Gianfranco Girotti: “En los católicos ha disminuido el sentido del pecado”

Regente de la Penitenciaría apostólica

Girotti(Texto y fotos: Darío Menor– Roma) La Penitenciaría apostólica es uno de los dicasterios más desconocidos de la Santa Sede. No sólo para los católicos en general, sino también para la propia Curia. El mismo Juan XXIII no tenía muy claro qué es lo que se hacía dentro del Palacio de la Cancillería, el céntrico edificio romano donde tiene su sede el tribunal de la Iglesia que juzga los asuntos del fuero interno no sacramentales.

“Durante años me preguntaba qué había dentro de este gran castillo. Aquí se hacen tantas cosas que ni siquiera los eclesiásticos conocen…”, admitió el papa Roncalli cuando visitó por primera vez la Penitenciaría apostólica. Así lo cuenta su regente, el obispo titular de Meta, Gianfranco Girotti, miembro de la congregación de los Hermanos Menores Conventuales. “Éste ha sido siempre un dicasterio desconocido, tal vez sea por su propia naturaleza, ya que trata asuntos reservados”, explica Girotti.

¿Cuál es el principal trabajo de la Penitenciaría apostólica?

La Penitenciaría apostólica ejercita ordinariamente su trabajo en asuntos del fuero interno no sacramentales. Desarrolla una actividad propiamente espiritual, la más consonante con la misión fundamental de la Iglesia, que consiste en la “salvación de las almas”. Es un dicasterio “de gracia” y “de misericordia” que no desarrolla funciones judiciales de fuero externo ni una actividad burocrática. Normalmente ejercita una jurisdicción graciosa. Algunas de sus concesiones más importantes son: la remisión de los pecados en las penas canónicas llamadas censura, como la excomunión, la suspensión y la incapacitación; las dispensas de obligaciones derivadas de las leyes eclesiásticas, de impedimentos matrimoniales ocultos o de irregularidades que inhabilitan el recibimiento de las órdenes sagradas; la conmutación de una obligación por otra; la condonación de obligaciones de derecho positivo o natural… La Penitenciaría apostólica tiene además la prerrogativa de la discusión y resolución de los casos de conciencia. Puede haber circunstancias y problemas que ni la autoridad de un moralista ni la de un doctor en Ciencias Sagradas sean capaces de dirimir, debido a que no es suficiente un pronunciamiento privado, sino que es necesaria una declaración oficial, o sea, una decisión auténtica de la autoridad eclesiástica. Ésta está representada por la Penitenciaría.

Es uno de los dicasterios más antiguos de la Curia. ¿Ha cambiado mucho su labor con el paso del tiempo?

Después de la supresión de la Dataría en 1967 y de la Cancillería en 1973, la Penitenciaría es el dicasterio más viejo de la Santa Sede. Tiene su origen entre los siglos XI y XIII, cuando la disciplina penitencial eclesiástica tuvo un gran desarrollo, en particular con el ejercicio reservado al Sumo Pontífice de absolución y dispensa, y cuando el peregrinaje de los fieles a Roma comenzó a resultar un fenómeno imponente en el Occidente cristiano. Durante siglos, la vida de la Penitenciaría ha estado marcada por una oscilación constante entre la tendencia a restringir las atribuciones al fuero interno y la tendencia a otorgarle facultades y concesiones al fuero externo. Las intervenciones papales más significativas de reforma de la Penitenciaría diseñan un movimiento de progresiva restricción y de cada vez más rigurosa delimitación de las competencias. Con la reforma impulsada por Pío V en 1569, de hecho, se pretende quitarle los numerosísimos asuntos y concesiones del fuero externo y restringir sus poderes a las cosas del fuero interno, dándose así un carácter más sacramental, terapéutico y espiritual.

En casos complejos

¿Cuáles son las dudas más comunes entre los sacerdotes cuando se ponen en contacto con la Penitenciaría?

En general, acuden cuando se encuentran con casos complejos, cuya solución exige un seguro conocimiento de los principios morales y éticos. Por ejemplo, hoy tienen una cierta importancia en la praxis sacramental y pastoral los temas éticos, en particular los relativos a la bioética, en los cuales el presbítero tiene siempre una palabra autorizada para hablar de cuestiones delicadas respecto a ciertos aspectos de la práctica médica. Esto es así, no porque conozca la medicina, sino porque el pastor debe estar siempre atento a la promoción del bien auténtico de la persona. Además, se llega a la Penitenciaría no sólo por los pecados reservados, por las censuras o por las irregularidades, sino también por situaciones individuales y ocultas. Vienen examinados casos de conciencia. Son una multitud de casos y de problemas, por ejemplo, sobre la validez de los sacramentos, si son o no lícitos determinados comportamientos. La Penitenciaría dirime autoritativamente los casos individuales concretos, mientras que la solución de los problemas de carácter general pertenece a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Surgió hace unos meses un malentendido en la prensa por una supuesta lista de nuevos pecados. ¿Hay realmente nuevos pecados para la Iglesia?

No se debe hablar de nuevos pecados, sino de nuevas formas de pecado; los pecados son siempre los mismos. Por ejemplo, el daño contra el medio ambiente: quien quema un bosque comete un pecado. Y lo mismo con los vendedores de droga. Benedicto XVI se refirió a estas nuevas formas de pecado cuando dijo que quien está contra la ecología está contra Dios, le ofende y, por tanto, comete un pecado. Muchas de estas nuevas formas de pecado no existían antes, pero han surgido hoy con el desarrollo de la sociedad.

¿Y dónde surgen las nuevas formas?

Estoy convencido de que nacen por la falta de conciencia y de responsabilidad. El que tiene hoy comportamientos contra la bioética o la ecología carece del sentido de la responsabilidad para no ofender a Dios ni a su creación.

¿Cuáles son los pecados más difíciles de entender?

Girotti-2Todos los comportamientos que evidencian un estilo de vida en el que parece que Dios no existe: cuando ignoran la presencia de un Dios que vela por la suerte de todos, que nos reserva atenciones, cuidados y amor infinito.

¿Es la bioética una tierra de nuevas formas de pecado?

Sin ninguna duda. Basta pensar en la fecundación artificial, que no permite a los esposos estar detrás del verdadero origen de la vida del hijo. Por eso la Iglesia juzga como ilegítimas todas las intervenciones que sustituyen a la pareja en el momento de la procreación y generan un hijo de modo no humano, es decir, técnico. No hay que olvidar, además, los abortos realizados con medios químicos, como la píldora del día después.

¿E Internet?

Desgraciadamente, muchas de las nuevas tecnologías que hoy florecen y abundan en el variado mundo de los medios de comunicación son un vehículo bastante insidioso, ya que proponen orientaciones nocivas que inducen a desatender todos los principios éticos.

Conciencia debilitada

¿Piensa que la sociedad actual, también los católicos, se ha olvidado del riesgo que suponen los pecados?

En una audiencia reservada a los participantes en el curso sobre el fuero interno promovido anualmente por la Penitenciaría apostólica, Benedicto XVI apuntó: “Hoy parece que se ha perdido el sentido del pecado, pero en compensación han aumentado los complejos de culpa”. Ciertamente, ha disminuido entre los católicos el sentido del pecado. La afirmación cada vez más sólida en una sociedad compleja hace más difícil el sentido del pecado y su educación. La debilitada conciencia del pecado amenaza con sugerir al penitente más la exteriorización del estado de ánimo que la denuncia y la reconciliación.

¿Cuándo es más difícil el perdón?

Todas las veces en que no aparece el arrepentimiento, el cual constituye una condición absoluta para poder reconciliarse con Dios y con el prójimo.

Se habla a veces del comercio de hostias consagradas para su utilización en ritos satánicos. ¿Existe realmente?

Sí que existe, lamentablemente. Se debe a las sectas satánicas, pero también a los testigos de Jehová. Se aprovechan de católicos en situación débil, que están perdiendo la fe o con problemas psicológicos, para hacerse con hostias consagradas que someten a ritos innombrables. Sería realmente inquietante hablar de las modalidades en las que las sagradas especies son tratadas. Este creciente delito se da en Italia, España y toda Europa.

¿Cómo se puede luchar contra esto?

Hay que vigilar el acceso a las sagradas especies. El sacerdote debe asegurarse de que la comunión sea consumida en seguida. Se debe, además, realizar una catequesis justa y correcta.

Como uno de los grandes expertos en derecho canónico, ¿piensa que esta disciplina sigue siendo atractiva para los nuevos sacerdotes?

Tiene que ser interesante. En la Penitenciaría realizamos cada año un curso en el fuero interno para sacerdotes jóvenes y seminaristas a punto de ordenarse. Queremos, sobre todo, reafirmar los principios del derecho canónico e introducirles en esta problemática. Así llenamos las lagunas que puedan haberles surgido durante sus estudios. También trabajamos en los seminarios, donde nos esforzamos para que, primero, se conozca el derecho canónico y, luego, se profundice en él y en los principios que regulan la conciencia y los comportamientos.

dmenor@vidanueva.es

En el nº 2.678 de Vida Nueva.

Actualizado
09/10/2009
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