Carlos Miguel García Nieto: “Debemos considerar al cardenal como el pastor de los obreros”

Biógrafo del cardenal Sancha

Carlos-García-Nieto(Javier F. Martín) El sacerdote diocesano de Toledo, Carlos Miguel García Nieto, exprime los días. Gran conocedor del cardenal Sancha, sobre el que ha publicado dos libros en 2009 (El cardenal Sancha y la unidad de los católicos españoles y Pastor y Primado en el Amor. Vida del cardenal Sancha), vive apasionado los días que faltan para la beatificación del cardenal el 18 de octubre en la catedral toledana. A partir de entonces, su agenda ganará espacio y él podrá dedicar más tiempo a sus clases en el Instituto Superior de Estudios Teológicos “San Ildefonso” de Toledo y, por supuesto, a su parroquia.

A la pregunta de quién es el cardenal Sancha (1833-1909), asegura que los expertos lo consideran el Gran Cardenal de la España contemporánea. Nacido en Quintana del Pidio (Burgos) en una familia de jornaleros, a los 25 años fue ordenado sacerdote en la diócesis de Osma. Cinco años después, viajaría a Santiago de Cuba, donde fue secretario del arzobispo y donde fundó una congregación para la atención de pobres, inválidos y niños huérfanos a consecuencia de la Guerra de Independencia.

De regreso a casa, en 1876 fue consagrado obispo auxiliar de Toledo, de donde pasaría a Ávila como titular y luego a Madrid y a Valencia, donde sería nombrado arzobispo. Primado de Toledo en 1898, “en España ha sido el fundador del movimiento católico, el que organizó por vez primera a los laicos en una acción común, a través de los Congresos Católicos Nacionales”. En las líneas por él proyectadas se insertarían distintas realidades asociativas, como la Asociación Nacional de Propagandistas Católicos y la Acción Católica. Siendo arzobispo de Valencia, fundó el Consejo Nacional de las Corporaciones Católico Obreras, del cual fue su primer presidente. En Europa se postuló como uno de los grandes expertos en materia social. “Si León XIII es conocido como el papa de los obreros, debemos considerar a Sancha como el pastor de los obreros españoles”, señala García Nieto.

Este joven biógrafo también destaca del purpurado que fue “el verdadero iniciador de la diócesis de Madrid” –toda vez que su primer obispo murió a lo pocos meses de ingresar en ella–, el organizador del primer Congreso Eucarístico Nacional y un gran impulsor y patrocinador del periodismo católico (costeó de su bolsillo varias cabeceras), además de fundador e impulsor de varias congregaciones religiosas y promotor de la primera Asamblea Episcopal española, germen de las conferencias de metropolitanos, antesala de la actual Conferencia Episcopal.

Apertura de mente

Pero, por encima de todo esto, García Nieto “destaca su sencillez, su caridad extrema, su apertura de mente para dar cabida a todos. Su lápida sepulcral reza así: ‘Hecho todo a todos con ardiente celo de caridad. Vivió pobre, murió paupérrimo’, toda una síntesis de su vida”.

A la hora de valorar su beatificación para la Iglesia española, “significa que el hombre que supo conducirla en la difícil encrucijada del siglo XIX al XX, el prelado que tuvo el coraje de emplearse a fondo en la unidad de los católicos españoles, será propuesto como modelo e intercesor en las difíciles condiciones por las que atraviesa nuestra Iglesia, algunas de ellas similares a las que él tuvo que afrontar. En el caso de Toledo, es la primera beatificación que se produce en la catedral primada, y es el primer arzobispo toledano que sube a los altares desde la época visigoda”.

Y, en su caso concreto, para este sacerdote, el cardenal Sancha “es el primer obispo moderno de la historia de España que no ha perdido actualidad. Es un hombre de hoy, que ilumina nuestro tiempo, muy parecido al que le tocó vivir. Por eso es tan actual, si además consideramos la eterna juventud del Evangelio que Sancha encarnó en su existencia”.

En esencia

Una película: Thirteen days, de Roger Donaldson.

Un libro: Subida al Monte Carmelo, de san Juan de la Cruz.

Una canción: Libre, de Nino Bravo.

Un rincón del mundo: Circo de Gredos.

Un deseo frustrado: Bellas Artes.

Un recuerdo de infancia: la procesión del Niño de la Bola en mi pueblo.

Una aspiración: no defraudar a nadie, tampoco a Dios.

Una persona: mi madre.

La última alegría: la curación de alguien muy querido.

La mayor tristeza: contristar a alguien.

Un sueño: la paz.

Un valor: la lealtad

Me gustaría que me recordasen por… hacer el bien calladamente.

En el nº 2.677 de Vida Nueva.

Actualizado
02/10/2009
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