Enrique Sanz: “El Vaticano II es el hecho con el que más hemos vibrado”

Enrique Sanz, revista Sal Terrae

Director de la revista ‘Sal Terrae’

Enrique Sanz, revista Sal Terrae

JOSÉ LORENZO. Foto: LUIS MEDINA | “Nos gusta decir que la palabra que ofrecemos en la revista Sal Terrae quiere ser la penúltima, no la última, y siempre como respuesta a una escucha”, señala Enrique Sanz Giménez-Rico, su director durante la última década. Y en esa tarea llevan ya cien años, “un siglo de preguntas y un siglo de respuestas”, como reza el lema con el que esta publicación de teología pastoral de la Compañía de Jesús afronta efeméride tan redonda y rotunda.

Aquellos comienzos del siglo XX eran también unos tiempos en los que, “en cuestiones educativas, religiosas y morales, se necesitaba una palabra ilustrativa”. Entonces, la mayoría de sus suscriptores eran sacerdotes. Generaciones de ellos encontraron en este mensual un rico complemento nutricio a su formación.

Por eso, Enrique Sanz agradece la pregunta: ¿le debe algo la Iglesia en España a Sal Terrae? “Si hablamos de la ayuda que hemos podido prestar a la formación del clero, con cierta humildad podemos decir que la ayuda ha sido grande, que ha sido bien acogida y por la que acogeríamos también con gusto la palabra gracias”.

Un siglo después, el perfil del suscriptor ha cambiado, con la aparición entre ellos de religiosos y laicos, de entre 40 y 50 años, “gente que es de Iglesia y vive en la Iglesia, como la propia revista, con cierta formación intelectual y preocupada por la presencia de los cristianos en las instituciones”.

Pero, también cada vez más, la revista quiere estar cerca de esos colectivos que habitan la frontera, gentes que no son creyentes, “pero que no se niegan a dialogar y escuchar a los cristianos en cuestiones que atañen a la sociedad, la política y la vida humana”.

A lo largo de estos cien años, lo que más se han preguntado en Sal Terrae ha sido sobre la transmisión de la fe, el magisterio y la tradición, la liturgia y el compromiso, o las heridas abiertas y cómo afrontarlas… A todas esas cuestiones han intentado ofrecer respuestas, aunque a Sanz le gusta más decir, citando a su admirado cardenal Martini, que lo que han pretendido “es abrir caminos para buscar la justicia de Dios y el amor”.

El Vaticano II es el acontecimiento eclesial “con el que más ha vibrado” la revista en su centenaria historia. “Ha sido un eje fundamental. El Concilio influyó mucho en sus páginas hasta los años 90-95. A partir de finales de los 90 (yo empecé como director en 2001), heredamos aquel espíritu y lo hemos tenido como fuente, pero ya en una definición que no sé si es muy eclesiológica: la del posvaticano II. Con ello queríamos, sin perder su inspiración, expresar con otras categorías e imágenes el mundo en que vivimos, años de grandes cambios, que han marcado nuestra vida”.

Defensa de la Vida Religiosa

Otro eje muy importante ha sido la reflexión sobre la Vida Religiosa (VR). De hecho, el primer número del año 100 lo dedican a hacer “apología” de ella, “en su sentido más etimológico de defensa y alabanza”, remarca. “No sé si la palabra sospecha es la que más encaja, pero en España no se cuenta mucho con la VR. En ciertos ámbitos eclesiales no se la reconoce como quién es y desde lo que ella misma ha dicho de sí: que es una VR que se está haciendo a los tiempos nuevos, sin nostalgia y con realismo. Este es un elemento que otros podrían tener en consideración. Somos pocos, pero queremos contar con otros. Por eso, la VR podría ser referente para otras instancias en donde la colaboración con laicos apenas se da. Y estas referencias no son valoradas ni tenidas en cuenta, y convenía defenderlas”.

El futuro de la revista lo ve con ilusión y optimismo, pendiente ahora de dar el salto a las nuevas tecnologías de la información. Pero esa será ya tarea del nuevo director, a partir de junio.

Él ha cumplido ya con su ciclo en este centenario. Lo dice con un poso de tristeza al recodar todo lo vivido con sus colaboradores. De estos, sobre todo, ha aprendido “que uno no puede ir solo en busca de la verdad”.

EN ESENCIA

Un libro: Va’ dove ti porta il cuore, de Susanna Tamaro.

Una película: Secretos del corazón, de Montxo Armendáriz.

Una canción: Eres tú, de Mocedades.

Un deporte: el baloncesto.

Un rincón del mundo: Tailandia.

Un recuerdo de la infancia: los conciertos que cantábamos en el conservatorio de Burgos.

Una persona: mi madre.

La última alegría: la despedida de los colaboradores más cercanos de Sal Terrae.

La mayor tristeza: la muerte en soledad de seres indefensos.

Un regalo: un viaje a Roma.

Que me recuerden por… haber intentado escuchar y comprender a las personas.

En el nº 2.790 de Vida Nueva.

Actualizado
24/02/2012
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