José Luis García Paneque: “Desgrané muchos rosarios en prisión”

Exiliado cubano en España

(Texto y foto: Vicente L. García) “Aunque mi nombre completo es José Luis García Paneque, todos me conocen como Paneque. Soy uno de los primeros presos de conciencia cubanos liberados tras el acuerdo cerrado por la Iglesia de la isla y el Gobierno castrista. Cuando entré en prisión por ejercer la libertad de expresión en la primavera de 2003 pesaba 86 kilos; al salir pesaba 48. Ahora comienzo una nueva vida en Cullera (Valencia), junto a los familiares que me han acompañado en el exilio”. Así se presenta el Dr. Paneque en el blog que, a través de la agencia La Información, le permite continuar con el ejercicio de la libertad de expresión que un día le llevó a la prisión: “Por decir la verdad en Cuba fuimos a la cárcel. Y en España, Europa y en todo el mundo no nos vamos a callar hasta lograr los cambios estructurales que hoy precisa nuestra patria”.

Paneque ha pasado algo más de siete años de su vida en varias prisiones cubanas, los dos primeros en celda de aislamiento. Su condena a 20 años fue aumentada a 24 por “no mostrar arrepentimiento durante el juicio”. Desde el pasado 13 de julio se encuentra en España, a donde ha sido exiliado tras el acuerdo alcanzado entre la Iglesia y el Gobierno español con el régimen cubano. Una llamada del cardenal de la Habana, Jaime Ortega, le comunicó que era uno de los cinco primeros escogidos para partir hacia España. El primer acuerdo de excarcelación condicionado al exilio afectará a 52 presos de conciencia.

Paneque es un hombre de fe y, sin duda, ésta ha jugado un papel importante en su supervivencia: “La cantidad de rosarios que habré desgranado, sobre todo en los dos primeros años de aislamiento”. Sus fuertes convicciones morales le llevaron a renunciar a los bis a bis con su esposa para evitar que “fuese registrada corporalmente”. Reconoce no haber leído más en su vida que durante estos años: además de las típicas lecturas de prisión, como El Conde de Montecristo, ha podido leer la Biblia, libros de filosofía e, incluso, hasta el diario español El País, “hasta que Fidel lo calificó como un diario de derechas”. Algunas publicaciones de la Iglesia cubana eran expresamente vetadas en la cárcel.

Paneque afirma que el pueblo cubano es y siempre ha sido muy religioso: “Prácticamente no hay cubano que no sea devoto de la Virgen del Cobre, la Virgen de la Caridad”. Si bien es cierto hubo unas décadas en las que el régimen consiguió replegar a la Iglesia, tras la visita de Juan Pablo II se produjo un cambio. “Hemos recuperado la fiesta de la Navidad”, dice, a la vez que recuerda emocionado cómo el pueblo gritaba “libertad, libertad, libertad” en las celebraciones con el Papa.

Fuerte experiencia de fe

En su vida, la Iglesia está muy presente por la intercesión, ahora, en su excarcelación y por la labor de un sacerdote valenciano, Antonio Codino Córcoles, quien le acogió y cuidó y defendió a su familia cuando él fue encarcelado. “La Iglesia cubana ha tenido mucha paciencia en estos 51 años. Ha sido atacada, anulada, pero cada vez que se la ha necesitado ha estado presente; gracias a ella se detuvieron los fusilamientos a principios de la revolución. Gracias a ella también fueron liberados muchos presos, 3.600 en 1978 y, en 1998, más de 300. Y gracias a ella estoy hoy aquí”.

Paneque se encuentra en España en compañía de sus ancianos padres, su hermana y la hija recién nacida de ésta: “Les dieron apenas unas horas para decidir si se venían conmigo y dejarlo todo. Ahora mi casa se la ha apropiado el Gobierno y la han convertido en oficinas”. Su mujer y sus hijos se encuentran exiliados en los Estados Unidos desde el año 2007. Sólo espera poder empezar a trabajar “para no ser una carga ni para el Gobierno ni para el pueblo español, y para poder traer a mi familia a España”.

En esencia

Una película: La lista de Schindler, de Steven Spielberg.

Un deporte: el béisbol.

Una canción: Longina, representativa de la música instrumental de Cuba.

Un recuerdo de infancia: la primera y única bicicleta que me compró mi padre.

Una persona: mi padre.

Un rincón en el mundo: mi casa de Cuba.

Tu mayor alegría: el nacimiento de mis hijos.

Un valor: la honestidad.

Tu mayor tristeza: no volver a ver a mis hijos.

Que me recuerden por… lo que he hecho.

vlgarcia@vidanueva.es

En el nº 2.725 de Vida Nueva.

Actualizado
15/10/2010
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