La humanidad en ‘El festín de la muerte’

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Literatura espiritual en una novela juvenil


LUIS FERNANDO CRESPO, licenciado en Teología espiritual | Es tiempo de verano, tiempo de lectura también para los más jóvenes. En medio de la amplia oferta editorial dirigida a este público, sin embargo, escasean las propuestas que, sin ser explícitamente religiosas, nos muestren a seres verdaderamente humanos, abiertos al misterio de la existencia y a lo trascendente.

El festín de la muerte (SM), de Jesús Díez de Palma, Premio Gran Angular de este año, es una excelente novela que podemos entroncar en este tipo de literatura.

¿Es posible suscitar la experiencia religiosa, abrir una ventana a la trascendencia del ser humano, mostrar el ser esencial –el verdadero tesoro de la humanidad– a través de la literatura juvenil?

En la actualidad, en medio de tantas historias románticas edulcoradas, de tantos vampiros que revolotean por las editoriales, de tantas distopías, ¿tiene cabida una literatura juvenil que muestre seres humanos verdaderamente humanos, abiertos al misterio de la existencia? ¿Es posible una literatura de alcance, donde los protagonistas, en su aventura vital, muestren la naturaleza esencial del ser y lo dejen a un tiro de piedra de la Gracia de Dios?

Clásicos de este género narrativo, aparte de los cuentos populares recopilados por los hermanos Grimm, cumbre de la literatura con inteligencia espiritual, son El Señor de los Anillos y Las crónicas de Narnia.

Aunque rara vez los cuentos hablan del más allá, de lo espiritual, “esas cosas terrenas de las que nos hablan los cuentos llevan en sí un contenido espiritual propio, en forma viviente, cuando no escondida. Se trata de que ese mundo espiritual vuelva a encontrarse precisamente en sus encarnaciones terrenales. Solo cuando el espíritu que dormita en el mundo terrenal sea descubierto y reconocido, quedará la Tierra, con todas sus criaturas, redimida” (Udo de Haes, El niño y los cuentos).mujeres huyen de un bombardeo

Abiertos al misterio de la vida

El festín de la muerte es una excelente novela que podemos entroncar en este tipo de literatura. Una literatura que, sin ser explícitamente religiosa, nos muestra unos personajes abiertos al misterio de la vida y, en ella, a lo trascendental.

A través de la historia coral de decenas de personajes vemos las múltiples caras de la guerra y, especialmente, a los protagonistas anónimos de la contienda. Vemos el rostro de la humanidad.

El título no deja lugar a dudas. Clamores de muerte recorren el libro, en sus personajes y en sus escenas. Tienen distintas tonalidades según el año y el lugar en el que se desarrolla la acción. Tienen diversas armonías, según la sensibilidad de los personajes que interpretan esta sinfonía humana, una humanidad con lo mejor y lo peor que el corazón de los hombres y mujeres podemos albergar. Seres humanos que en tiempos de guerra se muestran tal como son, sin disfraces, desenmascarados por el instinto de supervivencia.

Mientras la Royal Air Force bombardea Dresde, llenando de ruido, sangre, humo, destrucción e infinita tristeza la partitura del final de la guerra, Blake Clement-Moore, uno de sus pilotos, estaba recordando que la ciudad que en aquel momento él y sus compatriotas reducían a cenizas era donde Schiller había compuesto la Oda a la Alegría, a la que Beethoven dotó de partitura musical.

Lo mejor y lo peor, lo bello y lo monstruoso, el bien y el mal, las acciones más nobles y las vilezas más infames recorren la Segunda Guerra Mundial a través de esta excelente narración.

Pliego íntegro, publicado en el nº 2.809 de Vida Nueva. Del 14 al 20 de julio de 2012

 

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Actualizado
13/07/2012
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