Emilia Fernández, canastera, gitana y mártir

libro de la beatificación de Emilia Fernández, primera gitana mártir beatificada en Almería 25 marzo 2017

Esta es la historia de la primera mujer calé que sube a los altares

libro de la beatificación de Emilia Fernández, primera gitana mártir beatificada en Almería 25 marzo 2017

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA | Este 25 de marzo, la Iglesia almeriense vive un día para la historia con la beatificación de José Álvarez- Benavides y 114 compañeros, mártires en la Guerra Civil. Pero la celebración, que presidirá el cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, también será muy especial para la comunidad gitana. Y es que, entre todos los ascendidos a los altares (90 curas, 22 laicos, dos sacedotes operarios y un franciscano), está Emilia Fernández Rodríguez, la canastera (se ganaba la vida fabricando cestos de mimbre). La primera mujer gitana beatificada continúa la estela marcada por Ceferino Giménez Malla, el Pelé, mártir también en la guerra fraticida, beatificado en 1997, y con el proceso de canonización en su fase final.

De hecho, las historias de ambos están entrelazadas. No solo por el contexto y su muerte por la fe, sino por ser el rosario el símbolo de su martirio. Al poco de estallar la guerra, el Pelé reprendió a unos milicianos que golpeaban a un sacerdote. Le detuvieron por llevar un rosario. Amigos suyos mediaron y consiguieron su liberación a cambio de que lo entregara, pero se negó. Finalmente, fue fusilado en Barbastro con su rosario en la mano…

Emilia Fernández (Tíjola, Almería, 1914) pasó por un trance similar dos años después. Encarcelada en junio de 1938 por tratar de ayudar a su marido y que no fuera llamado a filas, conoció tras las rejas a unas compañeras con las que descubrió la fe católica. Las autoridades de la prisión la presionaron para que revelara el nombre de sus catequistas, pero se negó… Hasta las últimas consecuencias.

Murió el 25 de enero de 1939, a los 12 días de dar a luz a una niña en unas condiciones deplorables, sin ayuda médica y en una celda de aislamiento. Sin separarse del rosario que le habían regalado sus amigas.

En charla con Vida Nueva, José Juan Alarcón Ruiz, delegado de las Causas de los Santos de la Diócesis de Almería, se felicita por la especial fuerza de este testimonio: “Los valores que nos deja Emilia son la confianza, la sinceridad y la valentía”. Pudo haber escapado del castigo que la llevó a la muerte, pero fue fiel a sus compañeras y a la fe que le habían regalado. Hoy la Iglesia reconoce que su sacrificio fue el del martirio.

“La fórmula –especifica– es la del martirio ex audenis carceris. Aunque no fue asesinada, al ser dejada morir por mantenerse firme en su fe, equivale a la misma condición”.

En realidad, poco se sabe de la vida de Emilia Fernández. Pasó su infancia y juventud en las cuevas de Tíjola, ayudando a la economía familiar haciendo cestas, por las que tenías las manos muy dañadas. Ni siquiera hay una sola foto suya, pero sí está retratada en un cuadro atribuido a Bartolomé Martín en el que aparece dibujada entre rejas junto a su hija recién nacida. Tampoco se conserva su cuerpo; al día siguiente de morir, fue enterrada en una fosa común en el cementerio de Almería. (…)

En la cárcel, relata Alarcón, entre las decenas de reclusas que malvivían hacinadas, conoció “a Dolores del Olmo y a María Ángeles Roda Díaz, a quienes les pidió que le enseñaran a rezar”. A sus 24 años, analfabeta, aprendió con ellas a persignarse y las oraciones principales. (…)

Su catequista, la única superviviente

Por desgracia, se perdió el rastro de la hija. De vivir, acabaría de cumplir los 78 años y desconocería su origen. Aunque, según ha conocido esta revista, podría no ser así…

En conversación con Vida Nueva, María Ángeles Roda Díaz, –a sus casi 97 años la única superviviente de esta historia– cuenta que hace cinco años recibió una llamada muy especial: “Me llamó una mujer desde el Ayuntamiento de Tíjola. No me dijo su nombre, pero quería darme las gracias por haber ayudado a Emilia y saber cosas de ella. Se identificó como la nieta de Emilia…”. Un hecho que, de confirmarse, daría la vuelta a la idea de que la hija de Emilia habría sido entregada a una familia republicana y jamás se habría vuelto a tener noticias suyas. (…)

Más allá, el testimonio de María Ángeles es significativo para ahondar en la experiencia de fe de Emilia en la cárcel: “Recuerdo el día en que llegó… Venía acongojada, con mucho miedo. (…) Nos veía orar y nos pedía que le enseñáramos” (…).

Publicado en el número 3.028 de Vida Nueva. Ver sumario

 


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Actualizado
17/03/2017
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