Benedicto XVI pide a la comunidad internacional una solución para Oriente Medio

Durante su viaje a Chipre, reitera la necesidad del diálogo y la reconciliación

El Papa es recibido por el arzobispo ortodoxo Chrysostomos II

(Antonio Pelayo -Roma) Si 24 horas antes de que el Papa emprendiera su viaje a Chipre no hubiese sido salvajemente asesinado el presidente de la Conferencia Episcopal de Turquía, y una semana antes un comando de la marina israelí no hubiese asaltado por las bravas a una flotilla humanitaria con destino a Gaza, es muy posible que cuanto ha dicho y hecho Benedicto XVI entre el 4 y el 6 de junio en la isla mediterránea no hubiese tenido el mismo eco que le han reservado los medios de comunicación internacionales.

Estoy seguro de que en el Vaticano todos habrían renunciado con gusto a ese suplemento de publicidad con tal de que no se hubiesen producido esos dos acontecimientos tan lamentables y luctuosos. Pero la historia discurre por cauces a veces imprevisibles y la Iglesia no puede ignorar lo que sucede a su alrededor.

Ya en el avión que, el viernes 4, le conducía al aeropuerto chipriota de Pafos, Joseph Ratzinger quiso situar la muerte de Luigi Padovese en el contexto exacto: “Esta sombra no tienen nada que ver con la realidad de este viaje, porque no debemos atribuir a Turquía o a los turcos este hecho. Es algo sobre lo que tenemos pocas informaciones. Lo que es seguro es que no se trata de un asesinato político o religioso; es algo personal”.

En el curso de su conversación con los informadores –no puede hablarse de una verdadera conferencia de prensa–, el Papa también aludió al grave incidente provocado por el asalto de Israel a los barcos turcos y a la aportación vaticana a la paz en la región: “Contribuimos sobre todo de un modo religioso. Podemos ayudar con consejos políticos y estratégicos, pero el trabajo esencial de la Santa Sede es siempre religioso. (…) No hay que perder la paciencia, no hay que perder la valentía, no perder la serenidad para recomenzar, hay que crear estas disposiciones del corazón para recomenzar siempre de nuevo, con la certeza de que podemos avanzar, de que podemos llegar a la paz, que la violencia no es la solución, sino la paciencia del bien”.

Una visita con intención dialogante

Ya en Chipre, Benedicto XVI fue recibido con todos los honores por el presidente de la República, Dimitris Christofias; el ex arzobispo maronita Joseph Soueif; el patriarca latino de Jerusalén, Fouad Twal (a cuya jurisdicción pertenece la isla), y el arzobispo ortodoxo Su Beatitud Chrysostomos II, figura clave de esta visita.

Benedicto XVI saluda a los chipriotas

Para subrayar ya en los primeros momentos la intención dialogante de su visita, el Santo Padre se dirigió desde el aeropuerto a la Agia Kiriaki Chrysopolitissa (Iglesia de Santa Ciríaca), un templo de los siglos XI-XII construido sobre las ruinas de una basílica paleocristiana del siglo IV y que conserva la columna de san Pablo, en la que, según la tradición, el apóstol fue flagelado durante su primera estancia en la isla.

Después de agradecer su hospitalidad al metropolita ortodoxo de Pafos, Su Eminencia Georgios, Benedicto XVI destacó que “la Iglesia de Chipre, que demuestra ser como un puente entre Oriente y Occidente, ha contribuido mucho al proceso de reconciliación. El camino que conduce al objetivo de la comunión plena no estará ciertamente privado de dificultades, pero la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa de Chipre están comprometidas a proseguir en la vía del diálogo y de la cooperación fraterna”.

Chipre, modelo de convivencia

El sábado 5 fue la jornada más plena del viaje. Comenzó con una visita de cortesía al Palacio Presidencial de Nicosia, donde tuvo lugar una reunión privada con el presidente y, sucesivamente, con el Cuerpo Diplomático. “En Chipre –dijo Christofias– desde hace siglos los chipriotas ortodoxos han convivido en armonía con las comunidades católicas y musulmanas. Chipre quiere y puede ser un modelo de la civilización del vivir juntos”.

En su discurso, Benedicto XVI propuso tres caminos para respetar la verdad en el mundo de la política y de la diplomacia: “Actuar de modo responsable sobre la base del conocimiento de los hechos reales”, “la deconstrucción de las ideologías políticas que quieren suplantar la verdad” y “un esfuerzo constante para fundar la ley positiva sobre los principios éticos de la ley natural”.

Tras encontrarse con la comunidad católica de la isla en la escuela de San Marón, el Papa se dirigió a la sede del Arzobispado Ortodoxo, donde la esperaba Su Beatitud Chrysostomos con varios miembros del Santo Sínodo. Después de eso, Ratzinger y su séquito (los cardenales Bertone, Sandri, Kasper y Tauran), en un gesto bastante insólito, aceptaron la invitación a comer que les había hecho el máximo representante de la jerarquía ortodoxa y símbolo más elocuente de fraternidad que tantas palabras y discursos.

El ‘Instrumentum laboris’, un documento valiente

Misa en la que el Papa entregó el 'Instrumentum laboris'

Para la jornada del domingo se había reservado la Eucaristía con la población católica de la isla, en el estadio Eleftheria de Nicosia, en el curso de la cual el Papa entregó el Instrumentum laboris.

La homilía papal, centrada en el misterio de la Eucaristía, concluyó así: “Estamos llamados a superar nuestras diferencias, a llevar paz y reconciliación donde hay conflictos, a ofrecer al mundo un mensaje de esperanza. Estamos llamados a extender nuestra atención a los necesitados, dividiendo generosamente nuestros bienes terrenos con los que son menos afortunados que nosotros”.

El Instrumentum laboris –un texto de unas cuarenta páginas, publicado en inglés, francés, italiano y árabe– sigue fundamentalmente las pautas de los Lineamenta hechos públicos hace algunos meses y está basado en las respuestas que a los mismos han dado las Iglesias de Oriente Medio, los dicasterios de la Curia y otras instituciones eclesiales.

Es un documento valiente, y en una de sus conclusiones afirma: “Desde hace decenios, la no resolución del conflicto palestino-israelí, el no respeto del derecho internacional, el egoísmo de las grandes potencias y el no respeto de los derechos humanos han desestabilizado la región e impuesto a las poblaciones una violencia que corre el riesgo de hacerles precipitar en la desesperanza”.

Éste es el mensaje que el Papa quiso concretar con una frase que ha sido para muchos medios de comunicación la síntesis del viaje: “Repito mi llamamiento personal para un esfuerzo internacional urgente y concertado, a fin de resolver las tensiones que continúan en Oriente Medio, de modo especial en Tierra Santa, antes de que esos conflictos conduzcan a un baño de sangre todavía más grande”.

Más información, en el nº 2.711 de Vida Nueva. Si es usted suscriptor, vea la crónica vaticana completa aquí.

Actualizado
08/06/2010
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