‘Figuras de la Exclusión’, una mirada única a los últimos

Figuras de la exclusion - Museo Nacional de Escultura Valladolid

El Museo Nacional de Escultura recorre el arte religioso de los siglos XVI-XVIII “desde abajo”

Figuras de la exclusion - Exposicion Museo Nacional Escultura Valladolid

JUAN CARLOS RODRÍGUEZ | La exclusión y su representación en el arte, especialmente en los siglos XVI-XVIII, siempre ha tenido un papel secundario entre los investigadores, y apenas –nunca, al menos, en las últimas décadas– había ocupado un papel protagonista en una exposición de relieve. El Museo Nacional de Escultura, en Valladolid, ofrece por primera vez una mirada desde el arte religioso a las Figuras de la Exclusión y expone bajo distintas iconografías un amplio repertorio de excluidos por razones sociales e ideológicas. [Siga aquí si no es suscriptor]

“El tema abordado en esta exposición, aunque predilecto entre los historiadores, ha tenido un papel decididamente secundario, al menos en nuestro país, en los estudios de Historia del Arte y en las exposiciones temporales de los museos. Por lo general, cuando se ha puesto el foco en determinado medio social, este se ha orientado a aquellos protagonistas de la historia colocados a la cabeza de la riqueza y el poder, en lo alto de la jerarquía de la dignidad y de la respetabilidad: gentes de Corte, monarcas y princesas, grandes mecenas, hombres eminentes”, señala María Bolaños, directora del Museo y comisaria de la exposición.

Figuras de la exclusion - Muestra Valladolid Museo Nacional EsculturaAquí, la mirada es otra, una mirada a la historia “vista desde abajo”, que suma 29 obras seleccionadas entre pinturas y esculturas de los fondos del Museo, más otras 11 dispersas entre la colección permanente y que expone a pobres, enfermos, mendigos, huérfanos, desterrados, judíos, herejes, indígenas, mártires, místicos, ermitaños, vírgenes, monjas, prostitutas, concubinas…

Es decir, “todo este mundo de habitantes en el margen se plasma a través de un arte religioso que documenta de manera magistral la bullente realidad de una España difícil y desgarrada –afirma Bolaños–. Se trata de nuestro Siglo de Oro, un momento excepcionalmente rico de la cultura española, que brilla en medio del nacimiento del capitalismo, de las guerras religiosas, del auge de las ciudades, de la aventura americana y de la construcción de un nuevo modelo de Estado, fuertemente confesional. Pero también un período en que la exclusión vive un momento de gravedad, en que minorías muy significativas forman una base irrenunciable del modo en que se constituyó la sociedad contemporánea”. Y una exclusión que fue recogida por pintores y escultores de la talla de Andrés Amaya, Bartolomé González, el Maestro de Toro, Jan Brueghel de Velours, Isidro de Villoldo, Pieri, Gregorio Fernández, Juan de Juni…

Gente sin historia

Esta mirada se ha dividido desde cuatro puntos de vista, cuatro capítulos que no solo expresan el extraordinario “giro cultural” que ofrece la exposición, sino que supone una interesante ampliación del conocimiento histórico y un acercamiento entre disciplinas como la antropología, la historia de las mentalidades, la historia social y la historia del arte. Estos cuatro enfoques los ha elegido Bolaños para una “mejor comprensión” de la exposición, pero, además, resume coherentemente “ese mundo de la exclusión, de la historia de las gentes sin historia”.

Figuras de la exclusion - Museo Nacional Valladolid

'Milagro de san Cosme y san Damián', atribuido a I. de Villoldo (1534-1556)

El primero es “Inútiles para el mundo”, 13 piezas que representan la pobreza, la mendicidad, el ejercicio de la caridad, la enfermedad o la orfandad. “La miseria y el auxilio social a los necesitados son una realidad que ha estado siempre presente en nuestra historia. Sin embargo, las posturas en relación a las mismas han sido, en la cultura española, muy ambiguas”.

En el arte, especialmente en el Barroco, ha estado siempre presente esta caridad pública, con la devoción a los fundadores de las órdenes mendicantes (Éxtasis de San Francisco de Paula, 1676-1700, atribuido a M. de Torres), la exaltación de la Justicia divina (Bajada de Jesús al Limbo, 1520-1575, de la Escuela de El Bosco), las alegorías de la Justicia y la Caridad (las dos tallas marianas de G.Fernández fechadas en 1605 bajo este mismo título; o La alegoría de la Justicia, de P. de la Cuadra, de 1599), la asistencia a los niños abandonados (San José con el niño, de A. Amaya, de finales del siglo XVII); o la virtud de la resignación ante la enfermedad y la pobreza (Job en el muladar injuriado por su esposa, talla de F. Giralte, hacia 1550).

El segundo capítulo es “La marca de Caín”, seis piezas que reflejan una de las formas predilectas de la maldición divina: la expulsión del Paraíso. Es lo que se ve en obras que simbolizan la emigración a América (Historia de la aparición de la Virgen de Guadalupe, 1667, de Juan Correa), la expulsión de los judíos en 1492 (Flagelación de Cristo, siglo XVI, del Maestro de Toro) o el relato evangélico de la huida a Egipto, en el lienzo del mismo nombre firmado por B. González en 1627.

Mártires y místicos

La tercera mirada la componen mártires, místicos y ermitaños. Es decir, “Fuga mundi”. Los movimientos místicos de quietistas, alumbrados o dejados; los ermitaños y los grandes reformadores como Juan de la Cruz y Teresa de Ávila (retratada por Francisco Solís) fueron en la España moderna motivo de sospecha, persecución, prisión y procesos inquisitoriales. Es lo que representan obras como el San Onofre (hacia 1500), de Alejo de Vahía; o las Tentaciones de San Antonio Abad (finales del s. XVI), de Brueghel de Velours. El homenaje a los mártires, iconos de la marginación, lo simbolizan el anónimo Martirio de Santa Úrsula y las once mil vírgenes, del último cuarto del siglo XV.

Otra talla también anónima de una Santa (1520-1525), de una de estas “once mil vírgenes”, conecta con el último y cuarto capítulo: “Vidas de mujeres”, acerca de la exclusión femenina. En el imaginario religioso de la España moderna, están representadas con una paradoja que va entre la sublimación de lo sagrado (Santiago, protector de las comendadoras de su orden, anónimo de 1530, o la Santa Eulalia, de Salvador Carmona, hacia 1760) a la encarnación del pecado (María Magdalena, siglo XVI, de Juan de Juni).

Figuras de la exclusion - Museo Nacional de Escultura Valladolid

Busto relicario de una de las 'once mil vírgenes' (1520-1530)

Este último enfoque se completa más allá del Colegio de San Gregorio y el Palacio de Villena –la sedes del Museo Nacional de Escultura, que acogen esta exposición hasta el 22 de enero–, con la mirada que aporta, desde un punto de vista contemporáneo, el Museo Patio Herreriano. La mirada de la comisaria María Teresa Alario no es ya desde el arte religioso, sino desde la pintura y la fotografía española de los siglos XX y XXIcon el género como tema: “Es el eje principal, aunque no el único, ya que cuando hablamos sobre las mujeres, generalmente las diversas capas de exclusión y discriminación se sobreponen y entrecruzan”.

El Patio Herreriano completa así esta muestra, impulsada por el Ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de Valladolid, con otras 40 obras entre los fondos del Museo y que concentran una amplia diversidad de miradas y testimonios de mujer.

En ellas, destacan los seis escenarios en el que Alario ha dividido la muestra: “Identidades” (con obras de Remedios Varo, Eva Lootz o Cristina Iglesias), “Representaciones” (Elena Blasco, Susana Solano o Laura Torrado), “Arte Político” (Ester Partegás, Montserrat Soto), “Naturaleza versus razón” (Soledad Sevilla, Menchu Lamas, Esther Pizarro), “Derechos Humanos” (Carmen Calvo, Alicia Martín, Julio González) y “Espacio Privado/Espacio Público” (Elena del Rivero o Concha Pérez).

En cierto sentido, una y otra iconografía de la exclusión, la mirada del arte religioso y la del “feminismo” contemporáneo, están resumidas en una frase: la historia ya no puede enmendarse, pero el presente y el futuro, sí.

jcrodriguez@vidanueva.es

En el nº 2.778 de Vida Nueva.

Actualizado
25/11/2011
Compartir