“El capitalismo no es obligatorio”

II Summer School de Economía de Comunión septiembre 2013

La Economía de Comunión propone pasar de la cultura del tener a la cultura del dar

II Summer School de Economía de Comunión septiembre 2013

Sesión de trabajo durante la II Summer School de EdC

“El capitalismo no es obligatorio” [extracto]

FRAN OTERO. Fotos: LUIS MEDINA | “Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables: ‘¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el trigo, y el sábado, para ofrecer el grano?’. Disminuís la medida, aumentáis el precio, usáis balanzas con trampa, compráis por dinero al pobre, al mísero por un par de sandalias, vendiendo hasta el salvado de trigo. Jura el Señor por la gloria de Jacob que no olvidará jamás vuestras acciones”.

Este extracto del profeta Amós se leyó en la eucaristía dominical del pasado 22 de septiembre, una lectura acorde con nuestro tiempo y que parece exigir otro nuevo modo de hacer las cosas y de afrontar nuestras relaciones laborales, comerciales y económicas en un mundo donde prima la cultura del tener. Precisamente, en la tarea de promover una nueva economía en la que la cultura del dar sea la que marque el paso está la Economía de Comunión (EdC), una iniciativa del Movimiento de los Focolares y cuya inspiración procede de su fundadora, Chiara Lubich.

Para abordar esta cuestión, jóvenes de 19 países se reunieron en Madrid en la II Summer School de EdC del 11 al 15 de septiembre, un encuentro en el que se ha puesto de manifiesto “que es posible vivir en la empresa y llevar adelante los postulados de la EdC, además del compromiso de los jóvenes de compartir y generar a su alrededor este estilo de vida empresarial”.

Isaías Hernando, organizador y presidente de la Asociación por una Economía de Comunión en España, afirma a Vida Nueva que esta escuela “es fabulosa, pues se abren muchas perspectivas a los jóvenes”. “No estamos obligados a ir todos en la misma dirección. Se pueden hacer otras cosas”, añade.

II Summer School de Economía de Comunión septiembre 2013

Isaías Hernando y Jesús Laso, presidente y secretario de EdC

Para Hernando, es importante construir una nueva economía en la que se viva la cultura de la legalidad, se paguen los impuestos que correspondan, no se engañe a los clientes… “Las empresas son fundamentales para que la sociedad avance. El problema es que se ha pervertido su función, porque hay empresas que nacen para cubrir necesidades de las personas y luego se convierten en máquinas en beneficio del capital”, apunta.

Valor para emprender

“Hay que implicar a los trabajadores también. No solo debe tener responsabilidad el empresario”, afirma Jesús Laso, empresario de Economía de Comunión, que compartió su experiencia en la II Summer School. Laso es uno de los pioneros de este tipo de empresas. Comenzó en 1994 por necesidad. Tras afirmar en una conferencia que “hasta que no nos echen de las empresas, no tendremos el valor de montar empresas de EdC”, se encontró en la calle, despedido de una gran multinacional. Y tuvo el valor, porque lanzó una consultoría de sistemas de calidad para laboratorios, una empresa que, a pesar de la crisis económica y de la reducción del volumen de trabajo, ha mantenido a sus empleados.

Él mismo lo explica: “Lo importante en una empresa de EdC son las relaciones entre todos –empleados, clientes, proveedores…–, lo que supone ir más allá del contrato. Además, la EdC está abierta al mundo y trata de compartir los beneficios con los necesitados y de transmitir la cultura del dar a través del uso de los beneficios. Es cierto que en los últimos años no ha habido beneficios y, por tanto, no hemos compartido tanto, pero sí hemos mantenido los puestos de trabajo. Ese ha sido mi principal objetivo. Como el trabajo escaseaba, lo que hicimos fue compartir la ocupación para que nadie tuviese que salir”.

Tal y como expresa Laso, la EdC “promueve la cultura del dar, que es contraria a la cultura del tener, y que se puede vivir en la empresa o en cualquier otro ámbito”. “La clave es poner en el centro a la persona y, por tanto, establecer otro modelo de relaciones. Esto tiene sus ventajas: que mucha gente se adhiere; e inconvenientes: que te llevas algunas decepciones. Pero si crees en el proyecto, más allá del éxito, se puede seguir adelante”. Para avanzar en un proyecto de este tipo, continúa, hay que estar dispuesto a pagar un precio: que no siempre lo que se haga obtenga respuesta en el otro.

En las raíces de la Economía de Comunión está una experiencia de fe, pero no es necesariamente obligatoria para este cambio de rumbo que necesita la economía. Según Isaías Hernando, el dar es una cuestión antropológica; no puramente cristiana, sino universal. “El problema –añade– es que se ha creado una separación entre el ámbito de la vida normal y el de la empresa y por eso es necesario introducir la fraternidad en la economía. Hoy todo se mide en términos monetarios”.

II Summer School de Economía de Comunión septiembre 2013

La educación y formación de los jóvenes es clave en la transformación del modelo económico

Un cambio de rumbo

Y más allá de volver a la situación de antes de la crisis económica, Hernando apuesta por un cambio de rumbo: “Hay gente que está esperando a que pase la crisis para volver a lo de antes, pero también hay jóvenes en los que veo un fermento de cambio. La EdC no pretende ser el modelo, sino una voz más, una propuesta que demuestra que se puede funcionar con otra lógica. El problema es que el capitalismo se ha convertido en pensamiento único, pero el capitalismo no es obligatorio y menos el salvaje”.

Para llevar a cabo esta transformación, es muy importante la educación y la formación de los jóvenes, sobre todo a nivel de dirección de empresas, que es el lugar en el que se toman las decisiones. Así, y aprovechando la celebración de la Summer School, la EdC se presentó, el 13 de septiembre, en la Universidad Pontificia Comillas en un seminario titulado El desafío social de la economía actual y que congregó a más de 120 personas.

Una de las frases más significativas la dejó el profesor Raúl González Fabre, de Comillas: “Muchos critican la economía desde fuera del ring; la EdC mete al boxeador dentro para cambiar el modelo”. Por su parte, el coordinador de la Comisión Internacional de la EdC, Luigino Bruni, insistió en que la EdC tiene como valor fundamental la fraternidad, que es universal.

La confirmación de que otra economía es posible aparece con la experiencia. La de Jesús Laso ya comentada, y la de Elena Bravo, directora de la Miniera, una unidad de estancia diurna en Dos Hermanas (Sevilla). “En la Miniera trabajamos poniendo a la persona en primer lugar, aplicando de forma real la confianza, el respeto y la comunión. Y hemos logrado que los trabajadores sientan que la empresa es suya también”, dijo Bravo, que narró, como anécdota, cómo su socio acudió al ayuntamiento a devolver la parte de la subvención que había sobrado. “Se quedaron de piedra. ‘Si todos hiciéramos lo mismo, quizás no estaríamos como ahora’, nos dijo el funcionario”, concluye.

El caso de Teresa Ganzon, del Bangko Kabayan (Filipinas), también es significativo. Fomentando una relación de fraternidad con sus clientes y conociendo sus necesidades y potencial, ha logrado que los microcréditos sean viables y generen empleo.

Son casos reales que indican que se pueden hacer las cosas de otra manera, que compensa hacerlo, que hay modos de relación más allá del interés económico. Como dice Isaías Hernando, se trata de la capacidad de amar y, por eso, “EdC es un proyecto abierto a la humanidad”.

En el nº 2.864 de Vida Nueva.

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Actualizado
27/09/2013
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