José Carlos Contreras: “Un día despiertas para ir a trabajar, y ya eres asesino”

José Carlos Contreras, salesiano mexicano condenado por homicidio

Salesiano mexicano, condenado por homicidio

José Carlos Contreras, salesiano mexicano condenado por homicidio

ROBERTO ALCÁNTARA FLORES | En octubre se cumplen cinco años del asesinato de la joven Itzachel Shantal. Su cuerpo fue encontrado sin vida en el salón de un colegio salesiano en San Luis Potosí, un estado tradicionalmente masónico ubicado en la región centro-norte de México. Acusado de este crimen, el salesiano José Carlos Contreras se encuentra en prisión, purgando una condena de más de 30 años. [Entrevista con José Carlos Contreras – Extracto]

En esta entrevista nos habla de cómo vive su encierro en medio de la esperanza que da el saberse inocente, pero también de la degradación que conlleva la experiencia carcelaria en un país donde innumerables personas purgan condenas por crímenes no cometidos.

El día de la sentencia, estuvo observando con atención el incansable ir y venir de los reporteros. Minutos antes, su abogado le había advertido que “la sentencia venía fuerte”. Y era casi un hecho que así sería, pues si no, la prensa no habría sido convocada.

Con toda certeza, alguien no quiso dejar pasar la oportunidad de difundir el fallo en contra del P. Contreras y, así, exhibirlo ante la prensa como el “verdadero asesino” de la joven Itzachel. “Quien los convocó, tenía la intención de que, ante la opinión pública, yo apareciera como el responsable del asesinato”.

El P. Contreras se encuentra sentado en una silla dentro de la Sala Estatal de Derechos Humanos del Centro de Prevención y Readaptación Social de La Pila, en San Luis Potosí, descansando los antebrazos sobre el polvo de un escritorio. “La sentencia se dio el 22 de noviembre por la tarde”, recuerda. Un día antes, había estado leyendo un libro de José Antonio Pagola sobre la vida de Jesucristo. Le impactó la forma en que el autor describe a un Jesús aterrado en el momento de escuchar la sentencia de Pilatos.

“Soy una víctima más del sistema
de justicia mexicano. Uno más de tantos
que están encarcelados a causa
de la corrupción y el abuso de poder”.

Esa imagen ocuparía su mente justo cuando se le comunicó su sentencia por “violación y homicidio calificado”. “Me quedé estupefacto, pues estaba seguro de que habíamos hecho más de lo necesario para demostrar mi inocencia”.

El sacerdote cree que su proceso ha estado plagado de irregularidades, y, en el fondo, sentía que podía haber complicaciones.

Por eso no le extrañó que la jueza descartara a priori las pruebas que avalaban su inocencia y tomara como ciertas las contradictorias declaraciones de una vigilante del colegio salesiano, quien aseguró haber visto a Itzachel en la puerta de la casa de los religiosos; así como el hallazgo de manchas hemáticas en el colegio –nunca analizadas para determinar si era sangre humana–; y un supuesto “nerviosismo” que provocó en los perros policías el aromatizante en el cuarto del religioso.

Mucho menos le pareció extraño que el Tribunal Superior de Justicia rechazara la apelación y respaldara la “ilegal” sentencia en su contra.

manifestación a favor de José Carlos Contreras, salesiano condenado por homicidio

Manifestación a favor de José Carlos

Durante el juicio, de nada valió el testimonio de seis personas que desmintieron a la vigilante ni las declaraciones de otras quince que aseguraron haber visto a un sospechoso caminando dentro de las instalaciones. Mucho menos los dictámenes ordenados por la defensa del P. Contreras en materia de Antropología Cultural Forense, Criminología y Criminalística, cuyos resultados no dejaban duda de su inocencia.

“Existe incluso –añade– un retrato hablado de esa persona que muchos vieron, pero las autoridades decidieron no seguir esa línea de investigación…”.

A sus 66 años, con esa condena de más de tres décadas, supone pasar el resto de su vida dentro del penal. ¿Lo ha pensado? “Hay una deuda con la verdad –apunta, tras asentir con la cabeza–. Soy una víctima más del sistema de justicia mexicano. Uno más de tantos que están encarcelados a causa de la corrupción y el abuso de poder”.

Recuerda que el día que le comunicaron la sentencia, su rutina carcelaria fue la misma. “En realidad, no se puede hacer mucho aquí adentro. En cuanto a mi oración, recuerdo que me puse en las manos de Dios, ofreciéndole mi sufrimiento por lo que estaba viviendo. Esa noche intenté saber qué me quería decir Nuestro Señor. Me vino a la mente una ocasión en que fui a Jerusalén y participé en un viacrucis. Mientras recordaba, le decía a Jesucristo: ‘Aquí estoy yo, Señor, recorriendo el mismo camino que Tú hiciste por nuestra salvación’. Y le pedí por mí y por todos los que estamos en la cárcel, por aquellos que están presos de manera injusta, pero sobre todo por quienes se han alejado de Él”.

Al religioso le atormenta la idea de que jamás se llegue a saber la identidad del verdadero asesino. Y pese a que goza de un carácter inquebrantable y de una fuerza que, asegura, le viene de Dios para soportar la degradante experiencia carcelaria, las noches tras las rejas deterioran paulatinamente su persona.

“No puedo renunciar a la esperanza,
y menos como sacerdote, pues
debo animar a muchas personas
que también están presas injustamente”.

“Quien ha pasado una noche dentro de la cárcel, sabe a lo que me refiero. Es difícil conciliar el sueño. Las noches, aunque silenciosas, resultan inquietantes y provocan insomnios”.

“No puedo renunciar a la esperanza”

A pesar de las angustiantes noches y los interminables días de desmoralización, el P. Contreras mantiene la esperanza de que todo llegue a su fin por el camino de la verdad.

Su dramática experiencia carcelaria comenzó en octubre del 2009, cuando se le dictó auto de prisión formal tras haberse entregado voluntariamente por recomendación de su entonces abogado, Cándido Ochoa, quien de manera casi inmediata y escandalosa se convirtió en procurador del Estado y, posteriormente, en secretario de Gobierno.

Pero el religioso no duda que Dios está con él. “No solo conmigo, sino con tantos hermanos de todo el mundo que se han hecho uno con un servidor en contra de esta injusticia”.

manifestación a favor de José Carlos Contreras, salesiano condenado por homicidioCoge al vuelo la pregunta de si sigue creyendo en la justicia mexicana y, con una mueca alegre, responde: “Pues no me queda otra si quiero salir algún día de aquí”.

Su caso será llevado a instancias federales, “lejos del contubernio entre los poderes Ejecutivo y Judicial de San Luis Potosí”, y confía en que tarde o temprano quedará en libertad. “No puedo renunciar a la esperanza, y menos como sacerdote, pues debo animar a muchas personas que también están presas injustamente”.

Un resabio de luz que se filtra por la apertura de una persiana acaricia su rostro. El frío cemento del piso provoca que por instantes el religioso se frote las piernas para imprimirse un poco de calor.

“Padre, lo están esperando en el locutorio”, grita, desde el exterior de la sala, un joven con el cuello tatuado. “Debe ser el padre que me trae las cosas para celebrar la Misa”, señala.

No se levanta; espera la última pregunta. “¿Con qué palabras definiría su proceso?”. “¡Una fabricación! ¡Una calumnia! ¡Una difamación! ¿Qué otra cosa puede ser cuando tu vida camina tranquila, eres sacerdote, maestro y, de pronto, te arman toda una historia de mentiras para sumirte en la cárcel? Un día despiertas para ir a trabajar, y ya eres asesino”.

El sacerdote se levanta pausadamente, sonríe amigable. A través de los lentes se advierte una mirada diáfana, que transmite un mensaje que no es necesario escuchar una vez más de sus labios: “Nunca reconoceré los delitos que se me atribuyen porque soy absoluta y totalmente inocente, y lo mantengo ante Dios, Supremo Juez, y ante mi querida y amada Iglesia católica”.

En el nº 2.807 de Vida Nueva.

Actualizado
29/06/2012
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