Pedro Fernández: “Ayudamos a los matrimonios a crecer”

Consiliario de Equipos de Nuestra Señora de Badajoz

Pedro-Fdez(Miguel Ángel Malavia) El que deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, por mí y por el evangelio, recibirá cien veces más (Mc 10, 29ss.). Ésta es la cita bíblica que Pedro Fernández Amo (Badajoz, 7 de julio de 1960) escoge para explicar qué es lo que le ha llevado a desarrollar una parte esencial de su vocación sacerdotal a través del servicio, ininterrumpido durante los últimos 25 años, a los grupos de matrimonios cristianos que conforman los llamados Equipos de Nuestra Señora. Su recompensa ha sido grande, muy grande. Tuvo el modelo de fe en su humilde familia. Hoy se enriquece en otras familias, ya suyas.

Y eso que todo surgió de un modo casual e inesperado. Corría 1984 y acababa de ser ordenado en Roma por Juan Pablo II –“un regalo más del Señor, que a veces pienso que me mima en exceso”–.

Su primer destino, como segundo coadjutor, fue la parroquia de Fuente del Maestre, un pueblo pacense de 7.000 habitantes. Iba con “ganas de comerme el mundo”, aunque aún no sabía en qué modo dentro de la pastoral local. Fue entonces cuando, “apenas comenzado el curso, se acercaron a mí unos matrimonios jóvenes y me hablaron de este movimiento de espiritualidad conyugal conocido como los Equipos de Nuestra Señora. Me explicaron que un nuevo grupo iba a empezar a reunirse y necesitaban un cura como consiliario. Así fue como acepté… de lo cual doy gracias a Dios”.

Todo ocurrió de un modo similar a como surgieron los Equipos, cuya génesis está en Francia, en un año tan significativo como 1939. Así, mientras el mundo entraba definitivamente en la oleada de odio y destrucción de la II Guerra Mundial, un grupito de matrimonios parisinos se dirigían hasta su sacerdote para pedirle que les acompañara en un camino espiritual que hiciera crecer en ellos “la realidad sacramental matrimonial”. El cura era Henri Caffarel –actualmente en proceso de canonización–, fundador de lo que ha acabado siendo un movimiento de carácter internacional presente en los cinco continentes. Posiblemente, la clave del éxito está en su sencillez. Desde aquellas originarias reuniones, el esquema siempre es el mismo: grupos de cinco o seis matrimonios y un sacerdote, que actúa de consiliario, conforman un Equipo en el cual todos colaboran y se ayudan entre sí, desarrollando una experiencia de fe conjunta; bien sea en reuniones “de amistad” –comidas, cenas, salidas– o “de trabajo” –citas distendidas para hablar y escuchar, saliendo a la luz los avances, los retrocesos, las dudas, las alegrías, los problemas–.

Enriquecimiento

En estos 25 años, Pedro ha estado en cinco Equipos, manteniéndose aún en dos. Del mismo modo, también es responsable del Sector de Equipos de Badajoz y, a nivel nacional, del grupo que se encarga de coordinar y formar a las parejas que trabajan en la iniciación de nuevos Equipos. Tiene clarísimo hasta qué punto su premio ha sido desbordante: “No ha habido una sola reunión con cualquier Equipo de la que no haya salido enriquecido; es más, en un momento especialmente difícil en mi vida sacerdotal, el Señor se sirvió de ellos para que permaneciera fiel”.

El cura pacense, además, está convencido del bien que los Equipos pueden reportar a la sociedad en un momento, como el actual, en el que “el matrimonio y la familia atraviesan una crisis con visos desastrosos. Este movimiento ayuda a las parejas a crecer humana y espiritualmente, a mantenerse en su amor y a descubrir la presencia de Dios en nuestras vidas, a sentir que nos acompaña, guía, cuida y sostiene; y lo más importante, a saber que en esta tarea no estamos solos, que además del cónyuge o los hijos, hay otros matrimonios con otros hijos con los que compartir el camino”.

En esencia

Una película: Qué bello es vivir, de Frank Capra.

Un libro: Cartas de Nicodemo, de Jan Dobraczynski.

Una canción: me emociono cada vez que escucho el Stabat Mater, de Giovanni Battista Pergolesi.

Un deporte:
no soy muy deportista, pero me gusta la natación.

Un rincón del mundo: cualquier rincón de Extremadura.

Un deseo frustrado: no deseo cosas que, por no conseguirlas, me puedan frustrar.

Un recuerdo de la infancia: las mañanas de verano con mi abuelo en la huerta.

Una aspiración: ser un buen sacerdote.

Una persona: Juan Pablo II.

La última alegría: el nacimiento de mi sobrino.

La mayor tristeza: la muerte de mi hermano en accidente.

Un sueño: ser un buen sacerdote.

Un valor: la amistad.

Que me recuerden por… ser un buen amigo y sacerdote.

En el nº 2.691 de Vida Nueva.

Actualizado
15/01/2010
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