La mujer del animal

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El lenguaje de la exclusión

La mujer del animal es el más reciente largometraje de Víctor Gaviria. A partir de una historia de la vida real, la película profundiza sin ambages el drama del maltrato de género.

El director antioqueño investigaba para otro proyecto en Medellín, cuando conoció en una comuna a Margarita. Víctima de secuestro y violación, abusada entre 1975 y 1982 por un criminal de barrio, con quien tuvo tres hijos, Margarita le confío a Víctor Gaviria el relato de su vida.

“Ella representa a todas las mujeres violadas y también a las que, reprimidas por un hombre, perdieron su libertad y su dignidad”, ha dicho el director antioqueño, quien quiso que la película fuera un homenaje a las mujeres que mueren en silencio. “Quería mostrar cómo nace y crece una familia alrededor de un abuso infame (…) una historia muy difícil de contar”.

Luego de participar en el Festival Internacional de Cine de Toronto, La mujer del animal estuvo presente en el Festival de Cine de Roma, donde recibió buenos comentarios. En Colombia llegará a los cines a inicios del año entrante.

Es la tercera vez que Gaviria retrata in extenso la vida de las comunas. Ya en la Vendedora de rosas se había ocupado de ofrecer un retrato femenino de la exclusión. Esta vez el retrato amplía sus dimensiones. El realismo se profundiza.

Entrevistado por Semana, Gaviria señaló: “A mí me gusta estar inmerso en la realidad (…) Busco traducir la realidad al lenguaje del cine. Sin duda, hago películas donde se arriesgan muchísimas cosas: que no se pueda hacer, que se vaya para otro lado o que fracase. Pero yo insisto porque, además, tengo un compromiso de contar lo que realmente pasa en Medellín y en Colombia”. Este compromiso queda de manifiesto en su cuarto largometraje. La historia llega en momentos en que en el país, al igual que en otras partes del continente, se multiplican las movilizaciones en reacción a los crímenes de odio contra las mujeres.

En una reciente columna para El País, Leila Guerriero escribía: “En Colombia nos arrojan ácido, en Chile nos arrancan los ojos, en mi país nos prenden fuego. Cada quien cultiva sus bestias”. Gaviria no ha querido ponerle máscaras al misterio del mal encarnado. Eso sí, ha optado por narrar desde el lugar de la sobreviviente, de la mujer. Por eso su película es también una contribución a la reconstrucción de tejido social.

Miguel Estupiñán

Actualizado
13/11/2016
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