Los obispos recuerdan que “no podemos olvidar los rostros del sufrimiento y la pobreza”

  • La Comisión Episcopal de Pastoral Social invita a un mayor compromiso con la transformación de la sociedad con motivo del Corpus Christi
  • “La multiplicación y la complejidad de los problemas pueden saturar nuestra atención y endurecer nuestro corazón”, advierten

alfombra gigante de flores en la fiesta Corpus Christi 2017 Brasil

El próximo 3 de junio la Iglesia española celebra el Día de la Caridad, enmarcado dentro de la celebración del Corpus Christi. Para preparar el acontecimiento, la Comisión Episcopal de Pastoral Social publica el mensaje ‘Compromiso social y caridad transformadora’ en el que invitan a los hombres y mujeres de buena voluntad, a todos los cristianos y con un acento especial a aquellas personas que trabajan en la acción social y caritativa, a “un compromiso que sea liberador, que contribuya a mejorar el mundo”.

Con una invitación a vivir la eucaristía como contemplación y celebración del “gran don de la presencia real de Cristo vivo entre nosotros en su cuerpo entregado y su sangre derramada”, la Comisión propone la vida comprometida, como la “más noble expresión de nuestra dignidad, de nuestra responsabilidad y solidaridad”, pese a que “hoy no está de moda hablar del compromiso”, en una sociedad en la que “la preocupación por los demás se considera como algo trasnochado”.

Un cuádruple compromiso

Desde la perspectiva de que “el compromiso caritativo y social, el ser con los demás y totalmente entregado a ellos, camina en paralelo a nuestra configuración con Cristo”, se propone un compromiso apoyado en 4 pilares, vivir con los ojos abiertos a los que sufren, cultivar un corazón compasivo, ser capaces de ir contracorriente y ser sujeto comunitario y transformador.

“Hemos de abrir los ojos y el corazón a todo el dolor, pobreza, marginación y exclusión que hay junto a nosotros”, proponen los obispos, mientras teorizan sobre la cultura que “ignora, excluye, oculta y silencia los rostros del sufrimiento”, y por lo tanto invitan a “no ignorarlos”. Recuerdan que este desafío resulta “cruel cuando constatamos que estas situaciones no son fruto de la casualidad, sino la consecuencia de la injusticia social, de la miseria moral, de la codicia de unos pocos y de la indiferencia generalizada de muchos”.

El segundo pilar invita a diferenciarse como creyentes pues “frente a la tentación de la indiferencia y del individualismo, los cristianos debemos cultivar la compasión y la misericordia, que son protesta silenciosa contra el sufrimiento y el paso imprescindible para la solidaridad”, sin importar que “la multiplicación y la complejidad de los problemas puedan saturar nuestra atención y endurecer nuestro corazón”.

Continúa el mensaje pidiendo que el compromiso no sea “algo superficial o periférico”, sino que ponga “en juego dimensiones tan  hondas como la propia libertad”. De este modo invitan a “vivir como personas comprometidas al estilo de Jesús, actuando contracorriente y poniendo los medios para que los intereses económicos no estén nunca por encima de la dignidad de los seres humanos y el bien común”.

El compromiso como comunidad, “vivido como una vocación al servicio de los demás”, es el último de los pilares que proponen los prelados. Así  plantean “poner todos los medios a nuestro alcance para la creación de comunidades, que sean signo y sacramento del amor de Dios“, poniendo “al servicio de los hermanos los bienes materiales, el tiempo, el trabajo, la disponibilidad y la propia existencia”.

La fuerza transformadora de la caridad

Los obispos saben que “el compromiso transformador se hace más urgente al tomar conciencia de la fuerza transformadora de la caridad”, y, por tanto, recalcan que “la acción caritativa no es mera asistencia. La caridad […] promueve el desarrollo integral de los pobres y coopera en la solución de las causas estructurales de la pobreza“. Así, citando el documento ‘Iglesia, servidora de los pobres’,  piden “desenmascarar la injusticia por medio de la denuncia profética, socorrer al necesitado mediante la asistencia y colaborar en la organización de estructuras más justas por medio de la transformación social”.

Concluye el documento con una petición al Espíritu Santo para que descubramos “la necesidad de ser instrumentos de renovación del cosmos y de la humanidad, desde la comunión con Cristo”. Así, los obispos recalcan que “la caridad no está para dejar las cosas como están, ni consiste en hacer lo que siempre se ha hecho”, sino que “nos impulsa a la conversión de nuestros criterios y actitudes , de nuestra manera de pensar y de actuar”.

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Actualizado
16/05/2018
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