Lorenzo Maté: “La Iglesia en España necesita cristianos en serio, no en serie”

Lorenzo Maté, abad de Silos

Entrevista con el nuevo abad de Silos

Lorenzo Maté, abad de Silos

MAITE LÓPEZ MARTÍNEZ | La comunidad benedictina de Santo Domingo de Silos acaba de nombrar un nuevo abad, Lorenzo Maté Sadornil, una noticia que ha generado mucha expectación y seguimiento mediático. [Entrevista con Lorenzo Maté, extracto]

– ¿Por qué interesa tanto su nombramiento?

– La Abadía de Silos es un lugar importante para la historia y la cultura de nuestro país, tanto por las obras publicadas por los monjes, como por el valor artístico y arquitectónico que guarda el monasterio. Desde esta importancia podría entenderse también el interés de los medios por el cambio del cargo de abad. Desde la restauración de Silos en 1880 por los monjes benedictinos de la Congregación de Solesmes (Francia), han pasado seis abades; es decir, que el hecho de ser vitalicios y que no sea frecuente el cambio también genera expectativas. Además, en este caso concreto, el haberlo anunciado a la prensa con tanta antelación ha podido contribuir a aumentar dicho interés.

– ¿Hay que fomentar una nueva cultura vocacional?

– El problema de las vocaciones nos afecta a todos, también a la vida monástica. Y, quizás, más a los monasterios por nuestra propia organización, pues formamos casas autónomas. Es decir, que cada monasterio tiene su noviciado. Estamos agrupados en congregaciones, pero sin perder la autonomía. Hay orientaciones en cuanto a la formación monástica para que haya una cierta unidad en la forma de la observancia, pero no existen planes de pastoral vocacional a nivel de toda nuestra congregación. En nuestro caso, no faltan personas que llaman al monasterio pidiendo el ingreso. A ellas se les ofrece la posibilidad de conocer nuestra vida pasando unos días en la hospedería, lugar de conocimiento y acompañamiento de los candidatos a la vida monástica, como ya indicaba san Benito en la Regla. También sirve para que el maestro de novicios conozca las disposiciones y cualidades de los interesados.

“La vida monástica viene a decirle a nuestro mundo
que lo que cuenta no es el consumir muchas cosas,
acumular bienes o tener poder y dominar a los demás,
sino que el compartir y el servir han de estar por encima”.

– Estamos celebrando los 50 años del inicio del Concilio Vaticano II. ¿Cuál es su diagnóstico del presente de la Iglesia en España? ¿Y del futuro?

– Me parece arriesgado dar una visión global de la Iglesia en España, porque todas las afirmaciones o juicios generales pueden olvidar aspectos positivos de los individuos, de los grupos o de las comunidades concretas. Haciendo estas aclaraciones, pienso que la Iglesia en España cuenta con muchos cristianos en serie y necesitaría contar con más cristianos en serio. Pues, como dice san Pablo en la Carta a los Romanos, hemos de reproducir en nosotros la imagen de Cristo. El futuro de la Iglesia en España está lleno de esperanza, porque ha de ir en esta última línea de revestirnos de Cristo, revestirnos de los mismos sentimientos de Cristo, sin importar tanto el número de cristianos como la calidad de los mismos.

– En un mundo cambiante como el que vivimos, dominado por la inmediatez de Internet y marcado por una fuerte crisis económica, ¿qué papel juega la vida monástica en nuestra sociedad? ¿Cómo afecta este contexto a su forma de vida?

– La vida monástica, por su misma forma de vida, viene a decirle a nuestro mundo que lo que cuenta no es el consumir muchas cosas, acumular bienes o tener poder y dominar a los demás, sino que el compartir y el servir han de estar por encima de todo lo anterior. Los monjes, como los religiosos, estamos en el mundo, pero sin dejarnos mundanizar, es decir, que anunciamos y proclamamos la caducidad, la provisionalidad de los bienes de este mundo, frente a los bienes del Reino de Dios. Nuestras vidas han de ser testigos de los bienes del Reino de Dios. Si la segunda parte de la pregunta se refiere a cómo afecta la crisis económica a la nuestra vida monástica, tendría que decir que, llevando una vida austera, sencilla y compartiendo el trabajo y todos los bienes, estamos, quizás, mejor preparados para superar las situaciones difíciles. Pero también nos afecta, porque nos sentimos solidarios y sufrimos con quienes sufren.

mtlopez@vidanueva.es

En el nº 2.794 de Vida Nueva.

Actualizado
23/03/2012
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