El modelo y la caricatura

Carlos Amigo, cardenal arzobispo emérito de SevillaCARLOS AMIGO VALLEJO | Cardenal arzobispo emérito de Sevilla

“¡Qué personajes más impresentables! Y, además, resulta que todos ellos visten de hábitos, sotanas y hopalandas episcopales…”.

¡Qué personajes más impresentables! Y, además, resulta que todos ellos visten de hábitos, sotanas y hopalandas episcopales. Sus palabras y conductas, para qué contarles. No solamente son los malos de la película, sino los más taimados o los más tontos.

Si se trata de un relato histórico, son los intrigantes y arrimados al poder, sin tener en cuenta que, según los documentos históricos, fueron todo lo contrario. Si de comedia de costumbres se trata, el cristiano que aparece es ramplón, cicatero, mal vecino y, por supuesto, de una doble moral que asusta. En fin, unas caricaturas malévolas.

Lo malo puede ser que, de tanto ver y ver, se llegue a concluir que la fábula es realidad y la historia una farsa. Este ha sido siempre el gran problema de los relatos históricos que, con frecuencia, se utilizaban como referencia y argumento para asentar la propia ideología. Y la historia se hace con documentos, no con intereses partidistas de uno u otro sector.

Pero también puede ser –y dice la Escritura que para los que aman a Dios todas las cosas concurren hacia el bien– que esos personajillos malvados o ridículos sean como un revulsivo que le hace a uno vomitar de lo que está viendo y pensar en el verdadero y auténtico modelo de un cristiano responsable y cabal que no suele aparecer en las películas.

Aquí viene muy bien una cita de las cartas de san Pablo sobre las obras del espíritu y las obras de la carne. Lo recto es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí… Lo que viene de la maldad: impureza, libertinaje, odios, discordias, envidias y cosas semejantes.

Al final, y como criterio de discernimiento, todo cuanto hay de verdadero, de noble, de justo, de puro, de amable, de honorable, todo cuanto sea virtud y cosa digna de elogio, todo eso tenedlo en cuenta.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, suele advertirse, con no poca ironía y sí mucho convencimiento y para que nadie se confunda ni piense que lo que ha visto es cierto. En muchos casos sucede precisamente lo contrario: esta es la realidad y lo demás fantasía.

Decía el papa Benedicto XVI: “El ejemplo de sus vidas, abiertas a la fantasía del Espíritu Santo, muestran la belleza del Evangelio y de la comunión con Cristo a las personas indiferentes o incluso hostiles, e invitan a los creyentes tibios, por decirlo así, a que con alegría vivan de fe, esperanza y caridad, a que descubran el ‘gusto’ por la Palabra de Dios y los sacramentos” (Apertura del Sínodo sobre la Nueva Evangelización, 7-10-2012).

En el nº 2.823 de Vida Nueva.

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