Victoria González de Castejón: “Las religiosas quieren poder decir una palabra decisiva”

Secretaria general de la UISG

Victoria-González(Texto y fotos: Darío Menor– Roma) Buscando la misión, nuevos retos y la entrega de su vida a los demás, Victoria González de Castejón decidió, cuando era joven, entrar en la comunidad de las religiosas del Sagrado Corazón de Jesús. Hoy, ya septuagenaria, mantiene intacta la fuerza, entusiasmo e ilusión de sus primeros años. Derrocha estas virtudes desde su cargo como secretaria general de la Unión Internacional de Superioras Generales (UISG), la organización a la que pertenecen las comunidades religiosas femeninas de todo el mundo. De mente abierta y muy consciente de las características de la sociedad actual, pide que se recupere como valor “la pasión por hacer algo grande” y defiende el imprescindible papel de las mujeres en la Iglesia.

¿Sigue siendo la vida religiosa atractiva para las jóvenes?

Creo que sí, lo que pasa es que la vida religiosa nunca ha sido para todos los jóvenes. Siempre será atractiva sólo para un número pequeño, para aquéllos que sigan queriendo entregarse, vivir por una causa y con unos objetivos. Ocurre que el mundo ha cambiado mucho y tal vez no sabemos presentar la vida religiosa de forma atractiva. La pastoral vocacional, en ocasiones, se sigue haciendo con modelos anticuados, y hoy el joven responde a otro tipo de cosas. Pero más allá de eso, lo importante es el testimonio de vida. Hay otro elemento: el joven hoy tiene miedo al compromiso para toda la vida. No sólo ocurre en la vida religiosa, sino en todos los ámbitos, como el matrimonio. La vocación religiosa es una semilla que necesita un terreno abonado con una serie de valores que la sociedad de hoy no siempre cultiva.

¿Y cómo cree que esta tierra podría ser más fértil?

No hay que abonarla con los modelos vocacionales y espirituales de antes, aunque hay a quienes les guste; son movimientos que añoran el pasado que están adquiriendo hoy una cierta fuerza. La vida religiosa está llamada a dar una respuesta evangélica y encarnada en nuestro mundo actual a los grandes retos y problemas que este mismo mundo nos presenta.

¿En qué sentido habría que dirigirse? ¿Hacia una pastoral familiar más moderna y ambiciosa?

Una de las cosas importantes es proponer retos serios y evangélicos a la juventud. El joven siempre quiere responder a algo grande. Hay una frase del Cantar de Mío Cid que me gusta mucho y expresa parte del problema: “Qué buen vasallo si hubiera buen señor…”. Hacen falta “buenos señores” que sepan cultivar lo mejor que tiene la juventud, que es mucho. Es ahí donde creo que radica parte del problema, pero esto no sólo en la vida religiosa, sino también en las familias.

¿Qué se debe hacer para rescatar el valor de la entrega a los demás?

La importancia de rescatar el valor de hacer algo por los demás es grande. Me llama la atención, por ejemplo, el aumento de suicidios; pienso que en parte se debe a una debilidad, a no poder dar sentido a la propia vida. En la educación, ya desde pequeños debemos enseñar a los niños a sacrificarse, a hacer las cosas gratuitamente, a acercarse a los que sufren, a no ser egoístas. Además es necesario para la propia felicidad.

¿La receta sería tener más ambición por la vida?

Una sana ambición por la vida es muy sano. Hay que saber soñar, tener sueños grandes, utópicos, ¿no es esto propio de la juventud? Hace falta un poco de sana locura, que no es la del botellón, sino la del que ama la vida.

¿Percibe esa locura en las novicias?

Hay de todo, en algunas más y en otras menos, pero creo que es algo que se puede despertar. Uno gusta la vida cuando el deseo de darla se hace patente. En la vida religiosa se encuentra uno feliz cuando crece en nosotros la locura o pasión por el Reino. En mi congregación tenemos por costumbre, antes de la profesión perpetua, ofrecer a la joven un año de experiencia internacional que la lleva a encontrarse, de alguna manera, en una situación límite, que la lleva a experimentar su propia pobreza. Esto puede servir de despertador, porque de vez en cuando necesitamos que se nos despierte. Pero, dicho esto, podemos constatar que sigue habiendo jóvenes comprometidos y con deseo de vivir el magis ignaciano.

¿Las religiosas cuentan con suficiente representación en la jerarquía?

Victoria-González-2La mujer consagrada hace una labor enorme en el mundo; sin las religiosas, muchos proyectos desaparecerían. No obstante, no siempre está bien considerada. Hay muchos hombres que quieren mejorar la situación de la mujer, pero existe una estructura eclesial que no permite su presencia en muchas instancias. En puestos donde se toman decisiones hay pocas mujeres; quizá se las consulta, pero no tienen palabra decisiva. En este aspecto, la sociedad está mucho más avanzada. En cambio, en los puestos duros y difíciles de misión sí encontramos a mujeres audaces y valientes dando la vida. La mujer, la religiosa, quiere poder decir su palabra en aquellas decisiones que atañen su vida. ¿Por qué la Iglesia no aprende de la sociedad? ¿A qué tiene miedo?

¿Puede que afecte esto a las nuevas vocaciones?

La disminución de vocaciones se debe a muchos y variados factores. La disminución es mayor en las congregaciones femeninas que en las masculinas, me parece. El religioso tiene un estatus como sacerdote; la religiosa y el hermano no lo tienen, se les valora menos. Deberíamos plantearnos: ¿qué es más importante, ser sacerdote o ser religioso? Además, hoy se está dando una involución en la Iglesia que afecta más a la religiosa. Es triste, aunque no debemos desanimarnos. Cuántas veces la vida religiosa ha sacado a la Iglesia-institución de su estado de decadencia… Miremos la Historia, lo que hicieron san Francisco o Catalina de Siena… Muchas mujeres contribuyeron a ello.

Visita apostólica en EE.UU.

¿En qué punto se encuentra la Visita Apostólica que se está realizando a las congregaciones religiosas femeninas de los Estados Unidos?

La Visita Apostólica produjo una sorpresa. No se ha dicho nunca de dónde o de quién surgió la idea, pero es posible que un grupo más conservador de los Estados Unidos haya tenido cierta influencia. Se quiere hacer un estudio detallado sobre la situación de la vida religiosa femenina estadounidense, y no creo que esté peor que la masculina. Sí es verdad que ellas se tomaron en serio los cambios del Concilio, no niego que se cometieran errores y que no haya habido exageraciones, pero se dieron pasos valientes en la formación religiosa y espiritual de sus miembros, y en la adaptación de sus obras y apertura a nuevos puestos de misión, como respuesta a las necesidades de una sociedad que no es ni la europea, ni la asiática, ni la africana.

¿En qué sentido?

Pueden haber existido errores en algunas adaptaciones a ciertos modos de vida, o puede que algunas religiosas hayan tomado una posición en cuestiones, como por ejemplo el aborto, con las que no todo el mundo esté de acuerdo; pero no se puede ocultar el bien que hacen, que es mucho mayor. En un encuentro en Roma en el que participaron un buen número de superioras generales se emitió un comunicado de solidaridad, algo que ha sido muy apreciado.

¿Qué resultados cree que pueda tener la Visita?

Es muy difícil preverlo. Pienso que no son las congregaciones las que causan problemas, sino determinadas hermanas. Se ha dicho que éste podría ser el primer país visitado y que podrían seguir otros. Desconozco qué sucederá.

Sanidad y educación son dos de los campos en los que la sociedad mejor percibe la labor de las religiosas. ¿Qué otras facetas considera importantes y poco conocidas?

No sé si es desconocido, pero la vida religiosa está muy inserta en lo social. En la trata de personas, por ejemplo, se está realizando un amplísimo trabajo. Este proyecto nació como fruto de unas conferencias organizadas por el Secretariado de Justicia y Paz del Vaticano. En la UISG ya llevamos cuatro años organizando cursos de formación. Una cosa bonita es que dos grandes instituciones, una religiosa, la UISG, y otra laica, la Organización Internacional para las Migraciones, colaboran en una misma misión por la liberación y la dignidad de la mujer y los niños. Otro proyecto interesante que tenemos la UISG y la USG (Unión de Superiores Generales) es el del sida, que, como el de la trata, va más allá de la salud.

¿Y con los inmigrantes?

Hay muchas congregaciones que están ofreciéndoles asistencia, educación, acogida, integración social, acompañamiento… Hay que subrayar que en todos los campos se ayuda no sólo a católicos o cristianos, sino a todo el que lo necesita. Lo importante es la persona humana, independientemente de su fe.

dmenor@vidanueva.es

En el nº 2.681 de Vida Nueva.

Actualizado
30/10/2009
Compartir