Ratzinger y las “edades” del Concilio

Joseph Ratzinger con Karl Rahner

Joseph Ratzinger con Karl Rahner

JACINTO NÚÑEZ REGODÓN, decano de Teología de la UPSA | En el Congreso sobre el Vaticano II celebrado la semana pasada en Salamanca ha sonado repetidamente el nombre de Joseph Ratzinger. No es casualidad. En Benedicto XVI se concentran las sucesivas “edades” del Concilio: entusiasmo, textos, aplicación, hermenéutica y actualidad. Nadie como él en la Iglesia es testigo del Vaticano II.

El joven teólogo alemán estaba en la Plaza de San Pedro cuando Juan XXIII improvisó el “discurso de la luna”, elocuente expresión del entusiasmo eclesial del momento. En los tres años sucesivos colaboraría decisivamente en la elaboración de aquellos documentos a los que ahora invita repetidamente a volver. El Congreso salmantino ha practicado ese ejercicio de releer los textos conciliares, recuperar su sentido genuino y rastrear sus ecos en documentos posteriores.

Suele olvidarse, a veces, que a Ratzinger le tocó también, ya como obispo de Munich, la aplicación pastoral del Concilio. Es más conocido su papel en el Sínodo de 1985, centrado en la hermenéutica del mismo. Él ha sido, en las últimas décadas, un teórico de esa cuestión. Y también por este motivo tenía que sonar su nombre en las conferencias de Salamanca, que han seguido, en general, su principio hermenéutico de “la reforma en la continuidad”.

El cardenal Walter Kasper, por su parte, se ocupó expresamente de la cuestión hermenéutica en la conferencia de clausura.

El Concilio Vaticano II, en fin, es actualidad: “Sigue siendo una brújula segura para la Iglesia del siglo XXI”, como ha recordado la Reflexión final del Congreso, sirviéndose precisamente de palabras del Papa. Por todo ello, estar “con” Benedicto XVI es estar “en” el Concilio.

En el nº 2.825 de Vida Nueva.

 

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