El diálogo, clave de la convivencia

El papa Francisco con indígenas brasileños

Encuentro del Papa con la clase dirigente en el Teatro Municipal de Río

El papa Francisco con indígenas brasileños

El Papa Francisco, tocado con el ‘cocar’ de los indígenas brasileños

ANTONIO PELAYO, enviado especial a RÍO DE JANEIRO | Mucho antes de las 11 de la mañana del 27 de julio, las 2.361 butacas del Teatro Municipal de Río ya estaban ocupadas. Las personalidades invitadas a este acto representaban los diversos sectores de la sociedad brasileña: políticos, diplomáticos, empresarios, exponentes de la vida cultural y artística, líderes de las mayores comunidades religiosas. Todos pendientes de ver a Francisco, y conscientes del privilegio que suponía haber recibido una invitación.

El Teatro, construido en 1909 inspirándose en la Ópera Garnier de París, ha sido sometido a trabajos de restauración, pero ha conservado las riquezas decorativas de sus tiempos de esplendor, incluido un magnífico telón de terciopelo granate que se abrió cuando el Papa hizo su entrada en el escenario. La ovación fue de gran gala, con todo el auditorio puesto en pie.

papa Francisco en el encuentro con la clase dirigente de Brasil JMJ Río 2013

El Papa Francisco bendice al joven Walmyr Gonçalves

Abrió el acto el arzobispo Tempesta, quien destacó cómo las diferentes áreas de la comunidad nacional presentes estaban abiertas “al diálogo en busca de una sociedad más justa, más fraterna, más libre”. “En las últimas semanas –añadió– hemos visto grandes manifestaciones de ciudadanos brasileños, en su mayoría jóvenes, expresando su voz por un país más justo y menos desigual… Ese protagonismo juvenil generó la esperanza en todos de que la vivencia democrática y ciudadana, sin recurrir nunca a la violencia, es el camino para superar las dificultades vividas en nuestro amado Brasil”.

Seguidamente, en nombre de todos, tomó la palabra Walmyr Gonçalves da Silva junior, un joven profesor de Historia en la Universidad de Río dirigida por los jesuitas y con un pasado de drogadicción. “Traigo conmigo –dijo con la voz entrecortada por la emoción– no solo la tristeza y la desesperación de mis hermanos y hermanas víctimas de la violencia. Traigo también a los jóvenes que sueñan con un nuevo amanecer, que construyen un mundo nuevo”.

Ambas alocuciones crearon gran expectación por escuchar al Papa, que, tras unas primeras palabras en “la bella lengua portuguesa”, leyó su discurso en español “para expresar mejor lo que llevo en el corazón”.
Bergoglio distribuyó sus reflexiones en tres temas: la originalidad dinámica de la cultura brasileña, la responsabilidad social y el diálogo constructivo. Las dos últimas, sin duda, son las partes que ofrecen mayor interés para nosotros.

Rehabilitar la política

“El futuro –dijo al auditorio– nos exige una visión humanista de la economía, rehabilitar la política, una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza (…). Quien desempeña un papel de guía debe tener objetivos muy concretos y buscar los medios específicos para alcanzarlos, pero puede haber el peligro de la desilusión, la amargura, la indiferencia, cuando las expectativas no se cumplen (…). Quien actúa responsablemente pone la propia actividad ante los derechos de los demás y ante el juicio de Dios. Este sentido ético aparece hoy como un desafío ético sin precedentes”.

La tercera parte no tiene desperdicio. “Entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta –recalcó– siempre hay una opción posible: el diálogo. El diálogo entre generaciones, el diálogo con el pueblo, la capacidad de dar y recibir, permaneciendo abiertos a la verdad. Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, universitaria, juvenil, la cultura artística y tecnológica, la cultura económica, de la familia y de los medios…”.

El público apenas interrumpió su discurso, pero sí aplaudió esta afirmación: “La convivencia pacífica entre religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad favoreciendo sus expresiones concretas”.

Para finalizar, concretó lo que entiende por “humildad social”: aceptar como norma de comportamiento que “el otro siempre tiene algo que darme  cuando sabemos acercarnos a él con actitud abierta y disponible, sin prejuicios”.
Acabado su discurso, se acercaron a saludarle miembros de los sectores sociales representados. Entre ellos, destacó un grupo de indígenas; su jefe le impuso a Bergoglio el cocar, vistosa corona de plumas con la que se decoran y que el Papa conservó algunos segundos en su cabeza antes de devolvérsela con un fuerte abrazo.

En el nº 2.859 de Vida Nueva

 

Número especial JMJ de Vida Nueva

 

ESPECIAL WEB: JMJ RÍO 2013

Actualizado
02/08/2013
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