Manuel Flores: “Necesitamos el profetismo de los curas obreros”

Lucha santa, Manuel Flores, PPC

Autor de Lucha santa (PPC)

Manuel Flores, autor del libro Lucha santa, PPC

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA | Cuando era niño, Manuel Flores Sánchez, nacido en Almería en 1977 pero criado en un barrio obrero de Sevilla, escuchaba hablar de un concepto que, pronunciado con desdén en algunos ámbitos parroquiales, le dejaba perplejo: “Curas rojos”. [Entrevista con Manuel Flores – Extracto]

Él, que desde la distancia se sentía interpelado por el testimonio del mediático cura obrero Diamantino García, quien recibiera homenajes tan dispares como el de Carlos Cano en forma de canción, o Antonio Burgos, en una columna laudatoria en el ABC, no dejaba de preguntarse: “¿Cómo es posible que detrás de una vida entregada por completo a los más pobres, en nombre de Jesús de Nazaret, solo haya una ideología política?”.

Esa duda la mantuvo viva a lo largo de los años como una excusa para formarse una opinión propia sobre aquellos curas “a los que se acusaba de actuar sin un contenido teológico”. Fue tan fuerte esa inquietud que, aunque no iba a ser el tema específico, acabó centrando su tesis de Trabajo Social en la Universidad Pablo de Olavide. Un estudio que ha sido publicado recientemente por la editorial PPC en forma de libro.

Lucha santa, que así se titula, es producto del “buceo histórico” de varios años por el que Manuel profundiza en la historia personal de seis curas. Además de Diamantino, “el símbolo del fenómeno”, junto a él también hubo “otros compañeros menos conocidos pero con la misma entrega”. Sus nombres: Enrique Priego, Esteban Tabares, Miguel Pérez, Juan Heredia y, a modo de precursor, Antonio Riejos.Lucha santa, Manuel Flores, PPC

Todos ellos fueron sacerdotes y, a la vez, en los duros años 70-80, trabajaron junto a las personas más pobres de la Sierra Sur de Sevilla, ya fuera como albañiles, como hosteleros o, en la mayoría de los casos, como jornaleros temporeros.

Desde la admiración por estos “profetas”, como los califica, destaca que, “además de predicar en los templos, hicieron lo mismo que Jesús. Crearon escándalo en la sociedad, desde la coherencia de ser uno con quienes sufrían la injusticia, acompañándoles en su camino”.

Un camino que les podía llevar a viajar de un lado a otro como temporeros en el campo –“en sus mismas condiciones, durmiendo incluso en cochiqueras”–, a fundar organizaciones como el Sindicato de Obreros del Campo (SOC) –“desde el que consiguieron mejorar las condiciones de vida de muchas personas”– o, directamente, a invadir tierras del latifundio. Sí, todo eso causó “escándalo, tanto en el mundo de la política como en la Iglesia”.

Sin ideología

En lo político, Manuel tiene ya una respuesta a su pregunta inicial: “Había curas obreros que sí se identificaban plenamente con una ideología de izquierdas, pero no es el caso de los que yo he estudiado, que consideraron al socialismo y al comunismo como alternativas insuficientes y con los que, incluso, protagonizaron enfrentamientos. Aunque colaboraron con ambos, del PCE criticarían su organización férrea y totalitaria y del PSOE rechazarían su sentido institucionalizador. Iban mucho más allá. Hablaban del Reino, de la justicia, de la solidaridad y la fraternidad absolutas, como algo siempre inacabado en la Tierra. Las ideologías se les quedaban muy cortas ante un mensaje tan grande como el cristiano”.

En lo eclesial, observa con tristeza cómo continúa la ácida crítica contra la labor de estos curas, aunque lo encuadra históricamente: “Siempre ha habido en la Iglesia dos grupos. Uno, que pretende funcionarializar la labor sacerdotal, y otro, contestatario, que busca la purificación, la vuelta a los orígenes. No dejaré de decirme cristiano por ello. Solo pido tener en cuenta que el Evangelio se puede interpretar, no olvidar”.

Manuel guarda memoria y respeto para los curas obreros: “A lo mejor, hoy no es tan necesario recuperar su figura como tal, pero sí su profetismo”.

EN ESENCIA

Una película: El violinista en el tejado.

Un libro: Cien años de soledad.

Una canción: Bajo presión, de Queen.

Un deporte: el rugby.

Un recuerdo de la infancia: los cumpleaños.

Un rincón del mundo: San Juan de Gaztelugatxe, en la costa vizcaína.

Un sueño: crear una fundación de economía alternativa.

La mayor tristeza: las que dan los hijos.

La última alegría: la publicación del libro.

Un valor: la coherencia.

Un regalo: el libro Juan Salvador Gaviota.

Una persona: Jesús de Nazaret.

Que me recuerden por… ser una persona fiel a mis principios.

En el nº 2.796 de Vida Nueva.

Actualizado
13/04/2012
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