Una ‘familia’ donde crecer en edad, sabiduría y gracia

La formación humana y espiritual, pilar del colegio-seminario de Rozas (Getafe)

Colegio-Rozas(Texto: María Gómez– Fotos: Luis Medina) Cuando el hijo de Rosa Pulido planteó en casa que quería ir al seminario (tenía entonces 12 años) no le hicieron mucho caso. Un cambio de colegio era un trastorno para la familia y, simplemente, no entraba en sus planes. Pero él estaba decidido, así que se presentó a las pruebas de ingreso, fue aceptado y ya lleva cinco años en el Colegio-Seminario de Rozas, centro situado en Rozas de Puerto Real (Madrid) y perteneciente a la Diócesis de Getafe. Estudia 4º de la ESO y “está abierto a ser sacerdote, pero todavía está discerniendo. Aún no tiene nada claro”, cuenta Rosa a Vida Nueva.

Colegio-Rozas-2“Hubo lágrimas el primer día, no voy a negarlo. Recuerdo que llegué a casa y cerré la puerta de su dormitorio. No soportaba verlo vacío”. Rosa comparte esta anécdota con el orgullo de una madre que ve que su hijo ha crecido “en responsabilidad, en orden, en valores que además nos ha transmitido”. Ella es la representante de la Asociación de Amigos del Seminario, responsabilidad que asume gustosa porque al final el colegio ha terminado siendo de toda la familia. Su pasión se traduce en el voluntariado que realiza para con el centro educativo, porque le interesa mucho transmitir a otros padres el consejo que le dieron a ella: “Sin miedo, estáis tomando una buena decisión”.

“Creo que lo más importante es que aquí intentamos crear un clima de familia, una gran familia unidos en el corazón de Cristo, entre los profesores, los sacerdotes, los alumnos y los padres”, subraya a VN el secretario del centro, José Bernardo Díaz-Maroto, señalando a la estatua del Sagrado Corazón de Jesús que preside la explanada enfrente del edificio de los dormitorios. Es miércoles, una fría pero soleada tarde de invierno, y cuando suena la sirena anunciando que son las cinco, en el recinto empieza a verse a decenas de chavales. En pandillas o en parejas, pasean, suben a las habitaciones o se quedan charlando, curioseando cerca del aulario; un grupo se va en una gran furgoneta: los miércoles es día de visita a residencias de ancianos de los alrededores.

José Bernardo, con algunos de los alumnos

José Bernardo, con algunos de los alumnos

Don José Bernardo, como le tratan los chicos, intenta estar pendiente de todos los detalles. Lleva un año aquí, y su balance es positivo: “Por suerte, el Señor ha querido que yo naciese en una familia muy católica. Desde pequeño me inculcaron estos valores y estoy encantado. Aunque yo no he estado en un seminario, en cierto modo sí he vivido esto, también he tenido cerca a sacerdotes que me han ayudado”.

¿Qué es lo que hace diferente a este colegio? “Su misma identidad –responde Enrique Jesús Gutiérrez Solana, párroco de Rozas y formador y administrador del centro–. Esto es un colegio y, a la par, seminario menor. Esto quiere decir que, de los 150 chavales que tenemos, alrededor de 30 –apunta– están aquí porque en un futuro tienen intención de ser sacerdotes; es una proporción muy alta, si la comparamos con la de un instituto o incluso con la de un colegio concertado. Pero además, destaca la solidez en valores cristianos en que queremos educarles. Buscamos una educación integral: queremos un buen nivel académico, y a la vez que crezcan en compañerismo, en una amistad auténtica y sólida, en generosidad, en preocupación por los más necesitados…”.

Colegio-Rozas-4Lo primero, el rendimiento académico, se consigue gracias a las muchas horas de estudio. En el Colegio-Seminario de Rozas se puede cursar toda la ESO y el Bachiller (de los 11-12 a los 17 años), y a las clases (con las mismas asignaturas que en cualquier otra escuela) se suma un mínimo de tres horas de estudio tutorizado, según la edad, más las de refuerzo que sean necesarias. “Se les ayuda a hacer resúmenes o a comprender un texto, pero también a organizarse, a preparar el material antes de sentarse, para que no se levanten cada dos por tres a por una goma o un rotulador. Son detalles que parecen menores, pero ellos se van dando cuenta de lo importante que es la educación, y sus padres también tienen que notar que aprovechan el tiempo”, explica José Bernardo.

Autonomía y respeto

Por otra parte, opina que el vivir en un internado es un beneficio para su crecimiento: “El personal de limpieza está para limpiar, pero nada más. Son los alumnos los que se responsabilizan de sus habitaciones, de hacer su cama, de organizar su ropa… Como niños que son, hay que darles un margen, pero al final ellos están aquí para aprender, y todo les ayuda a madurar”. En este sentido, el respeto es fundamental. La relación entre los alumnos y el personal es cercana, pero cada uno sabe cuál es su papel: “Siempre tiene que haber una diferencia. Que me llamen de ‘don’, a mí y a cualquiera –asegura José Bernardo–, es sólo un ejemplo de este respeto. Ellos tienen que saber que soy un formador; si nos equiparásemos con ellos, no podríamos ayudarles”. Y aquí trae a colación la Ley de Autoridad del Profesor propuesta en la Comunidad de Madrid: “Cuando hay que legislar estas cosas es que algo está fallando”.

Colegio-Rozas-5El otro aspecto identitario del colegio es, claro, el espiritual. José Bernardo lo argumenta así: “Queremos llevar a los chicos al corazón de Cristo, y hay que empezar desde pequeños”. La oferta de celebraciones y oraciones es amplia, con el rezo diario de laudes y vísperas, y la eucaristía de las 18:30h., todo ello voluntario, “pero ellos ven que les ayuda, y se van sumando”. “Hoy miércoles –sigue–, por la mañana ha habido una eucaristía obligatoria, y hay Exposición del Santísimo, que es voluntaria, pero vienen muchos”. Además, a los chicos se les da la oportunidad de recibir catequesis, y por las noches se reúnen grupos de Acción Católica. Más las celebraciones en tiempos fuertes, los actos penitenciales, las convivencias anuales y Ejercicios Espirituales, que son actividades “recomendadas”… “El Señor está en todas las cosas, en un partido de fútbol, en la conversación con un amigo y, por supuesto, en el sagrario –apunta el joven secretario–. Es muy gratificante encontrarte a un niño en la capilla, y ver a los pequeños con ese amor a Dios y a la Iglesia”.

Enrique Gutiérrez, formador del centro

Enrique Gutiérrez, formador del centro

Tres chicos de último año apuran el descanso hasta las 19:00h., en que comienza el estudio vespertino. Juan Luis es de Cáceres, llegó hace cinco años y “al principio no quería venir, me trajeron mis padres un poco obligado. Pero ahora ya bien”. Carlos, de Toledo, lleva cuatro años en el Rozas, y aunque le da pena irse, es su madre la que más lo va a sentir: “Ella está muy contenta de que esté aquí”. El más veterano es Ismael, también de Toledo, y después de siete años interno, “echaré de menos todo un poco. Cuando te vas, sabes que vas a mantener relación con algunos, pero a otros no los vas a volver a ver”. Coinciden en que uno de los peores momentos fue el ingreso (“nosotros veníamos más asustados que los que llegan ahora”), y entre los recuerdos más divertidos, eligen las tardes de piscina. Agradecen lo aprendido, a nivel académico y personal, porque se saben más autónomos, y han descubierto el valor del respeto y el esfuerzo. Mientras acaban de decidir qué harán el año que viene, sí tienen claro que les gustaría seguir con sus tareas de catequistas y vinculados a la parroquia.

El viernes volverán a sus casas, como todos los fines de semana. Y el lunes el colegio volverá a estar a pleno rendimiento. En su última visita, los obispos diocesanos (Joaquín López de Andújar y Rafael Zornoza) animaban a no desfallecer: “Estáis dando la vida por Cristo”.

 

Objetivo: tomarse la vida en serio

Colegio-Rozas-7El Colegio-Seminario de Rozas no tiene como objetivo concreto formar a un número determinado de alumnos que pasen al Seminario Mayor. En opinión de José Bernardo Díaz-Maroto, “el Señor saber a quién llama, y de los chicos depende escuchar o no”. Mientras se acerca el Día del Seminario (19-21 de marzo), el formador Enrique J. Gutiérrez asegura que “preferimos ser menos y tener un buen ambiente, que ser muchísimos y que el ambiente se estropee. Nosotros buscamos formar personas desde una visión cristiana de la vida. Tener a Cristo nos impulsa a ser mejores en nuestras obligaciones y responsabilidades, ser mejores en casa, ser mejores hijos, hermanos o amigos. Queremos que los chicos puedan encontrar aquí un ambiente sano en el que desarrollar lo mejor de sí mismos”, ya sea en una vocación sacerdotal, religiosa o al matrimonio, pero todo, remata el administrador, “percibiendo la voz de Dios, que llama a tomarse en serio la vida”.

Más información: www.rozascs.org

En el nº 2.698 de Vida Nueva.

Actualizado
05/03/2010
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