José Lorenzo, redactor jefe de Vida Nueva
Redactor jefe de Vida Nueva

La Plaza de Alberto


Compartir

Hace ya un rato que han acabado las misas dominicales de la mañana en la madrileña colegiata de San Isidro. Se apaga con un sonido seco la iluminación del altar mayor y un pequeño grupo de turistas enfila la salida, siguiendo la única luz que entra a través del gran portalón central. Allí está, a oscuras, en la pequeña capilla lateral. Y tiene compañía.

Un hombre reza en silencio. No se le ve todavía un mendigo, pero la vida parece estarle pasando alguna factura atrasada. Él estaría encantando con su “buen amigo”. ¿Habrá empezado a ser esta también la capilla de Alberto como, en los estertores del franquismo, la parroquia asuncionista del Dulce Nombre de María, en Vallecas, se convirtió en la iglesia de Alberto? Allí fijó su residencia como obispo auxiliar y allí recalaban todos los que tenían algún problema, que debían de ser no pocos, pues tuvo que ampliar el horario de atención.

Cerca de esta parroquia, en la Ciudad de los Muchachos, los miembros de aquella iglesia y nuevos fieles se reunirán el 25 de marzo para recordar a Alberto Iniesta en una jornada dedicada a recuperar su memoria y legado.

La fecha no es casual: hará entonces 42 años de la no celebración –por orden gubernamental que llenó el lugar de policías– de aquel “miniconcilio” que pretendió ser la Asamblea Cristiana de Vallecas. Todavía vivo Franco, un obispo enjuto, fumador y cinéfilo, traía al extrarradio de Madrid –antes de que se pusieran de moda las periferias actuales– la vanguardia del Concilio. Como el buen pastor que era, se quedó a la puerta hasta que se dispersaron todos los congregados, evitando la detención de algunos vecinos y sacerdotes. Lástima del poco recorrido –también en nuestra Iglesia– de esta otra memoria histórica.

Tras festejarle, habrá algunos que se vayan a esa plaza todavía sin nombre de Vallecas y que, para ellos, aunque la junta municipal de distrito aún no se haya pronunciado, es ya la Plaza de Alberto.

Publicado en el número 3.025 de Vida Nueva. Ver sumario

 


ESPECIAL ALBERTO INIESTA: