Andrew Olea: “Es necesario decirles a los jóvenes que son importantes”

Responsable del proyecto Eastlands (Kenia)

andrew-olea(Victoria Lara) Está convencido de las posibilidades de progreso y desarrollo del continente africano y del potencial de los jóvenes de este continente para hacer posible este cambio. Quizás por eso, este granadino de 57 años se marchó hace 29 a Kenia para trabajar ayudando a los más desfavorecidos, y, quizás por eso, confiesa que –excepto el clima fresco de invierno– echa en falta muy pocas cosas de su país de origen. “Quería tener la posibilidad de aliviar un poco sus necesidades dándoles los instrumentos –educación– para que ellos se ayuden a sí mismos”, asegura Andrew Olea, responsable del proyecto Eastlands, una iniciativa que, desde el año 2003 y promovida por la ONG Strathmore Educational Trust, vinculada al Opus Dei, desarrolla actividades para micro-empresarios y para jóvenes estudiantes de los barrios del este de Nairobi. También cuentan con una escuela de fútbol como medio y aliciente para que los chicos mejoren en sus estudios.

No lo dice directamente pero, por su forma de hablar, se deduce que nada más llegar a África quedó enamorado del continente: “Me sorprendió mucho el paisaje tan grande y la sencillez de la gente”. Gente que, ya desde edades muy tempranas, manifiesta “un gran sentido de respeto hacia la autoridad y la ancianidad”.

En abril regresó a España con un grupo de doce chavales kenianos para disfrutar del premio que el proyecto Eastlands había conseguido tras participar en una convocatoria de la ONG Deporte y Desarrollo: el Premio Internacional Solidaridad en el Deporte 2008. Además de la visita a Madrid, se disputaron una serie de partidos de fútbol en los que los pequeños tuvieron la oportunidad de enfrentarse a los equipos de la categoría alevín del Real Madrid, el Atlético de Madrid, el Leganés y el Rayo Vallecano. Para la mayoría de ellos, era la primera vez que salían de Nairobi, y el simple hecho de poder jugar con botas de fútbol y en un campo de césped, fue una experiencia muy gratificante. Según Olea, para ellos fue “una apertura de horizontes, un nuevo mundo”.

Autoestima

Pero la escuela de fútbol –a la que acceden los chicos con menos recursos que hayan demostrado un alto rendimiento académico– es tan sólo una pequeña parte del proyecto Eastlands. Actualmente, funcionan también el Informal Sector Business Institute, que imparte cursos a micro-empresarios; el Centro de Enseñanza de Informática, financiado por Microsoft; y el Eastlands Centre, un centro para estudiantes de Primaria y Bachillerato con una sala de estudio y libros de texto, donde además se enseñan técnicas de estudio y se les ofrecen charlas de autoestima. “Cuando se les da un contexto de trabajo y de dignidad a los jóvenes, es necesario decirles que son importantes”, asegura Olea. Es una forma de luchar contra problemas como el del sida, pues él está convencido de que la proliferación del virus “es una consecuencia del desempleo y la pobreza”.

Ahora su ilusión y esfuerzos están puestos en una ampliación del proyecto Eastlands, con la que, fundamentalmente, se pretende crear un centro de formación profesional, el Eastlands College of Technology, donde preparar a los jóvenes para que trabajen en la industria y donde sea posible impartir formación empresarial a pequeños emprendedores, que son la mayor parte de trabajadores del país. El coste total de esta ampliación asciende a cinco millones de euros, por lo que todo dependerá de que se puedan conseguir los fondos necesarios.

Andrew Olea se muestra muy satisfecho de todo lo que se está logrando con el proyecto: “Ves que la gente mejora y las familias lo agradecen”. Para demostrar esto último, cuenta la anécdota de un  chico musulmán que acudía al Eastlands Centre: “Su padre estaba muy contento de que su hijo fuera al centro y le decía que si no iba, le castigaría. Allí respetamos mucho la fe y las creencias. La formación es básicamente cristiana, pero en el contexto de la formación humana”.

En esencia

Una película: Slumdog Millionaire, de Danny Boyle.

Un libro: El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien.

Una canción: la novena sinfonía de Beethoven.

Un rincón del mundo: la Plaza de las Pasiegas, en Granada.

Un deseo frustrado: visitar Atenas.

Un recuerdo de la infancia: las excursiones por los montes.

Una aspiración: montar el Eastlands College of Technology.

Una persona: Jomo Kenyatta.

La última alegría: ver a la gente contenta.

La mayor tristeza: las injusticias.

Un sueño: la igualdad entre todos los países.

Un valor: la integridad.

Que me recuerden por… haber cumplido mi deber.

En el nº 2.671 de Vida Nueva.

Actualizado
30/07/2009
Compartir