Francisco, firme ante la Curia, también en Navidad

papa Francisco dirige su discurso de Navidad a la Curia 22 diciembre 2016

Francisco desnuda las resistencias a las reformas inspiradas por “el demonio” y pide más conversión

papa Francisco dirige su discurso de Navidad a la Curia 22 diciembre 2016

El discurso del Papa a la Curia tuvo lugar el 22 de diciembre

ANTONIO PELAYO (ROMA) | Desde hace años, días antes de la Navidad, el Papa recibe en la Sala Clementina del Palacio Apostólico a los cardenales, a los superiores de los diversos dicasterios de la Curia, de las oficinas y otros organismos de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano. Además del habitual intercambio de felicitaciones navideñas, Francisco ha dedicado sus discursos de los tres últimos años a la reforma de la Curia; en 2014 señaló sus defectos y en 2015 indicó los tratamientos o el catálogo de virtudes necesario para quien presta ese servicio eclesial.

Este año ha querido poner en evidencia la “lógica” de esa reforma, cuyo objetivo es hacerla más “conforme” a su fin, que es “apoyar al Romano Pontífice en el ejercicio de su potestad única, ordinaria, plena, suprema, inmediata y universal”.

Es un discurso denso, riguroso y muy inspirado en el magisterio del beato Pablo VI (al que cita en diez ocasiones) y en el del Concilio Vaticano II, especialmente en la constitución Lumen gentium. El punto de partida es “que el semper reformanda de la Curia, al igual que pasa con la Iglesia entera, también se ha de transformar en una conversión personal y estructural permanente”. Después de estos enunciados, Bergoglio, tras reconocer que “en este camino, es normal, e incluso saludable, encontrar dificultades”, abordó sin medias tintas ni eufemismos el tema de las resistencias que su voluntad reformista está encontrando.

Hay diversas tipologías, indicó. Concretamente tres: “Las resistencias abiertas, que a menudo provienen de la buena voluntad y del diálogo sincero; las resistencias ocultas, que surgen de los corazones amedrentados o petrificados que se alimentan de las palabras vacías del gatopardismo espiritual de quien de palabra está decidido al cambio, pero desea que todo permanezca como antes; también existen las resistencias maliciosas, que germinan en mentes deformadas y se producen cuando el demonio inspira malas intenciones (a menudo disfrazadas de corderos). Este último tipo de resistencias se esconden detrás de las palabras justificadoras y, en muchos casos, acusadoras, refugiándose en las tradiciones, en las apariencias, en la formalidad, en lo conocido o en su deseo de llevar todo al terreno personal, sin distinguir entre el acto, el actor, la acción”.

Consciente de que algunos de los que le escuchaban pertenecen al grupo de los resistentes, dejó claro que está dispuesto a seguir adelante, “con fidelidad a lo esencial, con un continuo discernimiento, con valentía evangélica, con sabiduría eclesial, con escucha atenta, con acciones tenaces, con silencio positivo, con firmes decisiones, con mucha oración [‘con mucha oración’, repitió], con profunda humildad, con clara visión de futuro, con pasos concretos hacia adelante e incluso (cuando sea necesario) retrocediendo, con voluntad decidida, con vibrante vitalidad, con responsable autoridad, con total obediencia; pero, en primer lugar, abandonándose a la guía segura del Espíritu Santo, confiando en su necesaria oración. Por esto, oración, oración, oración”.

Doce criterios guía

El discurso prosiguió después exponiendo doce criterios guía de la reforma: individualidad (conversión personal), pastoralidad (conversión pastoral), misionariedad (cristocentrismo), racionalidad, funcionalidad, modernidad (actualización), sobriedad, subsidiaridad, sinodalidad, catolicidad, profesionalidad y gradualidad (discernimiento). Como remate, ilustró “algunos pasos realizados” desde la creación, el 13 de abril de 2013, del Consejo de cardenales (el llamado C-9), que le asesora en el gobierno de la Iglesia universal y en la revisión de la constitución Pastor Bonus, de san Juan Pablo II.

Creo necesario añadir otro párrafo de este discurso, uno de los más programáticos del pontificado: “La reforma no tiene una finalidad estética, como si se quisiera hacer que la Curia fuese más bonita; ni puede entenderse como una especie de lifting, de maquillaje, un cosmético para embellecer el viejo cuerpo; ni siquiera como una operación de cirugía plástica para quitarle las arrugas. Queridos hermanos, no son las arrugas lo que hay que temer en la Iglesia, sino las manchas”.

papa Francisco celebra misa Navidad del Señor Nochebuena 24 diciembre 2016 incensando el belén en la Basílica vaticana

Con varios niños, durante la ‘misa del gallo’

“La indiferencia de la mayoría”

A las nueve y media de la noche del sábado 24 de diciembre dio comienzo, en la Basílica de San Pedro, la popularmente conocida como ‘misa del gallo’. La presidió el Santo Padre y concelebraron con él numerosos cardenales, obispos y sacerdotes. En el templo habían sido admitidos, después de severos controles policiales, algunos millares de fieles de las más diversas nacionalidades. Después de la proclamación de la calenda o cronología desde la creación del mundo hasta la natividad de Jesús en Belén, sonaron las campanas de la basílica y se encendieron las luces. Tras las lecturas bíblicas, el Papa pronunció su homilía en esa “noche de gloria”.

“El evangelio –dijo– nos revela una paradoja: habla del emperador, del gobernador, de los grandes de aquel tiempo, pero Dios no se hace presente allí; no aparece en la sala noble de un palacio real, sino en la pobreza de un establo; no en los fastos de la apariencia, sino en la sencillez de la vida; no en el poder, sino en una pequeñez que sorprende. Y para encontrarlo hay que ir allí, donde él está; es necesario reclinarse, abajarse, hacerse pequeño. El Niño que nace nos interpela: nos llama a dejar los engaños de lo efímero para ir a lo esencial, a renunciar a nuestras pretensiones insaciables, a abandonar las insatisfacciones permanentes y la tristeza ante cualquier cosa que siempre nos faltará. Nos hará bien dejar estas cosas para encontrar de nuevo en la sencillez del Niño Dios la paz, la alegría, el sentido de la vida”.

El pensamiento del Papa se dirigió después a los “niños que, hoy, no están recostados en la cuna ni acariciados por el afecto de una madre ni de un padre, sino que yacen en los ‘escuálidos pesebres donde se devora su dignidad’: en el refugio subterráneo para escapar de los bombardeos, sobre las aceras de una gran ciudad, en el fondo de una barcaza repleta de emigrantes. Dejémonos interpelar por los niños a los que no se les deja nacer, por los que lloran porque nadie les sacia su hambre, por los que no tienen en su manos juguetes, sino armas”.

Finalmente, afirmó: “Jesús nace rechazado por algunos y ante la indiferencia de la mayoría. También hoy puede darse la misma indiferencia cuando Navidad es una fiesta donde los protagonistas somos nosotros en vez de él; cuando las luces del comercio arrinconan en la sombra la luz de Dios, cuando nos afanamos por los regalos y permanecemos insensibles ante quien está marginado”.

Mensaje ‘urbi et orbi’ desde el balcón central de la Basílica vaticana

Mensaje ‘urbi et orbi’

El día de Navidad amaneció con frío a pesar del sol, que ya lucía cuando la multitud, superados los estrictos registros por parte de las fuerzas de seguridad, empezó a llenar la Plaza de San Pedro. Puntual, el Papa apareció en el balcón central de la fachada de la basílica, mientras en la plaza la Guardia Suiza y el ejército italiano le rendían honores militares y sus dos bandas interpretaban los himnos de Italia y de la Santa Sede. Bergoglio estaba acompañado por los cardenales Leonardo Sandri y João Braz de Aviz, prefectos de las congregaciones para las Iglesias Orientales y los Institutos de Vida Religiosa, respectivamente.

El contenido de su mensaje urbi et orbi está perfectamente sintetizado en el titular que escribió L’Osservatore Romano: “Solo hay futuro con la paz”. “Hoy –dijo–, este anuncio de paz recorre toda la tierra y quiere llegar a todos los pueblos, especialmente los golpeados por la guerra y por conflictos violentos”.

A continuación, enumeró la dramática lista de naciones martirizadas por los combates bélicos. En primer lugar, Siria, “donde demasiada sangre ha sido derramada. Sobre todo en la ciudad de Alepo, escenario en las últimas semanas de una de las batallas más atroces, es muy urgente que se garanticen asistencia y consuelo a la extenuada población civil, que se encuentra todavía en una situación desesperada y de gran sufrimiento y necesidad. Es hora de que las armas callen definitivamente y la comunidad internacional se comprometa activamente para que se logre una solución negociable y se restablezca la convivencia civil en el país”.

Seguidamente repasó el mapamundi de las guerras activas en los cinco continentes, nombrando en concreto Irak, Libia, Yemen, Sudán del Sur, la República Democrática del Congo y Ucrania oriental. Pidió “concordia para el pueblo colombiano, que desea cumplir un nuevo y valiente camino de diálogo y de reconciliación”. Asimismo, deseó que “dicha valentía anime también a la amada Venezuela para dar los pasos necesarios con vistas a poner fin a las tensiones actuales y a edificar conjuntamente un futuro de esperanza para la población entera”.

No faltaron sus deseos de paz “a los que han perdido a un ser querido debido a viles actos de terrorismo que han sembrado miedo y muerte en el corazón de tantos países y ciudades”; y, un poco más adelante, “paz a los pueblos que sufren por las ambiciones económicas de unos pocos y la avaricia voraz del dios dinero que lleva a la esclavitud”.

papa Francisco preside la misa 1 enero 2017 solemnidad de María Madre de Dios Basílica de San Pedro

El Papa presidió la misa el 1 de enero, Solemnidad de María Santísima Madre de Dios

Bello texto sobre María

El gran tema de la paz volvió a recordarlo el Papa el domingo 1 de enero. El primer día del año, desde hace medio siglo, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de la Paz. Fue, en plena Guerra Fría, una intuición del beato Montini que ha alimentado la reflexión y el compromiso de la Iglesia en favor de un bien que es anhelo profundo de todo ser humano.

El 1 de enero es también es la solemnidad litúrgica de María Santísima Madre de Dios, y esta es la razón de que este Pontífice mariano dedicase su homilía a glosar la figura de la Virgen de Nazaret, en uno de los textos más bellos que ha pronunciado. “María –dijo– nos dio el calor materno, ese que nos cobija en medio de la dificultad; el calor materno que permite que nada ni nadie apague en el seno de la Iglesia la revolución de la ternura inaugurada por su Hijo. Donde hay madre hay ternura”.

“Las madres –añadió en otro momento– son el antídoto más fuerte contra nuestras tendencias individualistas y egoístas, ante nuestros encierros y apatías. Una sociedad sin madres no sería solamente una sociedad fría, sino una sociedad que ha perdido el corazón, que ha perdido el ‘sabor a hogar’. Una sociedad sin madres sería una sociedad sin piedad, que ha dejado lugar solo al cálculo y la especulación. Porque las madres, incluso en los peores momentos, saben dar testimonio de la ternura, de la entrega incondicional, de la fuerza de la esperanza”.

“Comenzar el año haciendo memoria de la bondad de Dios en el rostro maternal de María nos protege de la corrosiva enfermedad de la ‘orfandad espiritual’, esa orfandad que vive el alma cuando se siente sin madre y le falta la ternura de Dios”.

Decía antes que este es un Papa muy mariano. Prueba de ello es que, desde que fue elegido, ha visitado en 37 ocasiones la Basílica de Santa María la Mayor. El que ha sido hasta ahora su arcipreste, el cardenal español Santos Abril, ha cesado en su cargo después de haber superado los 80 años. Le sucede en tal encomienda el cardenal polaco Stanislaw Rylko.

Llanto y “perdón” por los niños inocentes y abusados

Firmada el 28 de diciembre, fiesta de los Santos Inocentes, el 2 de enero se hizo pública una carta del Pontífice a todos los obispos del mundo. En ella les invita a no ignorar que “hoy también se sigue escuchando el gemido y el llanto de tantas madres, de tantas familias por la muerte de sus hijos, de sus hijos inocentes”. Las cifras que da el Papa son impresionantes: 75 millones de niños han tenido que interrumpir su educación, el 68% de las personas que sufren trata sexual son niños, la mitad de los niños menores de 5 años que mueren ha sido a causa de la malnutrición, este año 150 millones de niños han realizado trabajo infantil, algunos como esclavos…

“Escuchemos también –les dice a sus hermanos obispos– el llanto y el gemir de estos niños y el gemir también de nuestra madre Iglesia, que llora no solo frente al dolor causado a sus hijos más pequeños, sino también porque conoce el pecado de algunos de sus miembros: el sufrimiento, la historia y el dolor de los menores que fueron abusados sexualmente por sacerdotes. Pecado que nos avergüenza. Personas que tenían a su cargo el cuidado de esos pequeños han destrozado su dignidad. Esto lo lamentamos profundamente y pedimos perdón. Nos unimos al dolor de las víctimas y, a su vez, lloramos el pecado. El pecado por lo sucedido, el pecado de omisión de asistencia, el pecado de ocultar y negar, el pecado del abuso de poder”.

Publicado en el número 3.018 de Vida Nueva. Ver sumario

Actualizado
05/01/2017
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