Lino Panizza Richero: “La pobreza y la corrupción son el auténtico cáncer de Perú”

Secretario general de la Conferencia Episcopal Peruana

lino-panizza(Texto y fotos: José Luis Celada) De padre argentino y madre uruguaya, Lino M. Panizza Richero nació hace 65 años en Italia, aunque lleva más de 40 en Perú, donde ahora se desempeña como secretario general de la Conferencia Episcopal. Desde allí, y también como obispo de la superpoblada diócesis de Carabayllo, este capuchino “globalizado” observa preocupado la realidad de un país acosado por “el cáncer de la pobreza y la corrupción”. 

¿A qué desafíos se enfrenta hoy la Iglesia de su país?

La problemática y los desafíos de la Iglesia peruana son los de toda la Iglesia,  el vivo reflejo de un mundo globalizado, con los mismos temas que preocupan al primer mundo: la familia, una juventud desorientada, la fuerte crisis económica… Y desde el punto de vista religioso, sigue la preocupación por cómo hacer frente a las sectas, un problema que se resuelve llenando los vacíos existenciales, porque el pueblo latinoamericano, especialmente el peruano, es por naturaleza muy religioso, necesita de Dios.

¿Qué papel juega la fe en la sociedad peruana?

La Iglesia es todavía la institución de mayor credibilidad. Aunque en los últimos años aumentaron las sectas protestantes o evangélicas, el último censo sitúa en un 88% el número de católicos. Sin embargo, muchos se declaran católicos pero no están bautizados. De ahí la necesidad de copar esos vacíos y comprometernos a entrar en el estado de misión, que, con el impulso del Papa, nació en Aparecida. No realizar una misión que puede ser un fogonazo, sino que la Iglesia asuma el papel de Iglesia apostólica, que con su palabra y el testimonio de su vida haga a Cristo presente en medio del mundo.

¿Se nota también en Perú la ola de laicismo que padece Occidente?

Los problemas políticos, sociales, económicos son reflejo de lo que baja del norte al sur. La fe de un pueblo religioso como el peruano puede servir como freno, porque estas avalanchas de secularización, laicismo, egoísmo, son impulsadas por los medios de comunicación, que difunden una vida egoísta, encerrada en sí misma, en la que Dios ha sido reemplazado por el bienestar; una vida cuyo único valor es estar bien, gozar, disfrutar de la vida… Pero, además de los medios, a nivel de Gobierno, esto es impulsado por las transnacionales, que muchas veces condicionan los préstamos o las ayudas económicas, obligando a asumir o impulsar determinadas leyes (la píldora del día siguiente, el divorcio exprés, el matrimonio homosexual…).

¿Cómo es la relación de la Iglesia con el Gobierno de Alan García?

A nivel oficial, es buena, no es conflictiva. El mayor problema son las sectas, que se han metido en política y están promoviendo ciertas leyes. Por ejemplo, la Constitución establece la libertad de religión, y la Iglesia católica está de acuerdo, pero los evangélicos están impulsando una Ley de libertad religiosa que, sobre todo, va en contra de la Iglesia católica. Pero es un conflicto a nivel de pequeños grupos parlamentarios, no de Gobierno.

Compromiso católico

¿Podrían evitarse estas situaciones con un compromiso más activo del católico en política?

En Perú la mayoría de los políticos son católicos, pero nadie se moja, todos se lavan las manos. Faltan en la vida pública católicos con identidad clara, abierta, libre, que sepan quiénes son y qué tienen que hacer en sus diferentes ámbitos. Hay que impulsar una clase dirigente más comprometida, más valiente.

¿Por qué los políticos en América Latina van y vienen cíclicamente, a pesar de los reiterados fracasos y desilusiones del pueblo?

El voto que se da es emotivo, nace más del sentimiento que del razonamiento. Es un problema mundial: los políticos juegan más sobre el aspecto emotivo y sentimental que sobre programas de trabajo. Y en América Latina se acentúa más por la falta de formación cívica. 

¿Siguen siendo la pobreza y el respeto de los derechos humanos las asignaturas pendientes del país?

lino-panizza-2El auténtico cáncer de Perú es la pobreza, pero, más aún, la corrupción. La pobreza existe por situaciones inhumanas de vida y vivienda. En estos últimos años, Alan García ha hecho una gran esfuerzo por mejorar las infraestructuras ciudadanas y de vivienda. Se considera que un barrio es pobre cuando no hay agua, ni desagüe, ni luz. En este sentido, la pobreza ha disminuido, porque las condiciones de vida son mucho más humanas. Teniendo agua y desagües, hay mayor higiene y menos riesgo de enfermedades. Se ha bajado el nivel de pobreza del 54% hasta casi un 40%, y el crecimiento se ha situado en torno al 9%.

Pero el gran cáncer es la corrupción, a todos los niveles: desde la policía al poder judicial y al político. Vivimos en un mundo cuyo dios soy yo, mi mundo, y el resto no interesa. Y a quien no aprovecha la oportunidad se le considera un tonto. Así, todo se hace mucho más difícil.

A propósito de corrupción, de derechos humanos…, ¿cómo ha acogido la Iglesia la sentencia condenatoria contra el ex presidente Fujimori?

Como Iglesia no hemos tenido pronunciamiento, porque no nos toca. Personalmente, creo que el caso es más complejo de lo que aparenta. Aunque Fujimori no ha sido de mi gusto, tengo que reconocer que sus primeros cinco años han sido el mejor Gobierno en mis 40 años de vida peruana. Perú le debe la pacificación, haber sometido a Sendero Luminoso, haber reconstruido el país y haber puesto la base de la economía. Pero, quizás, estos logros le dieron una presunción tal que se desbandó y, en su segundo mandato, entró en el mundo de la corrupción, etc., con métodos que no fueron los más adecuados, y ha sido condenado a 25 años de cárcel. Él se defendió diciendo que “es el precio de la guerra”, pero no se puede matar indiscriminadamente por ello.

¿Está dando ya sus frutos en la Iglesia peruana el ‘espíritu de Aparecida’?

En mi diócesis, la mayoría estamos convencidos de que la misión no puede ser lo que entendemos tradicionalmente, un momento intenso de evangelización, sino que debe llegar a todos. Y para que  sea permanente tiene que producirse un cambio de estructuras, que debe ser consecuencia de un cambio de mentalidad de los sacerdotes, laicos, consagrados… Todo el mundo tiene que asumir que, por el Bautismo, es un misionero, un apóstol, que tiene que evangelizar.

¿Qué importancia tienen la catequesis y la lectura popular de la Biblia en esta nueva evangelización?

Se está trabajando, pero no se ha dado el paso significativo de una catequesis en función del sacramento, como era hasta ahora y sigue siendo, a una catequesis en función de la vida. Hay resistencias a nivel de pastores, de párrocos y del propio pueblo, que no entiende el valor de la formación, sino  sólo el del sacramento. Pero seguimos trabajando.

Políticas migratorias

Ya para acabar, el colectivo de inmigrantes peruanos es de los más numerosos en España. ¿Qué opina de la políticas migratorias de Occidente?

Mi familia ha sido una familia de emigrantes. Europa o el norte del mundo se olvidan de que han sido emigrantes, de sus orígenes, de lo que la emigración significó para sus familias. Sería bueno recordarlo, y decir que esos flujos migratorios son una doble riqueza: para el país al que van y para el país del que salen.

En mi diócesis he fundado una universidad porque desde Europa nos pedían enfermeros preparados. Aquel es un mundo de ancianos, que viven de sus pensiones, ¡y si nadie aporta a la caja de la jubilación…! Esta ola de sangre nueva es una riqueza y un factor de desarrollo.

En el nº 2.665 de Vida Nueva.

Actualizado
19/06/2009
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