Azuaje: “Hemos perdido alrededor de 20 sacerdotes en Venezuela por falta de medicamentos”

  • “Quienes tienen la responsabilidad de garantizar el derecho a la alimentación y a la salud, niegan de plano que algo esté mal en el país”, señala el obispo
  • En diálogo con Vida Nueva, el presidente de la CEV evalúa la crítica situación de Venezuela: “El lema de algunos líderes del Gobierno es: aunque pasemos hambre (ellos no lo pasan), hay que defender la revolución”

La cuenta regresiva de una bomba de tiempo producto de una espiral hiperinflacionaria en Venezuela comenzó. El gobierno insiste en un sabotaje orquestado desde los Estados Unidos para apoderarse del petróleo, mientras que la oposición –dividida y desmoralizada– denuncia al mundo que el modelo económico aplicado por el gobierno ha fracasado, a lo que se suma el cercenamiento de las libertades y condiciones electorales mínimas para una salida pacífica a través de votos.

De todo esto José Luis Azuaje, obispo de Barinas y presidente de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), está consciente y jamás se ha amilanado. Por el contrario, cada vez es más frontal su posición frente al gobierno que preside Nicolás Maduro, pues a su juicio “desde siempre la Iglesia ha asumido la causa de los pobres. Es el testimonio y la enseñanza que nos dejó Jesús”.

“En la actualidad, el papa Francisco nos ha pedido que toquemos el sufrimiento de los pobres, que no seamos distantes; todo esto ha reforzado el ideal de servicio de la Iglesia en estos tiempos de crisis”, dice el obispo, quien ha sido testigo de la muerte de en torno de una veintena de sacerdotes, por la carencia de medicamentos que azota al país.

El también presidente de Cáritas América Latina y el Caribe ha dialogado con Vida Nueva sobre las más apremiantes situaciones que aquejan al pueblo venezolano, incluyendo, por supuesto, a la Iglesia: los sacerdotes, obispos, religiosas, religiosos, misioneros, laicos… ellos también padecen de la crisis.

Vencer obstáculos

PREGUNTA.- ¿Qué mecanismos han activado entre las parroquias y otras estructura de la iglesia, de cara a la dura escasez e hiperinflación que afecta a Venezuela?

RESPUESTA.- La Iglesia en Venezuela ha profundizado su servicio de atención a los más desposeídos. Es un tiempo en el que queremos brindar el Evangelio y los productos necesarios para la vida, además de la esperanza y razones para vivir. Considero que la fuerza del Espíritu vence obstáculos y facilita el que se pueda generar procesos que lleven a una concientización en la necesidad de solidaridad y comunión, aún en medio de tantas carencias. 

En la Iglesia hemos reforzado las pastorales sociales (Cáritas), que ya existían, pero también se han abierto otras que no estaban presente a nivel diocesano y parroquial; además de esto, muchos movimientos laicales y personas que no están asociadas, se han dado a la tarea de llevar adelante dos proyectos de mayor necesidad: las ollas solidarias-comunitarias y los bancos de medicamentos. Estas dos obras se han multiplicado a lo largo y ancho del país.

Ahora bien, el camino no termina aquí, porque se están desarrollando programas educativos y formativos sobre liderazgo comunitario, metodología de comunión, organización comunitaria y otros que estimulan la concientización y la organización de las comunidades.

Un proyecto que se está extendiendo en diversas regiones del país, es el proyecto SAMAN que consiste en la atención a niños recién nacidos hasta los seis años. Son centros de control de peso y talla de niños, ayudándoles con nutrientes para recobrar el peso y las energías necesarias para una buena salud.

Este proyecto es avalado por Cáritas Internacional y por muchos organismos que quieren contribuir en distintas diócesis. Aunado a esto, están las jornadas médicas con distintas especialidades. Cada día se agregan más personas y profesionales.

“Sufrimos lo que la gente sufre”

P.- ¿Qué opinión le merece los decesos de sacerdotes, religiosos, misioneros…? ¿Se manejan cifras oficiales al respecto?

R.- Nosotros como sacerdotes estamos inmersos en la realidad social, sufrimos lo que la gente sufre, padecemos las enfermedades que el pueblo padece; en tiempo de crisis no hay privilegios. Lamentablemente, en Venezuela hemos perdido algunos sacerdotes por falta de medicamentos y de atención a enfermedades delicadas, como aquellas que necesitan de diálisis. El año pasado murieron alrededor de 20 sacerdotes y algunas religiosas, no podemos decir que todas sean por esta causa, pero si algunos que ya no tienen cómo conseguir los hipertensivos o bien otros tipos de medicamentos.

Una realidad lamentable es que algunos sacerdotes se han tenido que ir del país porque padecen de enfermedades crónicas y no pueden suspender sus tratamientos. Sucede más con los religiosos con edad avanzada. Lo triste es saber que no se quieren ir, pero quedarse es arriesgar sus vidas por algo que no se puede controlar.

Ante esta realidad dolorosa que afecta al pueblo, quienes tienen la responsabilidad de garantizar el derecho a la alimentación y a la salud, niegan de plano que algo esté mal en el país, dicen que son exageraciones o mediatizaciones de quienes adversan al gobierno. Ellos tienen el privilegio de irse fuera del país para tratamientos médicos. Los pobres padecen por esa falta de ética profesional.

Una ley que blinda barbaridades

P.- ¿Cómo va el caso de los obispos Basabe y López, acusados de promover el odio?

R.- Es lamentable cuando los gobernantes se creen plenipotenciarios y dueños hasta de la vida de las personas. El Presidente ordenó una investigación a varios entes del estado. Gracias a Dios sus hermanos obispos, así como las instituciones y la comunidad en general, reaccionaron e impidieron que esta investigación se diera.

Hace un tiempo, la inconstitucional e ilegal Asamblea Nacional Constituyente aprobó una ley contra el odio cuyo primer objetivo es blindar las barbaridades que hacen y dicen los personeros del Estado, a los cuales no se les puede responder, ni rechazar y menos criticar, pero ellos sí pueden aplicar esa ley a quienes no comparte sus ideas, o a quienes hagan una crítica ante la lamentable situación que viven los venezolanos.

Lo que le sucedió a mis hermanos obispos no llegó a ser un caso, sólo un intento de control de todo, en el marco del totalitarismo que se vive en el país. Pero ahora generan temor a algunos sacerdotes que se han atrevido a hacer algunas denuncias.

Por el bien de los niños

P.- ¿Cuál es el precio político que ha pagado Cáritas Venezuela por desvelar cifras de desnutrición?

R.- Cáritas es una institución de mucho renombre en el país. Ha actuado en todos los momentos críticos. Es una Cáritas humilde, con un personal comprometido, pero con un gran corazón y coraje. La conozco bien porque fui 6 años presidente de ella y llevo ya 4 años de primer vicepresidente. Es una Cáritas testimonial, con personas muy sencillas, cercanas, llenas de una gran sensibilidad, que no trabajan porque cobran, sino porque se desarrollan y se nutren con el servicio a los más empobrecidos. Este es un gran valor de Caritas de Venezuela.

Gracias a ese testimonio de lucha y servicio, no han podido refutarla; ha sido la primera institución que se ha atrevido a mostrar cifras de desnutrición. En Venezuela los organismos públicos ya no publican las estadísticas. Quienes se atrevan a hacerlo se les atemoriza, se ha sembrado el miedo. Los organismos gubernamentales al no muestrar las estadísticas, planifican a ciegas, a discreción del que ostenta el poder para que todo le favorezca.

Cáritas de Venezuela tomó la decisión de mostrar cifras por el bien de los niños. Estas cifras han sido asumidas por organismos internacionales que empiezan a tomar conciencia y a los cuales también les llega el temor ante su presencia o no en el país.

Ciertamente que en gobiernos como el nuestro hay un permanente riesgo que va más por el orden del descredito o de la violencia. El lema de algunos líderes del gobierno es: aunque pasemos hambre (ellos no lo pasan), hay que defender la revolución.

Quienes trabajamos en Cáritas estamos permanentemente expuestos, estamos en la calle, en los campos, donde se necesite, no tenemos escoltas, sencillamente tenemos la confianza puesta en quien nos ha llamado a servir a los más desprotegidos.

¡Hay demasiada pobreza y desabastecimiento!

P.- Algunos dicen que Venezuela está a las puertas a una posible intervención extranjera o de una explosión social, ¿qué le dice a la comunidad internacional?

R.- Los problemas de Venezuela ciertamente tenemos que resolverlos los venezolanos. No creo que el país aguante tanto deterioro. Hoy sabemos que el mundo globalizado nos mantiene interconectados. La comunidad internacional ha desempeñado un rol muy positivo para ejercer presión e imposibilitar que se llegue al culmen de la crisis: una aniquilación total de la democracia y de los valores y principios democráticos sembrados durante 40 años en diversas generaciones. Aún está viva esta conciencia en muchas personas.

Por tanto, la comunidad internacional debe seguir ejerciendo presión. Algunos países que reciben parte de las dádivas petroleras, deben hacer un examen de conciencia del sufrimiento que están provocando al pueblo venezolano. El petróleo estará presente en el futuro con otros gobiernos y de manera distinta, no como ahora que hasta se pierde el sentido de la dignidad ante la sumisión. Ojalá se atrevan a dar un paso adelante por la dignidad de las personas.

El espectro de un estallido social siempre está al cruzar la esquina, como decimos en Venezuela. Hay demasiada pobreza y desabastecimiento. Nos tienen entretenidos haciendo colas, generando conflictos todos los días, yendo de un lado a otro para que no pensemos. Que maravilloso fuera que cada persona se detuviera y pensara si está feliz con esta situación, si se siente realizada de la forma cómo vive. Creo que aquí cae bien el eslogan de la visita del papa San Juan Pablo II a Venezuela: “despierta y reacciona”. ¡Que Dios nos brinde esa oportunidad!

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Actualizado
16/03/2018
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