Ivone Gebara: “Tenemos dificultades para creer en los valores del Evangelio”

Teóloga brasileña

Ivone-Gebara(Texto y foto: María Nieves León) Libre como un pájaro, Ivone Gebara es religiosa, teóloga brasileña, ecofeminista… Todos estos adjetivos que la determinan han sido adquisiciones logradas con años, sufrimiento y resolución. Ha publicado varios libros, entre ellos, Teología a ritmo de mujer, Intuiciones ecofeministas, Ecofeminismo y liberación, Rompiendo el silencio, Mujeres en la experiencia de muerte y salvación, El rostro oculto del mal y Las aguas de mi pozo.

Hoy, a sus 64 años, sigue activa dando razón de lo que la hace vivir y sentir, como es, por ejemplo, su vocación religiosa, cuya llamada sintió cuando estudiaba Filosofía. “Era una Facultad conectada a la Universidad Católica de São Paulo y bajo la dirección de las Hermanas de Nuestra Señora. Me impresionaba la vida de estas mujeres consagradas al estudio y a un compromiso social. Con 22 años, cuando terminé mis estudios, entré en la congregación, cuyo carisma es la educación. Empecé a trabajar en una de nuestras escuelas, pero después me orienté a la pública. Eran tiempos del postconcilio. Había muchos cambios, y mi congregación estaba siempre atenta para acoger los cambios en el mundo y en la Iglesia”.

En 1973, cuando comenzó a dar clases en el Instituto de Teología de Recife, conoció personalmente al emblemático obispo Hélder Câmara. “Él me ayudo a concretar la teología al servicio de los más pobres. Invitó a un equipo de profesores a dar formación teológica, bíblica y sociológica a agentes de pastoral del medio rural. Así trabajamos durante 15 años. Fue una experiencia muy rica, que se interrumpió bruscamente”.

Antes de los años 70, Ivone había estudiado en Lovaina, donde recaló por segunda vez “por determinación del Vaticano, que me castigaba por mis ideas en teología y por mi compromiso por la dignidad y el derecho de decidir de las mujeres”. Pero en esta ocasión fue muy diferente: “A pesar de la difícil situación que viví, lo recuerdo como un tiempo de mucho enriquecimiento y por encuentros que han marcado mi vida”.

Dice que empezó a ser teóloga feminista sobre el año 1980, debido a la influencia que ejercieron sobre ella grupos de mujeres pobres y, también, por la lectura de teólogas alemanas y norteamericanas. “Antes no me había dado cuenta del carácter excluyente de las mujeres que está presente en nuestra teología. Fueron dos influencias que profundizaron mi trabajo como teóloga de la liberación. Después vino la preocupación ecológica, la responsabilidad social y vital que tenemos con el planeta y sus ecosistemas. Aliar la orientación feminista a la orientación ecológica es lo que se ha llamado ahora ecofeminismo”.

Desde los pobres

Asegura que el conjunto de los Evangelios la conmueve. “Percibo que el mantenimiento de la esperanza humana y el compromiso con la vida a partir de los más pobres son los ejes principales de la tradición de Jesús. Me encantan las parábolas porque ayudan a pensar la vida desde cosas muy sencillas y, por eso, se guardan fácilmente en la memoria de la gente y pueden reinterpretarse siempre”.

Sobre la causa indigenista, cree que es una cuestión vital en las culturas que aún tienen poblaciones autóctonas, aunque “estamos lejos de querer aprender de ellas, porque pensamos en términos de racionalidad tecnológica y nos creemos superiores. Pero algo empieza a cambiar. Hay movimientos indígenas en diferentes partes del mundo y una revalorización de su cultura. Esto es un beneficio para toda la humanidad”.

Ivone defiende que, para anunciar hoy el Evangelio, lo primero es creer en sus valores, “valores que pueden orientar mi vida”, subraya. Ése es el reto principal. “Si creo que compartir el pan y todos los valores de la vida es el corazón del Evangelio y de mi vida, esto ya es el proceso directo de anuncio y de compromiso. La cuestión es que tenemos dificultades para creer en los valores del Evangelio porque nuestro mundo se ha construido a partir de la referencia del lucro y de la competición individualista”.

En esencia

Una película: La ventana (Argentina).

Un libro: Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago.

Una canción: Gracias a la vida.

Un deporte: caminar.

Un rincón del mundo: Recife.

Un deseo frustrado: no poder visitar a los amigos a menudo.

Un recuerdo: el olor de la comida de mi madre.

Una aspiración: seguir la vida con lucidez y ternura.

Una alegría: el nacimiento de una chiquita, hija de mi vecina.

La mayor tristeza: el gran analfabetismo que sigue habiendo en América Latina.

Un sueño: seguir en el sueño de un mundo más justo.

mnieves@vidanueva.es

En el nº 2.672 de Vida Nueva.

Actualizado
28/08/2009
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