El sacerdocio, “una forma de ser feliz”

Carlos Osoro arzobispo de Valencia con un grupo de seminaristas

El Día del Seminario reivindica la alegría de anunciar el Evangelio

seminaristas rezando en una iglesia de rodillas

FRAN OTERO | El pasado 19 de marzo, festividad de San José, la Iglesia también celebró el Día del Seminario, aunque algunas diócesis lo adelantaron al domingo anterior, ya que, en mucho lugares de España, fue jornada laborable. En cualquier caso, entre el domingo 16 y el miércoles 19 se sucedieron iniciativas, celebraciones y reflexiones en torno a la importancia de la vocación sacerdotal para la Iglesia con el lema La alegría de anunciar el Evangelio.

En Valencia, el arzobispo Carlos Osoro se reunión con seminaristas, mientras que la Diócesis de Cartagena, a través de la Delegación de Enseñanza, implicó a todos los jóvenes que han elegido la asignatura de Religión con el concurso de dibujo ¿Qué es un sacerdote para ti?, que concluyó con la entrega de premios en el Seminario San Fulgencio, donde alumnos y profesores pudieron conocer las instalaciones y a los seminaristas que allí viven.

En la Diócesis de Coria-Cáceres se celebró un festival vocacional con la música y la fe como protagonistas, y en Cataluña los obispos lanzaron un vídeo encargado ad hoc, donde los sacerdotes que lo protagonizan reivindican su vocación: “Si pudiera volver atrás, volvería a ser sacerdote”.

También fueron muchas las referencias que a este día hicieron los obispos a través de sus cartas pastorales; de hecho, la pastoral vocacional fue uno de las prioridades que el Papa marcó a los prelados españoles durante su visita ad limina.

Así, el obispo de Guadix-Baza, Ginés García Beltrán, recordó que la vocación “es una gracia que han de valorar y agradecer el chico y su familia”. “El sacerdote es una prueba del amor de Dios. Dios quiere a su pueblo y no quiere que esté solo, por eso lo acompaña con su ternura y solicitud, y lo hace con voz de hombre, manos de hombre, con corazón de hombre; lo hace a través de los sacerdotes”, dijo.

Para el obispo de Albacete, Ciriaco Benavente, ser sacerdote es “una forma real de ser feliz y de sentirse realizado”, aunque la sociedad actual no lo vea así. “Somos una generación en que, para muchos ciudadanos, lo importante es la eficacia, la rentabilidad y la producción. Hemos llegado a unidimensionar al hombre de tal manera que lo hemos reducido a un tipo con dos caras: el hombre productor y el hombre consumidor de sus propios productos. Pero los hombres necesitamos no solo productos, sino alma; no solo cosas, sino esperanza”.

Según explicó, el sacerdote “es un don de Dios para la Iglesia y el mundo, no un objeto arqueológico”. “Hermano entre los hermanos, no solo es testigo de una pregunta que no se puede desenraizar del corazón del hombre –dijo–, sino que es testigo de la respuesta del Dios revelado en Cristo y de la luz que de ella brota”.

Carlos Osoro arzobispo de Valencia con un grupo de seminaristas

Carlos Osoro con los seminaristas en Valencia

Don de Dios

Así ve a los que ejercen este ministerio el obispo de Sigüenza-Guadalajara, Atilano Rodríguez: “Cada día tenemos que dar gracias a Dios por el don del sacerdocio a la Iglesia y por la entrega generosa de nuestros sacerdotes. Ellos, sin escatimar esfuerzos y sacrificios, se acercan a nuestros pueblos, visitan a nuestros enfermos, ofrecen consuelo a quienes están tristes, celebran los sacramentos de salvación y anuncian la alegre noticia del amor de Dios a todos los hombres”.

Del mismo modo que los obispos constatan el gran bien que hacen los sacerdotes, también son conscientes de que cada vez son menos, como son pocos los aspirantes al sacerdocio.

Esta es una preocupación que aparece en casi todas sus manifestaciones. Como el obispo de Lleida, Joan Piris, que ve cómo la cultura actual –“que nos hace huir de compromisos, sobre todo si son de por vida”– empuja a los jóvenes a no responder a la llamada de Dios. Por eso invita a la oración, como Jesús en el Evangelio, para que “el dueño de la mies mande obreros”.

“Estos segadores no son elegidos mediante casting, campañas publicitarias o maratones de publicidad. Es Dios quien elige y envía en misión. Por eso es importante la oración vocacional en nuestras comunidades y la vida de oración de aquellos que se sienten llamados al sacerdocio ministerial”, afirmó Piris.

La dificultad para responder a la llamada al sacerdocio también la ejemplificó el obispo de La Calzada-Logroño, Juan José Omella: “Me da pena que a nuestros niños y jóvenes se les ofrezca ser buzos, intérpretes, exploradores, arqueólogos, fotógrafos, barberos, hidráulicos, taxistas, ganaderos, financieros, mecánicos…, pero no sacaerdotes. El sacerdote dedica su vida a servir a los demás, se entrega a vivir y enseñar los grandes valores que nos constituyen como seres humanos, nos enseña a relacionarnos con Dios, Padre de todos, a trabajar por los más pobres y sencillos, a anunciar el hermoso mensaje que trajo Jesús al mundo y que nos ha liberado de tantas esclavitudes, sufrimientos y guerras. Ser sacerdotes es una gran gozada”.

No caer en el desánimo

Y Ciriaco Benavente, que rescata una anécdota de José Luis Martín Descalzo: “Contaba cómo el periódico italiano Il Tempo organizó un concurso fotográfico sobre ¿Qué quieres ser de mayor? Los niños acudían a la redacción del periódico para elegir uno de los 72 oficios que se ofrecían. Cuentan que hubo un niño que miró la lista una y otra vez, como si buscase algo que no encontrara. Al no hallarlo, le dijo a su padre: ‘Papá, y sacerdote ¿no puedo ser?’. En el periódico no habían contemplado la posibilidad de que alguien soñara con ser sacerdote”.

Pero, como dice Atilano Rodíguez, esta realidad “no puede desanimarnos, al contrario, debe despertar en todos los bautizados la conciencia misionera, impulsándoles a asumir nuevas responsabilidades en la acción evangelizadora”.

“La Iglesia y el mundo necesitan de la colaboración de los creyentes para construir la fraternidad entre todos los hombres, para defender los derechos de cada ser humano y para anunciar la alegría del Evangelio. Pero, de un modo especial, es preciso que surjan muchos jóvenes dispuestos a renunciar a los criterios del mundo para anunciar a los demás la alegría del amor y de la salvación de Dios”, apuntó.

En cualquier caso, tal y como muestran la estadísticas publicadas por la Conferencia Episcopal Española (CEE), lejos de descender, el número de seminaristas mayores aumentan, aunque todavía en un porcentaje muy bajo. Así, en este curso 2013-2014 la cifra ha vuelto a aumentar –son tres años consecutivos de subidas– alcanzando los 1.321, frente a los 1.307 del curso anterior, un 1,1% por ciento más.

Alcalá de Henares, Barcelona, Madrid, Valencia, Toledo o Zaragoza son algunos de los seminarios en los que el número de seminaristas se ha incrementado en mayor medida. A nivel general, se han producido 299 nuevos ingresos frente a 134 abandonos y 20 traslados a otros seminarios.

En el nº 2.887 de Vida Nueva.

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Actualizado
20/03/2014
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