“La vida monástica no puede eludir la llamada a evangelizar”

La Semana de Estudios Monásticos analiza cómo debe insertarse esta opción en medio de la cultura actual

Monasterio(Marina de Miguel) Habitualmente se ha entendido la vida monástica como una fuga mundi, pero a lo largo de la historia, las influencias entre cultura monástica y cultura secular han sido recíprocas”. Con estas palabras, Joan-Carles Elvira, osb., prior del monasterio de Santa Maria de Monserrat (Barcelona) y presidente de la Sociedad de Estudios Monásticos, resume a Vida Nueva el eje central de la XXXII Semana de Estudios Monásticos, celebrada del 30 de agosto al 3 de septiembre en Santa Marta de Tormes (Salamanca).

Frente a la intensidad y rapidez con la que se producen los cambios culturales en la etapa actual, las jornadas  ofrecen un espacio de sosiego para reflexionar sobre qué aspectos de hoy en día son integrables en la tradición monástica, con objeto de que no sea una cosa del pasado, y cuáles, por el contrario, deben rechazarse por ser antievangélicos y, por ello mismo, deshumanizantes. “La vida monástica, más o menos retirada del mundo, no puede eludir la llamada urgente a la evangelización que le llega hoy de la Iglesia”, apostilla, indicando la ine- ludible misión que los monjes y monjas comparten con todos los cristianos.

Veracidad del testimonio

Para Elvira, la gran aportación del monacato a la cultura secular se deriva de la veracidad de su testimonio: “Una comunidad que ora y acoge, que escucha incondicionalmente, que crea un clima fraterno… facilita encuentros en profundidad que cambian la vida y transmiten una verdad del ser humano sólo explicable desde Dios”. Con respecto al valor que pueden extraer de la sociedad actual, afirma que son “muy sensibles hacia la aspiración de muchos contemporáneos laicos a verificar en qué modo la fe cristiana humaniza”.

Esta influencia mutua también se aprecia en la cantidad de laicos que cada vez más asisten a estas semanas. Este religioso sustenta el creciente interés en “la secular tradición de acogida del monacato, en el que destaca la importancia del servicio no sólo cristiano sino social de las hospederías mo- násticas, y la mayor conciencia que toman los laicos de su responsabilidad en la Iglesia, por lo que se acercan a los monasterios para profundizar en las fuentes de su vida y vivirla así con mayor compromiso en la sociedad”.

Así, sostiene que la esperanza en el futuro de la vida monástica es tan firme como “la promesa del Resucitado a permanecer siempre con los suyos, con su Iglesia”. “Siendo muchos o pocos, siempre habrá bautizados que sentirán la llamada a seguir radicalmente a Cristo en la vida monástica, sean cuales sean sus formas”.

Esta mirada a los retos que están por llegar no implica olvidar el pasado, más bien lo contrario. Por esa razón, la Sociedad de Estudios Monásticos creó hace cincuenta años estas semanas, que tienen como finalidad conocer mejor la tradición monástica para vivir desde ella con mayor autenticidad. “Eran los años previos al Concilio Vaticano II y en los sectores más vivos de la vida religiosa se hacía sentir con fuerza la llamada a un retorno a las fuentes”, recuerda el prior de Monserrat, primera sede que acogió esta iniciativa.

“Es claro el deseo de la Sociedad de Estudios Monásticos de responder, en la actualidad, a los retos del momento, asentada siempre en sus raíces, pero mirando al futuro, para ser capaz de seguir aportando, con los medios a su alcance, a las comunidades, a la Iglesia y al mundo, lo que pueden estar pidiendo hoy a la vida monástica, desde la riqueza y matices de su propia peculiaridad”, se afirma al respecto en los estatutos de la propia entidad.

VISIÓN PLURAL

El programa de la Semana, cuyo lema fue La vida monástica ante la cultura secular, ofreció una visión plural a través de ponencias, comunicaciones y mesas redondas sobre aspectos como la acogida y el acompañamiento, nuevas formas de vida monástica, tradición y creatividad, el papel emergente de la mujer o cómo evangelizar hoy. Entre los participantes, Juan Antonio Guerrero, sj., provincial de Castilla; Isidoro Anguita, ocso., abad de Santa María de Huerta (Soria); Monserrat Viñas, osb., abadesa de San Benet de Monserrat (Barcelona); Guido Dotti, del monasterio italiano de Bose; Carlos Gutiérrez, prior de Sobrado (La Coruña) o Pedro José Gómez, profesor de Economía Internacional y Desarrollo de la Universidad Complutense de Madrid.

En el nº 2.673 de Vida Nueva.

Actualizado
04/09/2009
Compartir