Libros

ENTRE PALABRAS: ‘El tambor de hojalata’, de Günter Grass


El tambor de hojalata, de Gunter Grass

Título: El tambor de hojalata

Autor: Günter Grass

Editorial: Alfaguara, 2009

Ciudad: Barcelona

Páginas: 680

LUIS RIVAS | Un repique, que pica y pica como un remordimiento, o una melodía recurrente que empapa las meninges en una celebración sin preaviso. El reciente fallecimiento de Günter Grass ha resucitado las interpretaciones sobre su novela de mayor calado, El tambor de hojalata, obra que, como todas las de su categoría, había sobrevivido ya al hálito de su autor, siendo capaz de transformar y ser transformada en el núcleo del pensamiento de cada lector, con vueltas y revueltas varias.

De esta forma, las salvas del tambor de Oscar Matzerath han vuelto a ser identificadas con ese pinteo de lágrimas nacido del nazismo, rescatando de paso los aplausos para el señor Grass, Nobel de Literatura en 1999, en su condición de Pepito Grillo de una Alemania histórica y apartada de la razón para siempre.

Pese a todo lo escrito, solo el devenir de los años y los premios literarios impelieron al novelista germano –a quien las miserias y miradas de los demás habían obligado a convertirse en héroe– a rememorar su paso por las Juventudes Hitlerianas, reconociendo el ascendente de los totalitarismos para con los jóvenes románticos y aportando claves biográficas supuestamente definitivas para la comprensión de su corpus literario.

Sin embargo, la novela que hoy nos ocupa abarca mucho más que la conciencia de un hombre brillante, el cual, partiendo de una individualidad radical, desemboca en una revisión tragicómica de la identidad alemana. Matzerath, el protagonista de la novela, nace con el soberbio don de conocer cuanto pasa en el mundo, hasta que, a los tres años, y al recibir como regalo el celebérrimo tambor de hojalata, clara similitud de una cruz pedida para sí mismo, decide dejar de crecer.

Se convertirá entonces en una suerte de juglar que opone sus bastonazos musicales a los encendidos discursos del pueblo nibelungo, en la tradición del Pobrecito Hablador de Larra, sin dejar de recoger asimismo la idea de Arendt sobre la banalización del mal –la noche de los cristales rotos se halla muy presente en la capacidad del personaje para hacer añicos ventanas y puertas a través de un redoble musical–.

Gunter Grass, escritorAsí las cosas, el autor va tejiendo una crítica a la totalidad del mito germánico, tan pleno de fuerza como necesitado de sentido del humor, desde una óptica que nos apela muy especialmente a los españoles, pues Grass nunca reparó en reconocer sus deudas con Cervantes y nuestra picaresca.

Esquizofrenia

El regalo del tambor, decíamos antes, marca el inicio de la pasión de Matzerath, que desembocará en el internamiento del protagonista, a los 29 años de edad, en un sanatorio mental, verdadera cárcel y destierro para los disidentes de los totalitarismos.

Por su parte, el recurso al funcionamiento alterado de una mente normal, muy utilizado en las ficciones contemporáneas, permite al escritor jugar con las estructuras de la obra, empleando diversas voces narrativas que juegan a confundir al lector y enriquecen el texto con infinidad de matices. La verosimilitud de las historias que el protagonista cuenta desde su reclusión, precisamente, ha llevado a la crítica a establecer una relación entre El tambor de hojalata y el realismo mágico acuñado con posterioridad, cuando, a juicio de este cronista, la obra destaca por una fantasía desbordante que acaso solo pretendiera establecer contacto con lo real para el despegue de su epopeya bufa.

En lo referente al estilo, el autor juega con una primera persona omnisciente y una tercera mayestática que entroncan a la perfección con la esquizofrenia del protagonista, aportando una miríada de datos de contexto al lector y situándolo sin piedad en el papel de juzgador, obligado a ponerse en el lugar del hombre sometido a propaganda permanente, teniendo que decidir en cada momento si los mensajes se ajustan a la realidad o son fruto del delirio.

La prosa, de ritmo complejo, combina grandilocuencia y escatología, revelándose con el paso de las páginas un maravilloso conocimiento del lenguaje literario, con filtros y embelecos que convierten esta novela en referencia imprescindible de la literatura fantástica, por cuanto tiene asimismo de nacida a la sombra fúnebre de Hitler.

Dejando a un lado la dimensión humana de Grass –sin duda, más alabada y denostada que sus novelas– y sin pretensión de incurrir en esa obviedad que impide desligar la biografía de un escritor de sus ficciones, diremos que el autor alemán llega a retratar como nadie la puerilidad de extrapolar el mito wagneriano a la geopolítica nacional a través de su propia sinrazón. La culpa, como los tambores, no se puede silenciar.

En el nº 2.938 de Vida Nueva.

Actualizado
23/04/2015 | 09:18
Compartir