Las sectas protestantes fijan sus ojos en África

(José Carlos Rodríguez Soto) Kampala, 25 de junio de 2007. Las avenidas que conducen al estadio de Nambole, a las afueras de la capital ugandesa, están cortadas al tráfico para permitir el acceso de miles de personas venidas de todo el país y de la vecina Kenia, algunas de las cuales empujan a enfermos en sillas de ruedas. La instalación deportiva, construida con una capacidad para 45.000 personas, se ha quedado pequeña para las 80.000 almas que se han congregado para recibir al famoso pastor evangelista Benny Hinn, llegado el día anterior de los Estados Unidos en su avión privado.

Procedente de la azotea del hotel Serena, llega en un helicóptero blanco, desde donde desciende como una deidad mientras un coro de 3.000 hombres y mujeres bien uniformados le recibe entonando un himno que repiten miles de gargantas. Todos alzan sus manos, levantan sus cabezas y, con los ojos cerrados, parecen entrar en estado de trance colectivo. Por fin, sobre un escenario poderosamente iluminado, el pastor comienza su plegaria: “Gracias, Señor, por dar a esta nación un presidente tan sabio y justo, enviado por ti…”. Con una escenografía bien cuidada, el servicio religioso continúa durante las tres horas siguientes alternando himnos y sermones pronunciados Biblia en mano, con gesto estudiado y voz imperiosa en los que se clama contra la homosexualidad y los preservativos, para concluir con dos supuestas curaciones de hombres enfermos de polio que arrojan sus muletas sobre el escenario mientras los fieles corean consignas al unísono, sumidos en un estado emocional que sube de tono a cada minuto.

Benny Hinn

Esta escena, de la que este periodista fue testigo, se repite a menudo en los lugares más dispares del mundo. Hablamos de grupos que unos llaman “evangelistas”, otros “pentecostales” y muchos, simplemente, “sectas protestantes”. Sea cual sea el nombre, es un fenómeno que ha crecido como la espuma durante las últimas tres décadas, llegando a alcanzar hoy una cifra de seguidores que muchos calculan en 400 millones. Algo más de 4.000 de sus líderes, procedentes de 197 países, se reunieron la pasada semana en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) para celebrar el tercer congreso internacional de evangelismo. Organizados alrededor de figuras carismáticas, algunos de sus super pastores figuran en las listas de las personas más influyentes del mundo, publicadas por la revista Time. Entre ellos se cuentan, además de Hinn, Billy Graham, Joyce Meyer y Rick Warren, éste último más conocido por ser el pastor al que Barack Obama eligió para dirigir la oración el día de su inauguración presidencial. A ellos habría que añadir el coreano Yonggi Cho, autor del best seller La Cuarta Dimensión, una especie de manual práctico de cómo hacerse millonario en poco tiempo a base de tener fe en Jesucristo, uno de los temas recurrentes de los evangelistas.

A esta lista habría que añadir el de otros pastores procedentes de África (ver recuadro abajo). En este continente, el evangelismo crece a gran velocidad. En cualquier ciudad africana uno se encuentra hoy con “cruzadas evangélicas” que duran todo el fin de semana, y basta poner la televisión para ver que la mayor parte de los canales privados ofrecen el mismo menú de predicadores bien vestidos que llaman a unirse a sus Iglesias. “Sus conversos son, sobre todo, jóvenes que no están asentados en su vida personal y que se sienten atraídos por el mensaje de prosperidad fácil que predican”, dice a Vida Nueva Jean Marie Nsambu, director de la revista católica ugandesa Leadership. Nsambu, que fue coordinador de pastoral juvenil en la Archidiócesis de Kampala, subraya el caso de muchas jóvenes: “Pasan con facilidad pasmosa de ser muy activas en sus grupos parroquiales a dejar su fe católica atraídas por la promesa de encontrar a un marido rico supuestamente elegido por Dios para ellas”.

Y es que los muchos miles de nuevos adeptos que nutren las filas de los grupos evangelistas en África proceden, sobre todo, del campo católico y, en menor medida, son cristianos de otras denominaciones de más tradición, como anglicanos, luteranos, bautistas y metodistas. De seguir la tendencia actual, la Iglesia católica en África podría ir camino de repetir la experiencia de América Latina, donde hace dos décadas se proclamaba con un gran optimismo que era el futuro de la Iglesia, afirmación que hoy habría que rebajar bastante dado el trasvase de numerosos católicos a las sectas pentecostales.

Los ‘nacidos de nuevo’

Las estadísticas cantan: Guatemala ha pasado de tener un 90% de católicos en los años 80 al actual 60%, descenso que se explica por el crecimiento de los grupos evangelistas, que hoy representan un 40%, y su influencia sigue aumentando. En Perú, de un 1% en los años 70, los pentecostales han pasado a ser el 15% de la población, según datos de 2009. ¿A qué razones obedece esto? Un misionero español con largos años de experiencia en Perú lo explica así: “Muchos católicos abandonan la Iglesia por no haber tenido una auténtica experiencia de encuentro con Cristo. Tienen unas costumbres religiosas muy arraigadas, pero poco consistentes, y en muchos casos no han tenido una experiencia de comunidad que les ofrezca acogida, fuerza y cohesión”. Para el religioso, que prefiere no ser identificado, “la Iglesia no ha llegado a los más alejados. Se insiste mucho en lo doctrinal, en las normas de moral, en una liturgia muy rígida… y cuando entran en estos grupos se les acoge con alegría y encuentran unas celebraciones alegres y participativas”.

Este carácter festivo del culto es una de las señas de identidad del universo evangelista, y una de las razones que explica la atracción que ejercen, sobre todo en un contexto cultural como el africano, muy sensible a la expresión de los sentimientos con todo el cuerpo. Por lo demás, aunque los evangelistas –a diferencia de la Iglesia católica– no tienen una autoridad central ni un cuerpo teológico bien definido, todos ellos presentan unos rasgos comunes: el acento en la conversión personal (“acepta a Jesucristo como tu salvador personal”, es una de sus consignas más repetidas), una lectura fundamentalista de la Biblia, que les hace repetir hasta la saciedad mensajes contra la homosexualidad o contra los idólatras (léase católicos) o sobre supuestos castigos divinos como el sida; un proselitismo muy directo (y a menudo furibundamente anti-católico); y un convencimiento de que al dar el paso de entrar en la “Iglesia” del pastor uno queda automáticamente “salvado”. De hecho, en África, estos grupos usan dos nombres para autodefinirse: son los born again (nacidos de nuevo) y los “salvados”. Un católico africano, educado en una moral que exige un esfuerzo personal de cumplir los mandamientos y seguir a Jesús, se queda perplejo cuando su compañero de trabajo o su vecino se presenta un día delante de él y le pregunta a bocajarro: “¿Tú aún no estás salvado?”.

Otras de sus características tienen que ver más con las formas y la personalidad del pastor, que, dotado de grandes dotes para la comunicación de masas, se convierte en el referente moral y líder indiscutible para todo. Todos ellos suelen contar una historia muy similar: partieron de cero, eran pecadores perdidos y, además, pobres, pero un día recibieron una llamada divina –casi siempre acompañada de una visión o de una curación milagrosa– e inauguraron su ministerio con un puñado de fieles y en poco tiempo crecieron de forma espectacular, tanto en seguidores como en riquezas materiales. Estas historias de éxito las atribuyen a la acción del Espíritu Santo, aunque para cualquiera que observe a los pastores desde fuera no es difícil de percibir que se debe también a su capacidad de prometer a sus audiencias la satisfacción de sus aspiraciones más inmediatas, y muy especialmente a sus esfuerzos por seducir a la clase política. En Uganda, por ejemplo, en los últimos años se ha creado una poderosa élite de políticos y magnates ligadas al partido en el poder (el Movimiento de Resistencia Nacional, curiosamente de orígenes marxistas) que pertenecen a las sectas de los born again, una de cuyas líderes más firmes es la esposa del presidente, Janet Museveni. Para dictadores y presidentes que se eternizan en el poder, estos grupos religiosos ofrecen una relación mucho más cómoda que la Iglesia católica, con sus frecuentes advertencias sobre derechos humanos no respetados o sus denuncias contra la corrupción o los abusos de poder.

Elegidos por Dio
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Pero su tema estrella es lo que se ha venido en llamar el “evangelio de la prosperidad”, una versión moderna del calvinismo que identifica el éxito económico con el signo de haber sido elegido por Dios. No importa cómo hayan empezado su sermón: todos los pastores llegan a un punto en el que lanzan el mensaje clave de que las bendiciones divinas están condicionadas a dar dinero, y los donativos llueven, casi siempre a la par que el pastor pasa de vivir en un barrio popular a construirse una mansión en una zona exclusiva y a conducir un Mercedes. Uno de los predicadores más populares en África, el pastor norteamericano Crefto Dollar, lo predica hasta con su nombre. En un continente en el que la mitad de la población vive con menos de un dólar al día, no son pocos los que están dispuestos a seguir a un líder que les prometa hacerse rico, aunque sea a costa de cambiar de confesión religiosa.

Muchos de los que se embarcan en esta aventura acaban mal. El director de Leadership ha conocido muy de cerca algunos casos: “Cuando estaba en la oficina de pastoral juvenil, una de nuestras empleadas se hizo pentecostal cuando un pastor le prometió un visado para los Estados Unidos. Hoy es su esposa y malvive en un barrio de Kampala intentando sacar adelante a sus cuatro hijos. Su hermana dejó sus estudios para entrar en la secta y hoy es más pobre que antes, a pesar de que le prometieron una transformación económica instantánea”.

Sin embargo, no es sólo una cuestión de conseguir dinero por la vía rápida, sino de encontrar soluciones rápidas a los muchos problemas que acucian a los más pobres, como sostiene Alex C. Jones, diácono permanente de la Archidiócesis de Detroit, que fue pastor pentecostal en los Estados Unidos de 1975 a 2000, año en que él y su mujer se hicieron católicos. “En las Iglesias pentecostales, los temas difíciles se ven en blanco y negro, y lo que ofrecen es fácil de creer: la gente busca respuestas sencillas y rápidas y el pastor les dice que si rezan, todos esos problemas desaparecerán. Pero muchas veces nos surgen problemas serios que nos duran toda la vida y no podemos hacer nada para solucionarlos”. Jones está convencido de que “buscar soluciones simplistas a temas muy complejos es engañar a la gente con falsas esperanzas”. Para él, “la vida es difícil y la Biblia no nos lo explica todo.Nos habla de una historia de salvación y del plan del Padre, pero no de un plan para cada aspecto de la vida. Y si queremos explicar hasta el mínimo detalle de nuestros problemas con la Biblia en la mano, no somos justos con la gente”.

En sus declaraciones oficiales, los obispos africanos no parecen prestar mucha atención a este fenómeno. El documento final del Sínodo Africano de 2009 no hace ninguna referencia a él, y no son muchas las cartas pastorales de conferencias episcopales africanas que aludan a esta problemática. Los templos católicos en ciudades y poblados de África siguen estando llenos, pero la imagen podría ser engañosa: la población crece a un ritmo muy rápido y los hijos de familias católicas siguen la religión de sus padres. Pero muchos otros, sobre todo los jóvenes, se pasan a los grupos evangelistas, donde dan rienda suelta a su entusiasmo. Un entusiasmo que, en muchos casos, acaba mal.

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LOS NUEVOS TELEPREDICADORES AFRICANOS


SUNDAY ADELAJA. Nacido en un pequeño pueblo de Nigeria, a sus 43 años hoy está a la cabeza de la “megaiglesia” más grande de Europa, en Kiev (Ucrania). Según él, tras llegar a esta país para estudiar Periodismo en 1986, Dios le habría revelado: “Este país no necesita un periodista, sino un salvador de almas”. Sin ninguna preparación teológica, a la caída del comunismo fundó la Embajada de Dios, que hoy cuenta con 25.000 miembros en 45 países.

DAVID OYEDEPO. También nigeriano, este pastor de 55 años lidera la Iglesia de Canaanland, cuyo centro a las afueras de Lagos está construido en un enorme complejo de 500 hectáreas que cuenta con una universidad, bancos, restaurantes y un auditorio con capacidad para 50.000 personas.

MAMADOU KARAMBINI. Natural de Burkina Faso, este antiguo musulmán de 66 años, economista de profesión, es cabeza de una congregación evangelista en Uagadugu que cuenta con un hospital y una cadena privada de televisión. Se ha convertido en el referente de los pentecostales en el África francófona.

MARTÍN SSEMPA. Joven líder de la Iglesia de la Comunidad de Makerere, en Uganda. Comunicador agresivo y varias veces candidato a la alcaldía de Kampala, es conocido por su rechazo frontal de la separación Iglesia-Estado y por su furibunda campaña contra los homosexuales. El año pasado se convirtió en abanderado de un polémico proyecto de ley –aún no aprobado– en el que se contemplaba la pena de muerte para homosexuales reincidentes y penas de cárcel para quien tuviera a un vecino homosexual y no lo denunciara a la policía.

jcrsoto@vidanueva.es

En el nº2.727 de Vida Nueva.

Actualizado
29/10/2010
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