedicto XVI proponiéndole como arzobispo de Milán y criticando a sus antecesores, los cardenales Carlo Maria Martini y Dionigi Tettamanzi.

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Actualizado
21/08/2018
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