Javier Melloni: “Soy un aprendiz de humano”

Teólogo y antropólogo

(Texto y fotos: Vicente L. García) Javier Melloni (Barcelona, 1962) se presenta como “un aprendiz de humano, un ser humano en proceso de apertura” y alude a sus raíces catalanas, hispanas e italianas para justificar su interés por las diversas culturas. No olvida que es jesuita: “Desde los 18 años, la Compañía de Jesús es mi tierra”. Para este antropólogo, doctor en Teología y miembro del Centre de Cristianisme i Justícia y de la Escuela Ignaciana de Espiritualidad (Eides), esta pertenencia le hace sentirse “universal” y, por ello, afirma que “formar parte de una institución cristiano-católica no le constriñe, sino que le abre espacios”.

“Una imagen sufí expresa bien esto que digo: debemos ser como un compás, con un pie bien anclado y el otro capaz de abarcar un gran círculo. Lo que soy se lo debo a la sabia que me nutre y esa sabia se llama Compañía de Jesús”, insiste.

Melloni, considerado experto en relaciones interconfesionales, explica que la relación con otras religiones surgió por una necesidad propia: “Sentía que nuestra manera de creer en Dios no podía ser la única”. En este sentido, narra cómo, en su noviciado, no se sentía identificado con los salmos y sí con textos de Ghandi, Tagore o del Tao Te King. “Con el tiempo, he verificado que cada tradición religiosa contiene un poco del océano infinito y con ello ya quedamos colmados, de modo que nos parece que ya no se puede beber de otro vaso. Incluso nos sentimos infieles si lo hacemos”, añade.

El autor de El Cristo Interior (Herder Editorial) llegó a esta conclusión tras los nueve meses que pasó en la India, donde volvió a renacer. “Aquella experiencia me marcó porque pude constatar que hay otras civilizaciones tan ricas como la nuestra”, reconoce. Dice que allí pudo ver “montañas físicas y espirituales que doblaban a las nuestras y la luz de la mirada limpia de las gentes”.

El conocimiento de otras realidades religiosas y tradiciones le permite concluir que las religiones son “lenguajes para dar forma a lo que no tiene forma, para poner rostro a lo que no lo tiene, palabra a lo que está más allá de la expresión”. Es una nueva forma de vida que requiere un proceso largo: “Sigo en un estado de receptividad, de conocimiento de mi mismo y de cuanto me llega”.

A este conocimiento mutuo ha contribuido la globalización, de la que dice que ha abierto una nueva etapa en el diálogo interreligioso. “Las distancias se han acortado y ya no se puede evitar el roce. Las nuevas tecnologías y los movimientos demográficos hacen impensable no ser consciente de la existencia del otro, salvo que uno viva ciego, sordo y mudo”.

Dios y la Creación

Ahora estamos, por tanto, todos con todo, pero explica que no sólo se trata de eso, sino también de la maduración de las religiones que “van descubriendo la distinción entre totalidad y plenitud”. “Las religiones son receptáculos de plenitudes que posibilitan una experiencia, pero ello no impide que haya otras plenitudes. Las peleas vienen cuando consideramos que mi plenitud abarca la totalidad y no deja espacio para otras”, apunta.

También habla sobre el último libro del científico Stephen Hawking, donde se niega el papel de Dios en la Creación. “El Dios al que se refiere Hawking es el de un ser antropomorfo a imagen de los frescos de Miguel Ángel donde Dios es creador y competidor del ser humano. Se confronta con la existencia de un dios mítico en el que muchos hemos dejado de creer”, explica.

En este sentido, señala que la compresión que hoy se tiene de Dios es “como la profundidad misma de lo real”. “Dios y lo real no están separados. Dios es la realidad misma en su fondo trascendente”, argumenta. Por tanto, para Javier Melloni, las negaciones del científico británico “no son significativas ni en el mundo religioso ni en el científico”.

En esencia

Una película: Avatar.

Un libro: las poesías de Rilke.

Un deporte: la lectura y caminar.

Un recuerdo de infancia: la primera vez que vi la nieve con seis años en unas montañas de los Pirineos.

Una persona: el Padre Arrupe.

Un rincón en el mundo: algún bosque frondoso de las dunas del desierto.

Tu última alegría: la última respiración.

Tu mayor tristeza: cada vez que se arremete contra un inocente.

Que me recuerden por… haber existido tratando de no dañar a nada ni nadie.

vlgarcia@vidanueva.es

En el nº 2.727 de Vida Nueva.

Actualizado
29/10/2010
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