Paul Hinder: “Llevamos una vida cristiana bajo mínimos”

Paul Hinder, arzobispo vicario apostólico Arabia

Vicario apostólico de Arabia

Paul Hinder, arzobispo vicario apostólico Arabia

MARK RIEDEMANN–AIN | El arzobispo Paul Hinder, suizo de nacimiento, es desde 2005 el responsable del Vicariato Apostólico en la Península Arábiga, el mayor territorio católico del mundo, con tres millones de kilómetros cuadrados en donde viven dos millones de cristianos de 90 nacionalidades. Instituido en 1889, este vicariato está confiado al cuidado pastoral de los capuchinos y su ámbito de influencia alcanza a los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, Omán, Yemen, Qatar y Arabia Saudí.

– Se dice a menudo que hay muy pocos cristianos en estas áreas. ¿Cuál es la presencia cristiana en estos estados árabes?

– No tenemos cristianos a nivel local, pero sí muchos cristianos, sobre todo católicos, emigrantes de todo el mundo, especialmente de Filipinas e India. La mayoría permanecen aquí poco tiempo, aunque los hay que llevan 30 o 40 años. Todos necesitan permisos temporales de residencia. Y, por supuesto, el derecho confesional público es limitado.

– ¿Así que existe libertad de confesión pero no libertad religiosa?

– La libertad religiosa, en el sentido de derecho humano, no se otorga, al menos no totalmente, porque no se contempla la posibilidad de que un ciudadano musulmán se convierta al cristianismo o cambie su religión. Pero somos libres, al menos en algunos países, para practicar nuestra fe.

– Pero, ¿es posible la evangelización?

– En el sentido de trabajo misionero hacia adultos, especialmente musulmanes, está estrictamente prohibida.

– ¿Cómo son las relaciones entre las comunidades cristiana y musulmana?Paul Hinder, arzobispo vicario apostólico Arabia

– Es más un “vivir al lado” que un “vivir con”. Los cristianos hacen su trabajo. Son emigrantes entre otros emigrantes. En algunas naciones son una gran mayoría de la población y tienen, diría, una relación profesional con los musulmanes. Pero en la vida ordinaria, preferentemente se relacionan con personas de su propia nacionalidad o religión.

– ¿Así es que hay poca interacción?

– Sí, excepto en lo profesional.

– ¿Este problema puede tener su base en que son trabajadores emigrantes, mientras que en otros países de Oriente Medio hay cristianos árabes, es decir, nacidos en aquella tierra?

– Exactamente. Hay una gran diferencia entre estas dos realidades. Tiene seguramente que ver con el hecho de que nuestras gentes, incluyéndome a mí, normalmente no hablamos árabe o no lo hablamos correctamente. Por esta razón, la interacción no es fácil, especialmente con los líderes religiosos.

“Las relaciones entre cristianos y musulmanes
son más un ‘vivir al lado’ que un “vivir con”.
Los cristianos hacen su trabajo.
Son emigrantes entre otros emigrantes”.

– ¿Le sorprendió cuando se le pidió ir a este Vicariato? ¿Por qué se decidieron por usted?

– Fue Juan Pablo II quien me nombró y creo que una de las razones fue porque yo era miembro, en aquel tiempo, del Consejo General de la Orden Capuchina, que estaba a cargo de la Misión Árabe, como la llamábamos en el pasado. En ese Consejo, yo estaba a cargo de los capuchinos en Oriente Medio, así que tenía cierta idea de la realidad en la zona. También se busca normalmente a un europeo para que pueda viajar sin dificultad entre los países; para alguien de Filipinas o, por ejemplo, de la India sería más difícil viajar que para mí. Al final de la lista estaba el hecho de que yo era ciudadano suizo, lo que, en esta situación, se contemplaba como algo positivo, por la experiencia de un país multicultural o, al menos, plurilingüe.

– Usted ha logrado una especie de apertura histórica tras conseguir que se construya la primera iglesia católica en Qatar. ¿Cómo lo logró?

– Los méritos no son míos. Se deben a mi predecesor, Giovanni Bernardo Gremoli, que hizo un trabajo maravilloso durante 29 años. Casi todas las iglesias existentes en estos países fueron renovadas o construidas por él. También se debe a las gentes que, en Qatar, trabajaron duro para conseguirlo, como los católicos del país y algunos embajadores, que se han esforzado durante muchos años para hacerlo posible. Yo ahora recojo los frutos de quienes plantaron antes las semillas.

Paul Hinder, arzobispo vicario apostólico Arabia– ¿Constituye un signo de esperanza la construcción de esta iglesia?

– Ya existían iglesias desde 1939 en Bahrein, y desde 1960 y 1970, en los Emiratos Árabes Unidos y Omán. Sin olvidar la primera iglesia de la Península Arábiga, en Adén, donde comenzó la misión en el siglo XIX. Pero es extraordinario para Qatar, porque la situación ahí es similar a la que hay en Arabia Saudí. Es un signo de esperanza para los cristianos que viven en el país. Recuerdo ese día. Fue muy emotivo. La gente lloraba de alegría por ver, finalmente, su iglesia, que es algo muy importante como punto de referencia visible, donde pueden reunirse y celebrar sin riesgo. También demuestra la apertura y generosidad del emir y es señal de que desean ser más abiertos, tolerantes y conscientes de la realidad del país, donde hay miles de emigrantes, de los cuales 200.000 son católicos. Solo la población filipina totaliza ese número, y también hay muchos de la India. Para ellos es algo extraordinario, aunque, para muchos, sea aún un problema acudir a la iglesia. No obstante, para los que viven en Doha, la capital, es un éxito.

– Mucho diálogo se ha dedicado a cómo reconciliar y progresar juntos con la comunidad musulmana. Una propuesta es trabajar por la separación de la religión y el Estado. ¿Es posible?

– Querría hacer una comparación. Jesucristo no vino a fundar un Estado. No vino con fuerzas militares ni con un proyecto social o político. Eso vino luego, cuando el emperador Constantino abrió esas posibilidades. En los primeros 300 años, los cristianos no existieron como fuerza política, mientras que el nacimiento del islam está muy conectado a un proyecto político y militar. No creo que sea fácil desligar algo que está tan relacionado con el comienzo del islam. No digo que sea imposible porque en el Corán hay elementos que pueden interpretarse para el desarrollo de más tolerancia con otras religiones. Desgraciadamente, hay también textos, especialmente en la doctrina islámica más tradicional, que obstaculizan este desarrollo. Afortunadamente, dentro del mundo musulmán, hay muchos trabajando en la otra dirección, aunque llevará tiempo.

Más tolerancia

– ¿Cuál es su esperanza para la Iglesia católica en esta zona?

– Que los católicos no vivamos con miedo y que haya más tolerancia. No nos escondemos en la mayoría de los países ni tenemos problemas. Por ejemplo, en Dubai, si alguien cuelga un rosario con una cruz en el parabrisas de su coche, no pasa nada.

“El nacimiento del islam está muy conectado
a un proyecto político y militar.
No digo que sea imposible, pero
no creo que sea fácil desligar algo que está
tan relacionado con el comienzo del islam”.

– ¿Es posible?

– Sí, no es un problema en algunos países, pero esa no es una vida cristiana, porque lo hacemos todo bajo mínimos. Deberíamos ser más libres para organizar nuestra vida cristiana de mejor manera. Tenemos lo mínimo para ofrecer el catecismo a los niños, el mínimo de misas y de trabajo caritativo. En cuanto deseas abrir una escuela, hay problemas legales. Esperamos tener más libertad para organizarnos y desarrollarnos, tener asociaciones o, por ejemplo, un hospital. Pero no es posible. Si se desea trabajar en cualquier institución, te ves inmediatamente expuesto a la sharia [la ley islámica]. Necesitas un colaborador local, el cual debe tener el 51% de la propiedad. Pero no somos los únicos que sufrimos. Cada institución tiene problemas similares. Para nosotros es especialmente problemático lo que concierne a los empleados, pues se nos exige contratar a locales, y estos no son cristianos. Así que imagínese las consecuencias con las que nos enfrentamos…

En el nº 2.793 de Vida Nueva.

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Actualizado
16/03/2012
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