El mundo mira hacia Honduras y espera noticias de Costa Rica

Mientras siguen las negociaciones, no sin problemas, se multiplican lecturas y posicionamientos sobre la crisis

zelaya-y-arias(Pablo Romo Cedano) Honduras mantiene la atención del mundo, convirtiéndose en tema obligado de las reuniones de los grandes, como en el G-5 (Brasil, México, China, India y Sudáfrica) y en otros foros mundiales, como en la Organización de Estados Americanos (OEA) y la ONU. Si bien la condena de los sucedido ha sido unánime y muchos países, como España, han retirado a sus embajadores, el tema contiene matices que revelan la complejidad del hemisferio latinoamericano en la época actual.

Así, la Conferencia de Religiosos/as de Honduras (CONFEREH), se pronunció el pasado día 9 expresando su preocupación por el contexto que vive Honduras “de división y confrontación”, “de zozobra, temor, confusión e inseguridad que vive la población en general” y ante “el agravamiento de la crisis política, económica y social, provocada por el quebrantamiento del orden constitucional del 28 de junio (golpe de Estado)”. Los firmantes muestran su rechazo a “la ruptura del orden constitucional y la limitación de las garantías constitucionales a la población”. Asimismo, se pronuncian en contra de cualquier violencia y represión, advirtiendo que “el control y la manipulación de la información por parte de algunos medios de comunicación violan el derecho a tener información objetiva y veraz”. De igual manera, rechazan la represión ejercida sobre algunos “medios de comunicación social alternativos”, toda “amenaza de injerencia de otras naciones” y la utilización y presión de “la población trabajadora para fines e intereses políticos partidarios o de grupo”.

Rondas de diálogo

Mientras tanto, en San José dieron comienzo las rondas de diálogo con Manuel Zelaya y Roberto Micheletti, bajo el auspicio del presidente de Costa Rica, el Nobel de la Paz Óscar Árias. Aunque en los primeros contactos afloraron grandes dificultades y las soluciones a la crisis hondureña se ven aún lejanas, todos coinciden en señalar que se trata de una gran oportunidad, pues resulta inédito el hecho de que la presión internacional haya logrado que las partes antagónicas de un proceso golpista acepten en tan poco tiempo sentarse a negociar.

Sin embargo, pese a los vientos de paz que soplan desde la capital costarricense, la preocupación se ha extendido en el continente ante la posibilidad de que se repitan episodios como los de los años 70 del siglo pasado, cuando tuvieron lugar golpes de Estado avalados por la comunidad internacional. Ante este temor, organismos como el Centro de Investigación y Promoción de los Derechos Humanos (CIPRODEH) han multiplicado sus pronunciamientos exigiendo una salida pacífica sin negociar los derechos más fundamentales de los ciudadanos hondureños. Las demandas son sencillas: la desmilitarización de las dependencias públicas; el respeto irrestricto a los derechos humanos; la prohibición de sustancias químicas letales en las manifestaciones; el no préstamo de recursos financieros internacionales; la liberación de los presos políticos…

Y es que son muchas las interpretaciones del golpe de Estado: analistas muy diversos han tratado de explicar el hecho recurriendo a la pretensión de una reelección de Zelaya; otros, a las artimañas de Hugo Chávez para controlar el continente; otros más, a la crisis de Honduras y su falta de petróleo; los más cercanos a los procesos internos explican lo sucedido por las rencillas de viejos compañeros de partido que se vieron traicionados cuando el presidente se volvió hacia el sur en busca de ayuda; incluso algunos ven en el golpe un reto a Obama, que no atina a tomar partido. 

micheletti-y-ariasTradicionalmente, Honduras ha sido un país aliado de los Estados Unidos y, de hecho, tiene bases militares en su territorio que sirvieron como plataformas para controlar las guerrillas de la región. En los últimos años, ha sufrido graves desastres naturales que han empobrecido más aún el país, hasta convertirlo en una de las economías que obliga a emigrar a más mano de obra. Por si fuera poco, la mayoría de la población mestiza y mulata es gobernada por una minoría blanca.

En medio de esta coyuntura, la Iglesia en todo el mundo espera con paciencia y esperanza la evolución de los acontecimientos en el pequeño país centroamericano, en la confianza de que las partes en litigio alcancen la paz y la búsqueda de una salida negociada. Así, Demétrio Valentini, obispo de Jales y presidente de Cáritas Brasil, ha manifestado su intenso deseo de que Honduras retorne a la legalidad y ha expresado su “solidaridad con todos los que quieren una Honduras democrática, libre de las consecuencias de golpes en contra del orden constitucional, deseando que, al mismo tiempo, estén firmes y unidos, y eviten a toda costa que la situación desemboque en violencia, que puede llevar a sacrificar inútilmente vidas humanas”. “Que se respete la democracia, que es respetar la voluntad del pueblo”, ha deseado el también obispo Pedro Casaldáliga.

Maradiaga: “No soy golpista”

Por su parte, el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, protagonista de unas polémicas declaraciones fechas atrás (VN, nº 2.668), se ha hecho presente en diversos medios españoles, italianos y de otros países para defenderse de los ataques de quienes le acusan de “golpista”. “No soy golpista. Yo soy el primero en rechazar el golpe de Estado”, aclaró en entrevista al diario La Vanguardia. Y, refiriéndose a Zelaya, agregó: “Para pacificar el país, sería más prudente y más patriótico que renunciara a regresar de inmediato. La polarización es muy grande, hay armas en manos civiles”.

También los dominicos de Centroamérica -por boca de su provincial, Alexis Páez Ovares, y del promotor de Justicia y Paz de la Provincia de San Vicente Ferrer, Carlos Flores– se han pronunciado “sobre el golpe de Estado en Honduras”. Tras un amplio análisis de los hechos a la luz del Magisterio de la Iglesia, el documento concluye: “Pedimos a todos los religiosos y miembros de la Familia Dominicana en Centroamérica que rechacen de manera categórica, sobre la base de los principios aquí expuestos, el golpe infligido a la institucionalidad democrática hondureña y pidan el apoyo nacional e internacional para la restauración de la misma en el más corto plazo”. E invitan a “colaborar con el esfuerzo de la sociedad civil y de los políticos de buena voluntad para evitar que el ejército de Honduras pueda volver a caer en acciones como las vividas en los últimos días”.

Una invitación recogida también por el citado documento de la CONFEREH, que propone “un verdadero diálogo entre los distintos sectores y organizaciones de la sociedad, donde se deje a un lado las posiciones apasionadas y de confrontación política e ideológica, que construya consensos de beneficio especialmente a las mayorías pobres, y haga posible una pronta solución del conflicto”. Para ello, se unen “a todas las personas y organizaciones que hacen esfuerzos por restituir una democracia que garantice la equidad, la participación y el bienestar de todos y todas en Honduras”. Un deseo que el papa Benedicto XVI recogió en sus oraciones al término del Angelus dominical, cuando pidió que “los responsables de las naciones y todos sus habitantes procuren pacientemente la vía del diálogo, de la comprensión recíproca y la reconciliación”.

promo@vidanueva.es 

En el nº 2.669 de Vida Nueva.

Actualizado
17/07/2009
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