Una minoría fanática (y política) quiere dinamitar Indonesia

  • Conmoción nacional tras las ola de atentados del Estado Islámico contra iglesias y comisarías
  • Tres misioneros españoles reivindican en Vida Nueva que es una sociedad plural y tolerante
  • El peligro, antes las próximas elecciones, es que determinados grupos quieran generar miedo

Atentado en Indonesia

El culmen del horror se vivió el pasado domingo 13 de mayo en Indonesia cuando los seis miembros de una familia (un matrimonio y sus cuatro hijos) se inmolaron ante tres iglesias cristianas en Surabaya, la segunda ciudad más grande del país, causando al menos 13 muertos y unos 40 heridos. Reivindicado por el Estado Islámico, se trata del mayor atentado en la primera nación islámica a nivel mundial. Un panorama que empeoró al día siguiente, cuando otra familia se inmoló frente a una comisaría y ocasionó otra decena de muertos.

Contactado por Vida Nueva, el escolapio español Víctor Gil Grande, quien desarrolla su vocación misionera en la localidad indonesia de Yogyakarta, en la isla de Java, se suma a la declaración de la Conferencia Episcopal Indonesia, que señala que “los recientes atentados terroristas en Surabaya pretenden golpear la convivencia social del país y el pluralismo, que es un bien primario de la sociedad local”.

“La Iglesia –defiende el misionero– está comprometida fuertemente con el diálogo interreligioso y está buscando iniciativas junto con líderes de otras religiones para estigmatizar la violencia, el odio y el terrorismo”. En este sentido, valora positivamente que “el presidente del país está tratando de revisar con carácter urgente la Ley Antiterrorista en vigor para buscar medidas más fuertes y eficaces para combatir el terrorismo”.

Pese a que su comunidad se encuentra lejos de Surabaya, Gil cuenta que “en nuestra comunidad de seguimos con preocupación y cierto temor estos acontecimientos, pues sabemos que los terroristas, vinculados a los grupos extremistas islámicos, pueden atentar donde menos se espere. Y tienen en su punto de mira especialmente las iglesias cristianas y las comisarías de policía. La proximidad del mes de Ramadán acentúa esta preocupación, pues es el tiempo preferido por los terroristas para sus acciones destructoras”.

Yendo más allá en su denuncia, el religioso español apunta su sospecha de que “pueda haber cierta conexión entre los grupos radicales y algún partido político que lucha para vencer las próximas elecciones”. Frente a ello, el misionero defiende que, pese a su condición de minoría (los cristianos son el 10% en el país islámico más poblado del mundo), “la Iglesia se siente unida y comprometida fuertemente en la construcción de la convivencia y la paz social”.

Un país con un islam “moderado”

“Estos atentados terroristas –abunda–, promovidos por gente vinculada al Estado Islámico, no representan el sentir de la inmensa mayoría de la población indonesia. El islam mayoritario en Indonesia es moderado y abierto al diálogo interreligioso. En Yogyakarta conocemos muchas familias mixtas, con testimonios preciosos de respeto al pluralismo religioso. La misma Constitución del país reconoce oficialmente varias religiones, a pesar de que la mayoría de la población sea musulmana. Hay zonas del país donde la religión mayoritaria no es la musulmana”. Por todo ello, “a la vez que vivimos con preocupación estos atentados, seguimos confiando y esperando en que triunfe el objetivo señalado en el escudo nacional del país: ‘Unidad en la diversidad’”.

Una visión parecida tiene el misionero vallisoletano Miguel Ángel Villace, de la congregación de los Hermanos Menesianos. Tras una experiencia misionera de 11 años en Bolivia y Chile, lleva en Indonesia desde 2004, donde tienen dos comunidades, una en Larantuka, en la isla de Flores (donde ahora está), de mayoría católica, y la otra en Yogyakarta, de mayoría musulmana. “La situación en estos momentos –cuenta a Vida Nueva– es de miedo y preocupación. Indonesia, hasta ahora, es un país tranquilo y económicamente en desarrollo. Aunque ya se nota una progresiva tensión interconfesional, sobre todo por la cercanía de las elecciones regionales y presidenciales, habiendo una clara lucha entre los partidos políticos por el poder. Es un clima propicio para el radicalismo religioso en un país mayoritariamente musulmán, sobre todo si todo es alentado por algunos grupos fanáticos y algún partido, con el fin de crear pánico en la sociedad”.

“Uno de los peligros que veo –lamenta Villace– es que se islamice la sociedad y se vayan perdiendo la tolerancia religiosa y la convivencia pacífica. Esto lo he constatado ya en los cuatro años que viví en Yogyakarta, donde las religiones minoritarias casi no tienen voz y se les ponen muchas trabas a las congregaciones a la hora obtener el visado sus religiosos o construir casas para la formación, así como para abrir lugares de culto”.

La situación varía según la zona

La conclusión es que “la situación es diferente según las regiones”. En Larantuka, “la mayoría es católica y hay una fuerte tradición religiosa legada de los misioneros portugueses, llegados de la isla de Timor Oriental, antigua colonia suya. Aquí el clima es de respeto, tolerancia y trabajo en común entre las diferentes religiones”. Aunque el religioso no obvia que, “en el fondo, hay una cierta tensión para impedir que los musulmanes no crezcan y no se desarrollen en Flores”, lo cierto es que impera una sana convivencia: “Alrededor de mi comunidad vive un grupo de familias musulmanas y la relación diaria es de respeto, cordialidad y colaboración. Cuando hay algún acontecimiento o fiesta en las familias, somos invitados a participar. Y nosotros les invitamos a ellos”.

Esos valores, asegura, los transmiten en sus centros educativos. Y es que “tenemos un gran reto y desafío, sobre todo con las generaciones mas jóvenes. Intentamos educar a los alumnos en los valores de convivencia, respeto, tolerancia y el trabajo en común con los demás hermanos y hermanas de las distintas confesiones religiosas”.

El último testimonio recabado es el del salesiano José Carbonell Llopis. A sus 91 años, por motivos de edad, lleva cuatro de vuelta en España, pero mantiene un contacto directo con sus compañeros en Indonesia, donde pasó casi cuatro décadas repartido entre Jakarta, Tangerang, Purwokerto, Blitar, Surabaya y Sumba, siendo el provincial de la congregación para todo el país y para los comunidades vecinas de Timor Oriental, pasando además otros diez años en Filipinas, también como provincial.

Llopis defiende que “nosotros nunca hemos tenido problemas, aun viviendo en zonas musulmanas”. Pero sí es cierto que últimamente oyen cada vez más hablar de “conflictos”. Lo que no cambiará, enfatiza, es su modo de encarnarse en esa tierra: “Seremos fieles a nuestro estilo, por lo que seguiremos colaborando con todos y prestando ayuda en momentos de calamidades o dificultades, haciendo que con nosotros se sientan como en casa”.

Noticias relacionadas
Compartir