Inma Shara: “Música y religión son un manual de felicidad”

Directora de orquesta

Inma-Shara(Vicente L. García) Bajo el aspecto de una figura de Lladró se esconde un tsunami de la interpretación musical. Todo el mundo, desde la crítica especializada hasta los mismos asistentes a cualquiera de sus conciertos, coincide en descripciones similares a la hora de referirse a Inmaculada Lucía Sarachaga, más conocida por su nombre artístico: Inma Shara. Esta joven alavesa, natural de Amurrio (1972), tiene ya ganado su espacio en la historia de la música por su calidad interpretativa como directora de orquesta. A ello se suma el formar parte de un selecto colectivo en el que apenas destacan seis nombres de mujer.

Inma ha sido recientemente galardonada, entre otros premios, con el Sabino Arana, que concede el Gobierno Vasco, y con el Premio ¡Bravo! en el apartado de Música, concedido por la Conferencia Episcopal Española. “Siempre es un orgullo recibir premios. Al fin y al cabo, la razón de existir de todo artista, evidentemente, es el aplauso y el calor de la gente, y yo entiendo que los premios son una extensión de esos aplausos y de ese calor. Forman parte de ese alimento de los artistas para seguir adelante”, explica con sencillez.

Paz interior

Esta mujer nunca ha escondido su condición de creyente, declarándose católica. Algo que influye notablemente en su actividad, viviendo su espiritualidad también a través de la música: “En mi caso, la fe y la música son dos caminos difíciles de separar, a través de los cuales alimento mi espíritu de esos valores que le llevan a uno a apostar por la utopía, la utopía de un mundo más humano. Por otro lado, la música y la fe aportan, entre otras cosas, la paz interior; en la música y en la religión uno puede encontrar un manual de la generosidad, del amor, de la felicidad”.

Eso sí, lamenta que una disciplina como la música, transmisora de valores y sentimientos, no tenga el espacio que se merece en el mundo de la educación: “Hoy, la sociedad propugna, a mi modo de ver, modelos de sensibilidad erróneos; quizá la música podría a ayudar a recuperar en las futuras generaciones muchos de esos valores positivos que hoy consideramos perdidos”.
En esta etapa de su vida profesional en la que se encuentra, consolidada ya en la cumbre, está siendo invitada a participar en diversos eventos internacionales. Así, próximamente, llamada por la Unión Europea, tomará la batuta para dirigir a la Joven Orquesta de Europa en la clausura de la Semana dedicada a Europa en la Expo Universal en Shanghái.

En la Santa Sede

Pero entre todas las actuaciones, hay una muy especial… “Todavía recuerdo cómo me temblaban las piernas”, afirma sonriendo. En diciembre de 2008 fue invitada por el cardenal Martini para conmemorar, con un concierto en el Vaticano, el 60º aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos. Inma se convirtió así en la primera mujer que ha dirigido una orquesta en la sede de la Iglesia. “Conservo un recuerdo muy especial de ese concierto. Creo que es uno de los mayores regalos que me ha dado la vida, no puede haber escenario mejor en el mundo para dirigir que el Vaticano”.

El propio Benedicto XVI, un apasionado de la música clásica, manifestó su agrado por el trabajo realizado por la joven directora, por lo que no se descarta que la Santa Sede proyecte un nuevo concierto con su participación.

De hecho, ese posible reencuentro entre Inma Shara y el Papa podría tener lugar dentro de no mucho. Tal vez, el próximo año, ya que se está barajando la posible participación de la vasca al frente de una joven orquesta en el programa de la Jornada Mundial de la Juventud que se celebrará en Madrid en 2011.

En esencia

Una película: La lista de Schindler, dirigida por Steven Spielberg.

Un libro: Tierra Santa, de Enrico Lavagno y Fabio Bourbon.

Una canción: el Himno de la Alegría, de Ludwig van Beethoven.

Un deporte: la natación.

Un rincón del mundo: Sudáfrica.

Un deseo frustrado: ninguno, asumo lo que la vida me quiere dar en cada momento.

Un recuerdo de la infancia: las charlas con mi abuela Valentina.

Una aspiración: el que la música sea herramienta de unidad y de paz, y que llegue al mayor número de personas posible.

Una persona: Nelson Mandela.

La última alegría: cada vez que me llaman para un nuevo concierto.

La mayor tristeza: la miseria en el mundo, la situación de los países del Tercer Mundo.

Un sueño: volver a tocar para el Papa.

Un valor: el respeto absoluto por la vida humana.

Que me recuerden por… haber hecho feliz a los que me rodean.

vlgarcia@vidanueva.es

En el nº 2.697 de Vida Nueva.

Actualizado
26/02/2010
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