Nulidades matrimoniales

Ginés García Beltrán, obispo de Guadix-BazaGINÉS GARCÍA BELTRÁN | Obispo de Guadix-Baza

De entrada, he de reconocer que me ha sorprendido el revuelo que ha suscitado, sobre todo al interior de la Iglesia, el motu proprio del papa Francisco Mitis iudex Dominus Iesus, por el que se reforma el proceso canónico para las causas de declaración de las nulidades matrimoniales.

Esta reforma del proceso canónico de nulidad matrimonial no pilla, o no debería pillar, desprevenidos a los profesionales del derecho canónico. Sabíamos que se hacía necesaria una reforma que agilizara los procedimientos como exigencia del derecho que tienen los fieles, y, por tanto, por el bien de la justicia. Sin olvidar nunca las consecuencias pastorales y la salvación de las almas, que es el fin del derecho en la Iglesia.

No negaré que la lectura del documento provoca dificultades, y que hay algunos temas en él en los que tendremos que detenernos y hacer una justa aplicación, incluso puede que algunos vean esta reforma como precipitada. Pero no podemos olvidar que es una ley del supremo legislador y que a nosotros nos toca aplicarla.

A mí, particularmente, me satisface la teología del episcopado subyacente en el documento, fruto de la imagen del obispo del Concilio Vaticano II. El obispo que es catequista y sacerdote en su iglesia particular, lo que nadie cuestiona; también es el juez. No está mal recordarlo y practicarlo.

Ahora nos toca hacer una verdadera Receptio de esta reforma. Hay lecturas e interpretaciones de primera hora que no son justas ni convenientes. Ahora la doctrina canónica tendrá mucho que decir, y los obispos, con sus iglesias particulares a la hora de su aplicación, también.

En el nº 2.960 de Vida Nueva

 

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