Teología latinoamericana: ¡soplan nuevos vientos!

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Casi trescientos teólogos, teólogas, agentes de pastoral, intelectuales y profesionales católicos de América Latina, se reunieron en Brasil, durante la última semana de octubre (del 26 al 30) para pensar y proyectar “una Iglesia que camina con Espíritu y desde los pobres”. ¡Nuevos vientos soplan en la teología latinoamericana!

Como una “foto de familia” quedó registrado el reencuentro de más de una treintena de patriarcas y matriarcas de la Teología de la liberación en Belo Horizonte, la capital del estado brasilero de Minas Gerais, con motivo del II Congreso Continental de Teología promovido por Amerindia Continental (ver recuadro), con el apoyo y la participación de 24 instituciones y organizaciones eclesiales.

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En la foto de los “históricos” se distingue a Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Víctor Codina, Margot Bremer, Marcelo Barros, Pedro Trigo, José Oscar Beozzo, Carlos Mesters, Pablo Richard, Paulo Suess, Diego Irarrázaval, Pablo Bonavía, Juan Hernández Pico, Eduardo de la Serna, Pedro Ribeiro de Oliveira, Eduardo Hoornaert… En la imagen también se alcanza a leer el título del Congreso: “Iglesia que camina con Espíritu y desde los pobres”.

Otros “veteranos” que no aparecen en el registro gráfico también participaron en el Congreso. Entre ellos, dos obispos insignia de la pastoral social: Demétrio Valentini, emérito de Jales (Brasil), y Álvaro Ramazzini, de Huehuetenango (Guatemala).

Leonardo Boff, teólogo brasilero

Leonardo Boff, teólogo brasilero

Acto seguido, en el mismo escenario, un nutrido grupo de teólogos y teólogas jóvenes, de diversas nacionalidades, fueron retratados con el trasfondo del logotipo del Congreso que evoca la diversidad étnica y cultural de “la Iglesia de a pie”, que peregrina animada por el mismo Espíritu que guió a los padres Conciliares, hace 50 años, en el Vaticano II, y a los obispos de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Medellín, en 1968, donde se fraguó una nueva forma de ser y de hacer Iglesia en América Latina, desde la opción por los pobres.

Comparativamente, ambas fotos –la de los “históricos” y la de los “jóvenes” teólogos– posibilitan algunas observaciones preliminares, además de la evidente distancia generacional. En la primera la mayoría son hombres, en la segunda hay una mayor presencia femenina. Buena parte de los “históricos” son clérigos y religiosos/as, en cambio, los teólogos y las teólogas jóvenes son predominantemente laicos y laicas. De igual forma, en contraste con el primer retrato, donde resulta relativamente fácil distinguir a las “grandes estrellas” de la Teología de la liberación, en el segundo un espectador convencional difícilmente podría reconocer a los “pequeños luceros” que prometen ser el relevo de los mayores –muchos de ellos octogenarios–, herederos de una tradición teológica latinoamericana que se identifica con la Iglesia de los pobres, desde los pobres y para los pobres.

Amerindia: red de redes

Con espíritu ecuménico, la red católica Amerindia “se siente parte de una entrañable tradición del cristianismo latinoamericano-caribeño que encontró su expresión eclesial más reconocida en la Conferencia de obispos de Medellín. Esta tradición dio un paso decisivo al redescubrir la fuerza transformadora de lo pequeño y de los pequeños dejando a un lado así el viejo deseo de ser una Iglesia poderosa”.

En los últimos 15 años, Amerindia ha “lanzado sus redes” en la formación y consolidación de grupos de reflexión-acción en gran parte de la geografía latinoamericana y caribeña, y ha apoyado a colectivos vinculados con la defensa del medio ambiente, los derechos humanos, la teología afro e india, la teología femenina y, de modo especial, ha tenido una destacada presencia en los Foros Sociales Mundiales y en la asesoría teológica de algunos obispos durante la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida (Brasil).

Su secretaria ejecutiva, la uruguaya Rosario Hermano, considera que “uno de los aciertos de Amerindia es su capacidad de convocatoria y de sumar sinergias, voluntades y colaboraciones de tantos y tantas que escriben, coordinan, articulan y se comprometen, tanto en sus países como a nivel continental”. Está convencida de que “el otro mundo posible y la Iglesia posible nacen de la base, desde la escucha atenta a las distintas prácticas”, como ha ocurrido en los dos Congresos Continentales de Teología de 2012 y 2015.

 

¿Una nueva generación?

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Nuevas generaciones del movimiento de la Teología de la liberación

Como si se tratara de un “álbum inter-generacional” más que de una única “foto de familia”, la escena bien podría ser una expresión gráfica de los vientos frescos que soplan para la teología latinoamericana. ¿Una nueva generación de teólogos y teólogas de la liberación está emergiendo? Puede ser. “De ustedes depende, según lo que hagan”, sentenció sabiamente Gustavo Gutiérrez, al agradecer la carta-homenaje que le hicieron los jóvenes teólogos durante el Congreso. Y añadió, con el cariño paternal de un abuelo, que “no basta ser joven para ser una promesa”.

Con todo, se constata que un cierto aire de “primavera eclesial” está oxigenando el proyecto de una teología que nació en el revés de la historia, entre pobrezas y marginaciones, allí donde se cuecen las resistencias de hombres y mujeres violentados por un sistema excluyente y opresor: indígenas, afrodescendientes, campesinos, mujeres, jóvenes, niños, migrantes, algunos incluso víctimas de la trata de personas… Ellos y ellas, “rostros” contemporáneos del Crucificado, junto con los mártires del continente latinoamericano y la Pacha Mama (Madre Tierra) asediada y amenazada, fueron evocados durante las celebraciones litúrgicas que impregnaron los contenidos de las conferencias, los paneles, los talleres y las comunicaciones científicas del Congreso, con la ráfaga de un nuevo Pentecostés teológico que es fruto, también, de la dinámica de la reforma eclesial que lidera Jorge Mario Bergoglio, el primer papa latinoamericano.

A diferencia del primer Congreso Continental de Teología, que tuvo lugar en 2012 en São Leopoldo (Brasil), en medio de tensiones y ambientes adversos, el clima eclesial del segundo Congreso, al tenor de las opciones, los gestos y las enseñanzas del papa Francisco, representa una inusitada oportunidad o un “hito eclesial”, si se quiere, en la actual coyuntura que atraviesa la Iglesia, en la que se presagia la posibilidad de un “nuevo aire” para una teología descentralizada, no autorreferencial y sí en diálogo con las acuciantes realidades de los últimos, los “más pequeños”, los que experimentan mayor vulnerabilidad, incluyendo, claro está, el cuidado de la “casa común” (cf. Laudato si’).

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Carlos Mesters, fundador del Centro Ecuménico de Estudios Bíblicos

Reforma eclesial y liberadora

Ya el Congreso de São Leopoldo, celebrado con motivo de los 50 años de la inauguración del Concilio Vaticano II y los 40 de la publicación del libro Teología de la liberación, perspectivas, de Gutiérrez, había logrado “avivar la llama de una teología que quiere ser fuego que encienda otros fuegos en la Iglesia y en la sociedad”. Tres años después, esta vez coincidiendo con el 50º aniversario de la clausura del Vaticano II, el Congreso de Belo Horizonte asumió la invitación del Papa en su encíclica programática Evangelii Gaudium de “entrar en un proceso decidido de discernimiento, purificación y reforma (EG, No. 30), que apunte a desentrañar, anunciar y secundar la presencia liberadora del Reino de Dios en el seno de la historia antes que a la pura autopreservación institucional”, como señaló en la presentación y encuadre del congreso la religiosa mexicana Socorro Martínez Maqueo, coordinadora de Amerindia Continental.

Más aún, el teólogo uruguayo Pablo Bonavía, sacerdote y responsable del observatorio eclesial de Amerindia Continental, destacó que la perspectiva desde la cual se gestó y concibió el Congreso responde al perenne imperativo de la reforma eclesial (ecclesia semper reformanda) que “lejos de todo narcisismo, promueve la participación en la urgente gestación de un paradigma civilizatorio alternativo en el que no afirmemos lo propio por destrucción de lo diferente, vivamos la alteridad como mediación de la propia identidad y cuidemos de nuestra casa común”.

De ahí que el principal propósito del Congreso haya sido “reunir a teólogos y teólogas del Continente para discernir desde la Palabra de Dios la presencia del Espíritu Santo al interior de las prácticas de solidaridad con los excluidos, como raíz de una nueva manera de ser comunidad cristiana y de la necesaria reforma que la Iglesia está desafiada a realizar hoy”.

Respondieron a la convocatoria 292 personas, laicos y laicas la mayoría, provenientes de 23 países de América y de Europa. Durante cinco días (del 26 al 30 de octubre de 2015), en la casa de retiros San José y en las instalaciones del Instituto Santo Tomás de Aquino, en Belo Horizonte, siguiendo el método ver-juzgar-actuar –que ha caracterizado a la Iglesia latinoamericana y caribeña–, se reflexionó sobre las interpelaciones del Espíritu en la actual coyuntura socio-eclesial (ver), las líneas centrales de la neumatología desde América Latina (juzgar), y los caminos a recorrer en el proceso de reforma eclesial (actuar).

Trípode temático

A la luz de estas grandes cuestiones, que bien reflejan el trípode temático propuesto para el Congreso a partir de las categorías Pueblo de Dios, neumatología y reforma de la Iglesia, se desarrollaron diez conferencias y cuatro paneles: El factor religioso en el contexto de la conflictividad global (Leonardo Boff, de Brasil); Los procesos culturales, políticos, económicos y ecológicos en el contexto de un modelo civilizatorio mundial (Juan Luis Hernández, de México); Los desafíos y las oportunidades de la coyuntura eclesial global y continental (Cecilia Tovar, de Perú); Las experiencias del Espíritu en algunos sujetos significativos de América Latina y el Caribe (Etel Nina Cáceres, de Perú, y Vicenta Mamani, de Bolivia); El Espíritu y la autoridad de los mártires (Juan Hernández Pico, de El Salvador); La multiforme experiencia del Espíritu en el contexto social, cultural y eclesial latinoamericano (Marcelo Barros, de Brasil); La experiencia del Espíritu en la Biblia (Solange do Carmo, Carlos Mesters, Francisco Orofino, de Brasil, y Eduardo de la Serna, de Argentina); Una neumatología a partir de la experiencia de América Latina y el Caribe (Víctor Codina, de Bolivia); El Espíritu y la autoridad de los pobres (Gustavo Gutiérrez, de Perú); Modelos de Iglesia en el hoy de América Latina (José Oscar Beozzo, de Brasil); La reforma eclesial a partir de la acción del Espíritu en el corazón de todos los pueblos (Carlos Schickendantz, de Chile); Luces para la reforma de la Iglesia en un mundo conflictivo, pluralista y desigual (monseñor Álvaro Ramazzini, de Guatemala, y Virginia Azcuy, de Argentina); La urgencia de lo escencial (Pedro Trigo, de Venezuela); y Los frutos que el Espíritu nos ofrece hoy (Juan Luis Hernández, Juan Hernández Pico e Isabel Corpas, de Colombia).

En el centro, Gustavo Gutiérrez, autor de Teología de la liberación

En el centro, Gustavo Gutiérrez, autor de Teología de la liberación

La conferencia inaugural de Boff generó una particular expectativa. “Detrás de los grandes conflictos hay motivos políticos y religiosos”, afirmó el teólogo brasilero, de ahí que “en momentos de crisis de las civilizaciones, las religiones juegan un papel importante”. Ante la amenaza que representan los fundamentalismos –la “enfermedad de las religiones”– y el terrorismo, en su propósito de “ocupar las mentes de las personas” y alimentar el miedo en la sociedad, insistió en el papel fundamental que cumplen las religiones, dado que comparten con la tecno-ciencia un inusitado liderazgo capaz de movilizar a los hombres y a las mujeres de este tiempo. Por eso, “descubrir el capital espiritual de los seres humanos hará posible una tierra de la buena esperanza, de la bio-civilización, donde el eje constructor sea la vida”.

Además de este desafiante panorama, los agudos análisis coyunturales que presentaron los laicos Juan Luis Hernández y Cecilia Tovar ofrecieron nuevos elementos a las hermenéuticas que se dieron durante el Congreso, algunas de ellas con un marcado acento narrativo, como las que presentaron las teólogas Etel Nina Cáceres y Vicenta Mamani, desde la rica tradición teológica de la Iglesia del sur andino, o la meditación que compartió Marcelo Barros, con un marcado acento espiritual afroamericano.

Con un tono más expresamente neumatológico, algunos de los pioneros de la lectura popular de la Biblia, como Carlos Mesters, Francisco Orofino, Solange do Carmo y Eduardo de la Serna, dieron lugar a una rica polifonía para señalar la primacía del Espíritu en la Palabra de Dios, mientras que Víctor Codina desarrolló su exposición bajo la premisa de que “el Espíritu del Señor actúa desde abajo” –título de su último libro–, como se constata particularmente en América Latina y el Caribe.

Por su parte, Gustavo Gutiérrez en su conferencia –una de las más esperadas–, con sabiduría patriarcal insistió en la impostergable urgencia de “vivir según el Espíritu”, en libertad, de asumir en plenitud el sentido de la primera bienaventuranza: “ser pobres de Espíritu”, y de “salir en búsqueda de los pobres de Jesucristo”.

DSC_0391En las intervenciones de los dos últimos días del Congreso, Carlos Schickendantz, monseñor Ramazzini, Virginia Azcuy y Pedro Trigo, ofrecieron importantes insumos para hacer viable la reforma de la Iglesia, con un renovado espíritu sinodal que dé paso a una nueva forma de ser y hacer Iglesia, desde el reconocimiento de alteridades y ministerialidades que, en últimas, hagan viable el sueño de “echar la suerte por la humanidad, como solidaridad con los hermanos, con todos los seres humanos, preferencialmente desde los pobres, desde el discipulado de los pobres con espíritu”.

Estos destellos de primavera teológica latinoamericana también tuvieron resonancia en los 15 talleres que se desarrollaron con el ánimo de “construir saberes nuevos y colaborativos, enraizados en las diferentes experiencias que tienen lugar a lo largo y ancho de América Latina y el Caribe”, en diversos asuntos y sujetos emergentes como el derecho a lo urbano, la cosmovisión indígena, los migrantes, la trata de personas, la ecoteología, la vida religiosa, la mujer en la reforma de la Iglesia, las juventudes con sus lenguajes y códigos del mundo poscristiano, las Comunidades Eclesiales de Base, el “buen vivir”, la santidad y el conflicto en América Latina, las hermenéuticas bíblicas frente a las nuevas tendencias fundamentalistas, la enseñanza de la teología, el Reino de Dios ante las nuevas relacionalidades, y el pensamiento teológico de José Comblin, uno de los mayores exponentes de la Teología de la liberación.

Por otra parte, la presentación de 32 comunicaciones científicas permitió vislumbrar algunos nuevos territorios que se están explorando en la teología y en las ciencias de la religión, muchos de los cuales se desarrollan bajo el paradigma investigativo de la inter-disciplinariedad y de la trans-disciplinariedad.

Una teología con Espíritu desde los pobres

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El Mensaje Final del II Congreso Continental de Teología ofrece una aproximación neumatológica a los “signos de los tiempos” que desafían a la teología latinoamericana, en un tiempo donde los urgentes clamores de la Tierra y de los pobres, el terrorismo, las guerras, el consumismo, la violencia y los fundamentalismos, interpelan el quehacer de la comunidad teológica latinoamericana.

“Esta realidad deshumaniza y contradice la voluntad de Dios, se nos pide no acostumbrarnos a la pobreza que siguen viviendo nuestros hermanos y a seguir comprometiéndonos con la causa de Jesús y de los pobres para la construcción del Reino de Dios y su justicia”, afirmaron los participantes del Congreso, resaltando también la autoridad de los mártires que han dado su vida por amor a los pobres como “el mayor símbolo de la presencia misericordiosa de Dios-con-nosotros”.

Ante esto, el Mensaje Final se revela como un “manifiesto” que privilegia la acción del Espíritu “como la fuerza para subvertir la historia, fortaleciendo la liberación real de nuestros pueblos y haciendo que los pobres sean sujetos protagonistas de su destino”. En este sentido, se reconoce que el Espíritu, con sus diversos nombres en las múltiples culturas, “tiene un lugar central en la espiritualidad de América Latina”.

“Sentimos y pensamos que es el Espíritu quien está creando la Iglesia samaritana en América Latina, cercana, próxima a las nuevas víctimas del terror y la exclusión. Mantener este rumbo implicará crear las condiciones para vivir fuertemente la experiencia del Espíritu, volviendo a lo esencial, provocando el encantamiento de otra forma de ser Iglesia que tenga sentido para la gente de hoy. El signo que la caracteriza es ser cada vez más una Iglesia pobre, desde, para y por la causa de los pobres. Y esta opción debe atravesar todas nuestras teologías, estructuras, inserciones y pastorales. En este sentido reafirmamos, la importancia del Vaticano II y de Medellín, como grandes señales del Espíritu en nuestra Iglesia”.

Primeras flores

Además de los contenidos de las conferencias, los talleres y los trabajos científicos –objeto de una próxima publicación de Amerindia–, así como las experiencias compartidas y los horizontes vislumbrados, las convicciones que se presentaron en el Mensaje Final del Congreso (ver recuadro) son apenas las primeras flores de una nueva primavera para la teología latinoamericana.

¡Soplan nuevos vientos! Es posible que este haya sido el sentir común de los “históricos” y de los jóvenes teólogos mientras se retrataban con la convicción de seguir apostando por “una Iglesia que camina con Espíritu y desde los pobres”.

Óscar Elizalde

Actualizado
29/11/2015
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