Enrique Agudo: “Aficionarse a ver arte ayudará a conservarlo”

Impresor y viajero. Autor de ‘Capitel y medio punto’

 

Enrique-Agudo(Texto y foto: José Luis Celada) Lleva más de tres décadas fabricando libros para otros, desde que en 1975 montara Grafilia junto a varios compañeros, pero Enrique Agudo ha vuelto a asumir de principio a fin la paternidad de una de esas bellas criaturas de papel. Ya lo hizo con Codex, liber, libro (SM), una historia de este ancestral invento nacida de sus “ratos libres” y muchas “notas con curiosidades” que recopilaba para una charla anual con un curso de postgrado de la Universidad de Alcalá. Y ahora, a sus 59 años, tras cuatro de un empeño que brota por “pura afición”, este maestro industrial en Artes Gráficas nos regala su Capitel y medio punto, un breve recorrido por la arquitectura cristiana en España hasta el siglo XIII, que –como él mismo confiesa– “no es el fruto de un experto en arte, sino de la curiosidad de un viajero”.

Una carta de presentación escueta, aunque suficiente. El mimo del impresor y el material que contiene hacen el resto: más de un centenar de dibujos, unas 2.000 fotografías seleccionadas (de un total de 18.000 realizadas) y miles de kilómetros “por pueblecitos pequeños, caminos en mal estado” e incluso varios viajes a los mismos lugares. Todo por ese afán de Enrique por “indagar” en el arte, del más primitivo hasta el Renacimiento, especialmente el Románico, un estilo “muy en contacto con la tierra, con la gente humilde y que ocupó toda Europa”. “El sentido de una Europa unida viene de entonces”, argumenta, y si bien aclara que se trata de “un libro puramente de arte”, no duda en reconocer el papel del cristianismo en aquella época, por lo que califica de “absurdo” que hoy se nieguen las raíces cristianas del continente. Así, pese a no considerarse creyente, sí se siente cristiano: “Mi ética y mis valores –dice– son cristianos, mi cultura es ésa, no otra”.

Dos criterios

El autor ha estructurado su libro siguiendo dos criterios básicos, el cronológico y el geográfico, y ha agrupado las construcciones del Románico español en tres grandes capítulos: el área pirenaica y el comienzo del Camino de Santiago, la cornisa cantábrica y la ruta jacobea en sí misma, y todo lo que se enmarca en el valle del Duero y el Sistema Central. “Hay alguna referencia al Románico de Andalucía, de Jaén, y no he podido meter nada de Extremadura, que me hubiera gustado también, para que se viera cómo, a medida que se iban conquistando territorios, lo primero que llegaba era el arte”, explica con detalle este amante del arte, que ha ido “aprendiendo conceptos sobre la marcha”. Idéntica metodología a la que ha seguido su obra, que “se ha ido moldeando” con el tiempo, porque “hace cuatro años no tenía nada preconcebido”.

Las 280 páginas resultantes del interés, la dedicación y la minuciosidad de Enrique son un volumen con fachada de regalo y alma de manual, aunque él prefiera no asignarle ninguna vocación o finalidad: “La mayoría de la gente que me conoce y me ha pedido el libro, me lo ha pedido para hacer viajes, como una guía de viaje, que también puede valer para ello”. Ahí están, si no, los datos históricos que incluye, “muy escuetos, pero siempre con alguna curiosidad, intentando ordenar todo cronológicamente y dar explicaciones del porqué se hacían ciertas cosas”. Y es que este Capitel y medio punto es el reflejo fiel de quien lo ha concebido, un hombre que ha hecho del viajar una de sus grandes pasiones. “Yo era alpinista. Iba a los Alpes, a Picos de Europa…, y en uno de esos viajes a los Alpes, llovió tanto que sólo pude aprovechar para visitar sitios”, recuerda. Y así empezó a conocer países (unos 50), hasta fue uno de los primeros turistas que dejaron entrar en la China de Deng Xiaoping… Sin embargo, “muchas veces vas por ahí a otros sitios y te das cuenta realmente de todo lo que tienes aquí, pueblos perdidos con verdaderas joyas que se perderían si no hacemos nada por conservarlas”, se lamenta. Por eso, se da por satisfecho si su libro contribuye a “que la gente se aficione a ver arte, porque eso ayudará a conservarlo”. Mientras tanto, Enrique Agudo sigue recopilando, aunque “todavía es pronto para pensar en otro libro”.

En esencia

Una película: Ciudadano Kane, de Orson Welles.

Un libro: Desde el jardín, de Jerzy Kosinski.

Una canción: Mediterráneo, de Joan Manuel Serrat.

Un deporte: el montañismo.

Un rincón del mundo: todo el Pirineo.

Un deseo frustrado: haber sido arquitecto.

Un recuerdo de infancia: cuando iba al Parque Sindical con mis padres.

Una aspiración: seguir como estoy, perfecto, con mis aficiones…

Una persona: mi padre.

La última alegría: publicar este libro.

La mayor tristeza: la muerte de mi padre.

Un sueño: que me quede como estoy.

Un regalo: el próximo viaje.

Un valor: la amistad.

Que me recuerden por… ser buena persona.

En el nº 2.683 de Vida Nueva.

Actualizado
13/11/2009
Compartir