Jorge Rando: “El artista cristiano nunca debe esconder sus creencias”

Escultor y pintor malagueño

(Encarni Llamas Fortes) Jorge Rando es un artista malagueño. Cuando acabó sus estudios de Filosofía se trasladó a Colonia. Su relación con el arte y la cultura centroeuropeas ha dejado una huella indeleble en su obra. En 1984 regresó a España con su esposa Margit, y desde entonces alternan su residencia entre Málaga y Hamburgo. Este genio expresionista ha expuesto su obra en España, Europa y los Estados Unidos. Entre sus últimas genialidades está la de crear un museo en la calle, en los Jardines de la Catedral de Málaga. Es el primer y único Museo al Aire Libre que existe en la ciudad.

“A principios de 2007 –cuenta Jorge–, el entonces deán de la Catedral, Francisco García Mota, entró en contacto conmigo porque era su deseo que los yugos antiguos de madera y de hierro de las campanas originales se restauraran para poderlos exhibir al público. De ahí surgió la idea de hacer el Museo al Aire Libre”. Restauró los yugos, que utilizó, junto con los badajos, para integrarlos en varias esculturas, algunas, de más de dos toneladas. “El gran reto era elevarlos y atrapar el sonido de las campanas”. Lo solucionó utilizando el espacio como masa: “Junto a la base de la torre norte, instalé el grupo escultórico Las Cruces, que ya se habían exhibido en 2008 en el Palacio Episcopal de Málaga. Luego realicé El abrazo a la Cruz”, una pieza puramente expresionista de 3,5 metros de altura con una leyenda grabada en hierro: “El abrazo a la Cruz es un abrazo al Amor”. “En estos tiempos en que se ataca con tanta saña al símbolo de los cristianos, no podemos callarnos, sino que tenemos que proclamar nuestra fe a través de ella”, asegura el artista.

Jorge piensa que “el arte cristiano no vende, pero nosotros, los artistas cristianos tenemos que dar testimonio de nuestra fe en todos los momentos de nuestra vida. Parte de ella la dedicamos a hacer arte, a recrear lo que ya creó el Supremo Hacedor, y descubrimos que somos sólo instrumento de esa fuerza mayor que nos lleva la mano en el momento de la creación. El artista cristiano nunca debe esconder sus creencias, aunque a veces vaya en detrimento de su éxito”.

Son varias las parroquias de la diócesis que disfrutan de la generosidad y el arte de Rando, pues no hay más que proponerle una idea para que aparezca con una obra de arte ‘a la medida’. Como el políptico que dejó con la boca abierta a los feligreses de La Natividad del Señor, en la barriada de La Paz. “Cuando mi buen y viejo amigo José Luis Linares, el párroco, me pidió un mural, sólo eligió el tema, la parábola del sembrador, y tuve total libertad en el desarrollo”. Eligió un soporte de madera dividido en cinco paneles, enmarcados en una estructura de hierro de 15 por 3 metros. El concepto fue asomando poco a poco en su cabeza: “Entre 1971 y 1973 viajé por todo el mundo y me interesé por el arte de las vidrieras. Visité las catedrales de varios países, principalmente España, Francia y Alemania”, donde entró en contacto con las técnicas del vidrio y el emplomado.

Homenaje a la mujer

“Al rememorar esos años ya lejanos, observé el poco protagonismo de la mujer en sus representaciones pictóricas –sigue Jorge–. Fue ahí cuando decidí que realizaría una alabanza al Sembrador, al Verbo que fue en un principio y luego habitó entre nosotros”. Así, la figura central del políptico es el Sembrador esparciendo la semilla, y en los demás hay mujeres que señalan la semilla caída y se dirigen al Señor en una danza de alabanza. “Es un homenaje a la mujer catequista, a la mujer misionera y a la mujer en general que ayuda, ¡y de qué manera!, a sostener la Iglesia. Una mujer fuerte cuya labor es hoy reconocida públicamente, una labor imprescindible en la propagación de nuestra doctrina cristiana”.

En esencia

Una película: La última cima, de Juan Manuel Cotelo.

Un libro: Cántico espiritual, de san Juan de la Cruz.

Una canción: Unchained Melody (de la BSO de Ghost).

Un recuerdo de infancia: el olor de los lápices de colores en el día de Reyes.

Una persona: mi mujer.

La mayor tristeza: la muerte de niños por las hambrunas.

La última alegría:
la recuperación de mi madre de una grave enfermedad.

Un rincón del mundo: mi hogar en Málaga.

Un valor: la lealtad.

Que me recuerden…
como quieran quienes me conocieron.

En el nº 2.720 de Vida Nueva.

Actualizado
10/09/2010
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