Una huella imborrable

Ramón Malla Call fue el obispo leridano de 1968 a 1999

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FRAN OTERO. FOTO: OBISPADO DE LLEIDA. | “La suya ha sido una vida llena de dinamismo, entregada, generosa, comprometida, encarnada; llena de proyectos y de realizaciones en los diferentes campos de la pastoral diocesana…

Pero, sobre todo, hay una cosa que es más difícil de descubrir a primera vista y en la que no abundan mucho los medios de comunicación: la huella que ha dejado en muchas vidas“. Así definía, durante el funeral celebrado el pasado lunes 21 de abril, el obispo de Lleida, Joan Piris, a Ramón Malla Call, uno de sus predecesores en la sede leridana, que había fallecido el día 18, Viernes Santo, a los 91 años de edad.

Ciertamente es destacable la huella que ha dejado este pastor nacido en la Seu d’Urgell en septiembre de 1922, ordenado sacerdote en Salamanca en 1948 y obispo 20 años después. Su servicio al frente de la sede de Lleida fue uno de los más largos de la historia diocesana, pues se extendió durante 31 años, tiempo en el que trabajó, entre otras cosas, en favor de la aplicación de las líneas marcadas por el Concilio Vaticano II y cuya iniciativa cumbre fue la Semana de Pastoral.

Celebrada en 1970, su preparación nos remite a la actualidad, pues entonces se enviaron unas 70.000 encuestas a los fieles –como ha sucedido ante el próximo Sínodo sobre la Familia– donde se planteaban cuestiones sobre la participación laical, la conveniencia de los consejos pastorales, la justa aplicación pastoral de los bienes de la Iglesia, la liturgia y los sacramentos, la educación y la catequesis o la implicación de las familias en la mejora de la sociedad.

En cierto modo, fue un adelantado a su tiempo. Además, su nombramiento fue el primero de una serie que promoverían a sedes catalanas a obispos del territorio, tal y como detalla el propio Obispado de Lleida en su página web.

Ramón Malla, que incentivó la participación activa de su diócesis en el Concilio Provincial Tarraconense y quiso que todas las comunidades de religiosos tuviesen parroquia, vivió sus momentos más amargos con las problemáticas de las propiedades de los canónigos en Montagut y la partición de la diócesis con el paso de parte a la de Barbastro-Monzón, que causó la polémica sobre la propiedad de algunos bienes artísticos, contencioso que hoy en día continúa.

Al margen estas cuestiones, el legado de Malla es fecundo y extraordinario. “Ha intentado ser siempre un buen cristiano y, hasta los últimos tiempos, ha dado ejemplo de delicadeza, de amor a la gente… y buen humor”, afirma Joan Piris.

En el nº 2.891 de Vida Nueva

 

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Actualizado
25/04/2014
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